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Message  Javier Lun 15 Mar 2021, 6:48 am

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"Tratado de la Eterna Sabiduría"


CAPITULO I - Descúbrese la Eterna Sabiduría


Discípulo - ¡Oh, mi Dios, que sois la dulzura misma!; Vos sabéis que desde mis años primeros siento en mi corazón un deseo, una sed de amar muy grande, sin que pueda adivinar su causa.

Hace mucho tiempo que mi corazón suspira por un
bien que no puede descubrir ni alcanzar; y ahora mismo
siento en mí que deseo, que amo, y que no sé qué es lo
que deseo ni lo que amo. Debe ser algo muy grande lo
que con tal vehemencia atrae mi corazón; y desde luego,
comprendo que no podré vivir tranquilo mientras no llegue a conseguirlo.

En los días de mi infancia fijé mi afecto en las criaturas, pensando encontrar en ellas alguna satisfacción; pero
me equivoqué. Cuanto más me pegaba a ellas, tanto más se alejaba de mi corazón el bien ansiado; y todas las
criaturas que me habían seducido me decían a coro: Nosotras no somos el bien que tú buscas: si quieres encontrarlo,
tienes que buscarlo en otra parte.

Y ahora más que nunca, quiero el bien que deseo. Sé
lo que no es; pero ignoro lo que es. Decidme, pues, ¡oh
Dios omnipotente!, qué es lo que con tanta fuerza me encanta, me atrae y me cautiva.


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Message  Javier Mar 16 Mar 2021, 5:54 am

La Sabiduría - ¡No le conoces!, y sin embargo él te ha movido siempre dulcemente, te ha refrenado en tus desvaríos, te ha iluminado y te ha llevado al punto de desprenderte de todas las cosas criadas y unirte a él con los lazos del amor.

Discíp- ¿Qué tiene de extraño que no lo conozca, si
nunca lo he visto, ni jamás he tenido la dicha de encontrarme con él?

Sabid- Tú tienes la culpa de haber vivido en esta ignorancia. Por familiarizarte con las criaturas, te has vuelto remiso y negligente en averiguar lo que debías saber. Abre ahora los ojos del alma, y mírame: Yo soy. Yo soy el Bien supremo, Dios, la Verdad, la Sabiduría Eterna. Yo soy el que te ha elegido por amor desde mi eternidad, y el que ahora te llama como predestinado que has sido por mi Providencia.

Discíp - ¡Oh!; ¿sois Vos, dulcísima Sabiduría, sois Vos
el bien, el bien que he buscado tanto tiempo, el bien a
quien día y noche llamaba yo con suspiros y lágrimas?
¿Por qué habéis retardado tanto la gran merced de vuestra luz?;
¿por qué no os habéis manifestado antes a mi corazón?
¡Oh, cuántos caminos ásperos y dificultosos he andado sin encontraros!

Sabid- Si me hubiese mostrado a ti desde el principio, no hubieras gustado ni comprendido mi bondad,
como ahora puedes gustarla y comprenderla; porque el
deseo es el principio de la alegría, y nadie puede llegar
a conseguir mis luces sino después de grandes y penosos esfuerzos.


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Message  Javier Mer 17 Mar 2021, 7:08 am

Discíp- ¡Oh Bondad inmensa!; ¡con cuánta ternura
me habéis siempre tratado! Cuando yo era nada, Vos me
criasteis; cuando os abandono, me buscáis; cuando huyo,
me detenéis y me atáis con vuestro amor. ¡Qué feliz sería
si pudiera multiplicar mi corazón para poder amaros cien
mil veces más de lo que os amo, para poder alabaros sin
cesar! ¡Qué dichosa es el alma a quien miráis con misericordia,
a quien de tal modo ganáis con vuestro amor que
no pueda más encontrar descanso sino en Vos!

Ya que Vos sois la Sabiduría eterna a quien amo y a
quien adoro, no despreciéis a vuestra criatura;
compadeceos más bien de este pobre corazón, helado y yerto por
las vanidades del mundo. Sacadlo de sus lazos y de sus
tinieblas, iluminadlo, y otorgadme la gracia de poder
acercarme a Vos.

¿Será posible amarnos y no decirnos nada?
Ya lo sabéis; mi corazón no descansa más que pensando en Vos,
y suspirando por vuestra presencia. El verdadero amante no
desea otra cosa que gozar de la presencia del amado:
y si queréis que a Vos solamente ame, y que os ame
cada vez más, es preciso que se me os mostréis con una
luz más viva, y que me concedáis un conocimiento todavía mayor de vuestra Bondad.


Sabid.-Cuando las criaturas se apartan de Dios,
naturalmente, y como por un plano inclinado, descienden de
las criaturas superiores a las inferiores; y cuando quieren
volver a su principio han de hacer lo contrario, han de ir
de las más bajas a las más elevadas. Si tú quieres conocer
y contemplar mi divinidad, has de empezar por conocerme
y amarme en los sufrimientos y tormentos de mi humanidad atribulada.
Este es para ti el camino más breve de la bienaventuranza.


Discíp- ¡Gracias, Señor! Por el amor que os hizo bajar
a este destierro, dejando el trono de vuestro Padre;
por el amor que os puso en las angustias de una muerte
horrible, mostrad a mi alma las formas admirables de
que vuestro amor quiso revestirse en el árbol sangriento
de la Cruz.


Sabid.- Cuanto tuvo de fuerte el amor que me venció,
tanto tuvo de afrentosa la muerte que padecí; y el uno y
la otra son la justa medida de lo que me deben amar las
almas rectas y puras. La intensidad y el poder de mi
amor resplandecen más que nada en los horrores de mi
Pasión. El sol se conoce por sus resplandores, las rosas
por su perfume, el fuego por el calor.

Atiende, pues, y escucha con qué amor y con qué angustias he sufrido por amor de ti.


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Message  Javier Jeu 18 Mar 2021, 6:01 am

CAPITULO II - A la Divinidad por la Humanidad


La Sabiduría. Medita mi Pasión, hijo mío, para que
puedas grabar bien en tu corazón los crueles tormentos
que padecí.

Ya sabes que después de la cena última, en el Huerto
de los Olivos, acepté de mano de mi Padre y por obedecerle,
la más horrorosa de todas las muertes. Aquella
Cruz que me esperaba, ponía tal espanto en mi corazón,
que por todos mis miembros llegó a correr un sudor de
sangre. Fui preso, maniatado, arrastrado a la ciudad,
cubierto de golpes y salivazos, injuriado, calumniado,
juzgado merecedor de la muerte, y llevado a casa de Pilato,
ante quien me conduje como un cordero mansísimo en
medio de lobos hambrientos.

Acuérdate de aquella vestidura blanca que por burla
Herodes mandó poner sobre mí, mira mis carnes azotadas,
mi cabeza coronada de espinas, y aquel madero de
infamia bajo el cual salí de Jerusalén mientras el pueblo
gritaba: ¡Crucifícalo, crucifícalo!

Haz que tu alma me contemple en esta figura, tan hu-
millado, tan despreciado, y en concepto de todos como
un impío, como un miserable digno de la muerte más
cruel.


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Message  Javier Ven 19 Mar 2021, 7:20 am

Discípulo - ¡Oh, Jesús mío!; si tan afrentosa fue vuestra Pasión en sus principios, ¿qué sería en su remate? Si
yo viese a un pobre animal tratado de esta suerte, no podría sufrirlo: ¡Oh!, ¡y cuánto más debe despedazarse mi
alma al contemplar el espectáculo de vuestra Pasión!

Pero, ¿por qué, Sabiduría eterna, me presentáis las
angustias de vuestra humanidad, cuando lo que yo deseo
contemplar son más bien los gozos y gloria de vuestra divinidad?
Tengo sed de vuestras dulzuras inefables, y me
ofrecéis vuestras inefables amarguras. ¿Qué pretendéis
con esto? Suspiro por la leche de vuestras ternuras, y
Vos me ponéis en la línea de combate. Dad de una vez la
señal para que empiecen las heridas y los dolores.


Sabid- Sólo por la amargura se puede llegar a las dulzuras
y por las humillaciones de mi humanidad, a las
grandezas de mi divinidad. Todo el que pretenda elevarse
sin el auxilio de mi sangre, caerá miserablemente en las
tinieblas de la ignorancia. Mi humanidad derramando
sangre es la puerta luminosa por donde se llega a donde
tú deseas. Despójate, pues, de la flaqueza de tu corazón, y
toma las armas para venir a mis filas, junto a mí; porque
no está bien que el esclavo viva regalado, mientras el señor
combate valientemente rodeado de espadas enemigas.

Sígueme y no temas. Te investiré de mi armadura, y
serás participante de mis fatigas y de mis heridas. Haz
que tu alma sea valiente y generosa, pensando que para
subordinar la naturaleza al yugo de la perfección, deberás
sufrir en tu corazón muchas cruces y muchas muertes.

Haré que sientas vivamente mis sudores del huerto de
Getsemaní, y tu jardín, producirá flores rojas y sanguinosas.
No faltará quien te saque de tu apacible retiro, quien
te insulte y eche sobre ti todas las intrigas de los perversos.
Tus enemigos te vejarán con calumnias ocultas, y la
confusión pública vendrá sobre ti. Sobre ti se cebarán
también los juicios temerarios, sobresaliendo entre los
detractores de tu vida santa precisamente tus parientes y
personas más allegadas. Las malas lenguas serán tus azotes,
y los desprecios tu corona, para que así puedas sufrir
con amor en tu corazón los tormentos de mi Pasión.
Emprenderás conmigo el camino del Calvario, y conmigo,
finalmente, caerás bajo el peso de la Cruz, luego que hayas
renunciado a tu voluntad propia, cuando te hayas apartado
por entero de ti mismo, y vivas desembarazado y libre
de todo lo terreno, como aquel que está a punto de morir,
que al serle cortada la vida, la es también cortado para
siempre todo comercio con el mundo.


Discíp.- ¡Qué duro es todo esto, Jesús mío, y qué caminos más dificultosos son los que me proponéis! El espanto invade mi alma, todos los miembros de mi cuerpo tiemblan de pavor. Nunca pude creer que tendré valor para sufrir todos estos trabajos.


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Message  Javier Sam 20 Mar 2021, 4:56 am

CAPITULO III - El porqué de la Encarnación y de la Pasión


Discípulo.- Me permitiréis, Señor, una pregunta. ¿No
hubierais podido encontrar, ¡oh Sabiduría Eterna!, otro
plan que fuese más llevadero y más dulce para Vos y para
mí? ¿Por qué no habéis adoptado otro procedimiento
para salvarme y demostrarme vuestro amor, sin condenaros
Vos mismo al sufrimiento, y sin obligarme a mí a
haceros compañía en él?


Sabid.- Ni tú ni ninguna criatura sois capaces de pe-
netrar el abismo insondable de los designios de mi Providencia
sobre el gobierno del mundo. De mil maneras distintas pude
salvar al género humano; pero dado como estaban las cosas,
no era posible dar con otro medio que fuese más conveniente y provechoso.
El autor de la naturaleza no tanto repara en lo que puede hacer, cuanto en
lo que conviene hacer; y cuanto ha hecho más es para satisfacer las necesidades
de sus criaturas que para hacer ostentación de su omnipotencia. ¿De qué otra manera
podrían conocer mejor los hombres los secretos de Dios,
que viéndome a mí vestido de su humanidad?


El hombre se había privado de la eterna ventura por
dejarse ir tras un amor desordenado, y en este estado le
era de todo punto imposible volver al principio de toda
felicidad, a no ser por el camino del dolor y del sufrimiento.
Y ¿cómo había de dar con este camino desconocido y dificultoso,
si Dios en persona no iba delante de él
para guiarle sus pasos?


Imagínate que estando tú condenado a muerte, un
amigo se ofrece a sufrir la sentencia y morir por ti. Dirías:
en verdad que este mi amigo no ha podido darme muestra mayor de la sinceridad y grandeza de su amistad, y
no encuentro de qué otra manera hubiera podido merecer mejor el cariño de mi alma


Esto, pues, es lo que ha hecho mi amor infinito, mi
misericordia infinita, mi divinidad, mi humanidad, mi
amor para contigo; y todo por ver de llamarte, por atraerte,
para llegar a convencerte de que debes amarme como
yo te he amado. ¿Qué corazón habrá tan de piedra que
se resista a semejante amor?


No tienes más que pensar y ver si en toda la creación
pude yo encontrar otro modo más magnífico de satisfacer
a la divina Justicia, de hacer alarde de mi misericordia,
ensalzar la naturaleza y mostrarte a ti los tesoros de mi
bondad. No lo encontrarás, porque nada mejor para re-
conciliar la tierra con el cielo, que la sabiduría de la
Cruz y los tormentos de mi muerte.


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Message  Javier Dim 21 Mar 2021, 2:07 pm

Discíp- ¡Oh Sabiduría Eterna!; ahora se abren mis
ojos, y empiezo a ver los destellos de vuestra Verdad.
Comprendo que vuestra Pasión y vuestra muerte son las
más elocuentes demostraciones de vuestro amor; pero,
¡Jesús mío!, a un cuerpo tan flaco y endeble como el mío
creo que le será muy difícil seguiros hasta el Calvario.


Sabid- No temas desfallecer en este camino de mi
Cruz, pues todo, la Cruz misma, se hace tan fácil, tan ligera,
tan llevadera, a los que de verdad aman a Dios con
todo su corazón, que ni les ocurre siquiera pronunciar
una queja o prorrumpir en lamentos. Nadie en este mundo
disfruta de más consuelos que aquellos que me ayudan a
llevar la Cruz, pues todas mis dulzuras se derraman
abundantes sobre el alma que bebe hasta las heces
el cáliz de mis amarguras. Si bien la corteza es muy amarga,
el fruto es de exquisita suavidad y dulzura; y toda
pena parece pequeña teniendo ante los ojos la recompensa a que conduce.

Ármate, pues, de luces, piensa en mis promesas, y de
cuando en cuando levanta los ojos y mira tu corona.
Sígueme con confianza, que quien conmigo comienza esta
lucha ya casi tiene la victoria al alcance de sus manos.


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Message  Javier Lun 22 Mar 2021, 5:49 am

CAPITULO IV - Jesús quiere ser imitado en sus sufrimientos


Discípulo- Os doy gracias, Jesús dulcísimo, porque
me habéis consolado y animado con vuestras palabras.
Paréceme que con vuestra ayuda, y yendo siempre en
vuestra compañía, todo lo podré, aún los mayores dolores.
Continuad, pues, enseñándome los tesoros de vuestra Pasión.


Sabid- Estaba yo clavado en el árbol de la Cruz,
sobre el cual me había puesto el amor, con todo mi cuerpo
maltratado y desfigurado, perdida toda mi hermosura, los
ojos sangrientos y lívidos, los oídos taponados de injurias
y blasfemias, el olfato atormentado por inmundos olores,
el paladar anegado de amargura, y toda mi delicadísima
carne cubierta de llagas afrentosas y horribles.

En vano buscaba un alivio que no podría encontrar en
todo el mundo. Mi cabeza, agravada por el dolor,
colgaba sobre mi pecho; mi cuello estaba plagado de heridas;
mi rostro cubierto de salivas; todo mi ser revestido de
una horrible palidez de muerte; y tal había quedado toda
la majestad de mi cuerpo, que no parecía sino un leproso
desgraciado. ¡Y con todo, Yo era la Sabiduría Eterna, más
hermosa que el sol que alumbra el universo!!!


Discíp - ¡Oh espejo resplandeciente de todas las gracias,
en cuyo rostro desean mirarse los ángeles del cielo!;
¡oh Verbo de la Luz, delicia del paraíso y gloria de los
cielos! ¡Ah...! si hubiera yo podido en aquellos momentos
tener reclinada sobre mi pecho aquella cara tan amable,
tan pálida, tan ensangrentada, tan desfigurada...,
la hubiera lavado con lágrimas de mi corazón, y mi alma se
hubiera desahogado con aquellos gemidos. ¡Ay...!, ¿por qué
no tendré yo todo el llanto y todas las lágrimas de todos
los santos?


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Message  Javier Mar 23 Mar 2021, 5:39 am

Sabid- El mejor modo de compartir mis dolores
consiste en que los grabes por medio de actos en tu alma y en
tu cuerpo. Prefiero el desprendimiento de todo lo terreno,
el estudio e imitación de mis ejemplos, la transformación
de una alma que imita mi Pasión, más que todos los gemidos
del mundo juntos, y más que todas las lágrimas de
todos los hombres, aunque sumasen más que todas las gotas
de lluvia que han caído del cielo. Y esto porque yo
quise sufrir, sobre todo, para ser después imitado e imprimir
en mis escogidos la imagen dolorosa que tuve sobre la Cruz.

Sin embargo, no puedo en manera alguna rechazar
las lágrimas que nacen de una compasión santa.


Discíp- En adelante, Señor, me dedicaré a imitar
vuestra vida y vuestra Pasión, más bien que a llorarla y
lamentarla. Pero necesito que me enseñéis, Sabiduría
Eterna, cómo he de asemejarme a Vos en los sufrimientos.


Sabid- Empieza por rechazar todo placer y toda
satisfacción del sentido; evita la curiosidad de la vista y del
oído, haz siempre aquello por que sientas más repugnancia,
que mi amor te lo hará dulce y agradable. No concedas a tu
cuerpo blandura ni satisfacción alguna; no busques el placer
ni el descanso sino en mí; sufre con mansedumbre y humildad
los defectos de tus prójimos; ama a quien te desprecia;
ten a raya todos tus apetitos; pisotea y mata todos tus deseos.

Estas son las primeras lecciones que se reciben en la
escuela de la Sabiduría, lecciones que se encuentran y
se leen en el gran libro, siempre abierto, de mi cuerpo
crucificado.

Y luego que hayas llegado a cumplir todo esto, aun
entonces mira si eres conmigo lo que yo soy para ti,
y todavía encontrarás que nos separa una diferencia infinita.


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Message  Javier Mer 24 Mar 2021, 7:31 am

Discíp - Es muy verdad, Señor, cuanto decís. Pero yo
soy muy insensible a vuestros dolores, y tan olvidadizo
de los tesoros y bondades de vuestra Pasión, que os
suplico me expliquéis todavía más vuestro amor, para que
nunca jamás deje de amaros, glorificaros e imitaros.


Sabid- Si quieres comprender mi amor, piensa la
constancia con que padecí. Sabes que lo que más avalora
un beneficio es el afecto del corazón que lo hace. Pues
mira; no solamente sufrí por vosotros, sino que, por un
exceso de amor, quise sufrir cuanto era posible. Quise
poder hablar a los hombres de esta manera: «Ved si en
todo el universo encontráis un corazón tan amoroso
como el mío.» Quise que todos los miembros de mi cuerpo
fuesen heridos, rasgados, destrozados, como destrozado
estaba mi corazón, para que nada hubiese en Mí que
no padeciese por vosotros, y todo contribuyese a
demostraros las infinitas ternuras de mi amor.


Discíp - ¡Jesús mío dulcísimo!; ¡Qué deseos, qué ansias
más ardientes de padecer!; ¡qué inmensa caridad! Y ¿no
hubierais podido rescatar al hombre y salvar su alma sin
necesidad de llegar a estos excesos de amor? ¿No hubierais
podido elegir otros sufrimientos más llevaderos y otras
demostraciones de vuestro amor no tan deslumbradoras?


Sabid- Acuérdate que soy Dios, y que mi amor no
puede dejar de ser infinito. Ni el enfermo consumido por
la sed de la fiebre apetece la bebida refrescante, ni el
moribundo desea continuar en la vida con más ansia, de la
que yo he deseado salvar a los pecadores y hacer patente
a todas las almas el amor con que las he amado, y cómo
merezco de ellas ser amado. Más fácil sería que se tornasen
los días ya pasados, o que recobrasen su hermosura
las flores ya marchitas y secas, que medir la profundidad
de mi amor para contigo y para con todos los hombres.

Repara bien, y verás cómo no hay una sola parte de
mi cuerpo que no tenga su propio dolor, o que no lleve
en sí el estigma del amor. Mis pies y manos atravesados
por clavos, mis piernas rendidas de cansancio, todos mis
miembros inmóviles, extendidos sobre la cruz. Mis espaldas,
rasgadas por las heridas de los azotes, no tenían más
apoyo que un madero duro y nudoso; todo mi cuerpo,
doblado sobre sí mismo, inclinándose hacia la tierra,
sobre la que se encharcaba la sangre de mis venas que caía
en abundancia.

Mi vida y mi juventud se desvanecían y se me iban
por todas mis heridas, y con todo, mi alma estaba con
tranquilidad suma, y mi corazón saltaba de gozo, porque
sufría todo esto por ti.


Discíp - ¡Oh dolor inefable!, ¡amor admirable, incomprensible! Jesús mío, ¿cuándo podré amaros cuanto debo
y cuanto deseo?


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Message  Javier Jeu 25 Mar 2021, 5:15 am

CAPITULO V - El llanto del alma


Entra dentro de ti, alma mía, echa lejos de ti todas las
cosas exteriores, y recógete en el secreto de tu corazón.
Todos tus esfuerzos serán pocos para sufrir este dolor inmenso
y para sondear el abismo de miserias en que has
caído.


Broten de mi pecho, arroyado en lágrimas, gritos y lamentos aterradores que repercutan a través de los valles
hondos, de las montañas gigantes, de las aguas inmensas,
y no se detengan hasta llegar al cielo y a oídos de todos
los santos del paraíso. Sí; exclamaré; ¡oh, vosotros los que
sois del todo insensibles, ojalá pudiera yo enterneceros
con los gemidos de mi corazón, con las ondas de mis lágrimas!, ¡ojalá pudiera haceros sentir algo de mi dolor,
mostrándoos las penas que me despedazan y me consumen!


¡Desventurado de mí! El Padre celestial creó mi alma
superior a todas las cosas sensibles, la adornó con sus más
ricos dones, la escogió por esposa querida..., y yo me he
huido de El y lo he perdido. ¡Padre mío!, ¡amor mío! ¡Ay,
ay, desgraciado de mí! ¿Qué he hecho?, ¿qué es lo que me
he perdido? Perdiéndoos a Vos me he perdido a mí mismo, he perdido la amistad de los ángeles del cielo, se ha
desvanecido como el humo toda mi felicidad, mi alma ha
quedado sola y desnuda de todo bien.


Todos los que me hacían alarde de su amistad me han
engañado indignamente y se han convertido para mí en
verdaderos verdugos, y me han arrebatado todo mi tesoro,
al despojarme de la gracia y amistad de mi único y verdadero amigo.
¿No tengo sobrado motivo para llorar?
¿Dónde podré encontrar consuelo para mi dolor? Todas
las criaturas me han abandonado, y yo me he apartado de
mi Dios y Señor. ¡Oh día triste el día de mi caída!


¡Oh, vosotras, rosas de amor, lirios de pureza!; oíd mi
llanto, y al contemplar mi hermosura marchita y estéril,
entender cuan presto se marchitan las flores sobre las
que el mundo ha puesto su mano.


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Message  Javier Ven 26 Mar 2021, 5:47 am

En adelante, mi vida será una muerte continua, mi alegría una continua tristeza, mi juventud un eterno languidecer..., y con todo, mis dolores nunca serán proporcionados a la gravedad de mi culpa. ¡Oh!, sí: el mayor de
mis tormentos, el verdadero infierno de mi pobre corazón, será el haber ofendido a Dios. ¡Ay, ay, desgraciado
de mí!, que he podido despreciar vuestras gracias y olvidaros, Dios mío; yo, a quien habéis advertido a tiempo
con tal dulzura, a quien con tal familiaridad habéis tratado!


¡Oh dureza del corazón humano, que tales pecados es
capaz de cometer!; ¡oh corazón más duro que el bronce,
que no te quiebras de dolor! En otros tiempos más felices,
mi alma era la esposa amada del Rey de la Gloria; ahora
no merece ser su vil esclava. ¡Ay!, temo levantar mis ojos
al cielo; mi lengua enmudece en presencia de mi Dios.


El mundo me pesa y me molesta; deseara estar más
bien en un bosque espesísimo, donde ni los pasos ni las
miradas del hombre pudieran penetrar, y allí descansaría
mi corazón deshaciéndose en gritos y lamentos. Sí, en lamentos,
porque el llanto es mi único consuelo. ¡Oh pecado, pecado!, ¡a qué estado de miseria me has reducido!
¡Maldito sea quien te sirve, oh mundo engañador! A mí
ya me has dado lo que me debías, el precio de mi esclavitud; ya todo el mundo me aborrece, y hasta yo desearía
huir de mí mismo.


¡Almas que todavía estáis enriquecidas con los dones
de vuestro real Esposo!, ¡almas puras y santas que sabéis
huir a tiempo del pecado y conservar vuestra primera
inocencia!, vosotras sois dichosas, sumamente dichosas; y
si no conocéis vuestra felicidad, es porque la conciencia
pura y limpia no puede sentir nunca las angustias que
matan a un corazón manchado por el pecado. Yo, en
cambio, lloro amargamente, y mis gemidos no tienen
consuelo. ¡Qué delicias experimenté cuando estaba con
Vos, Jesús mío, Jesús amadísimo!; ¡qué contento estaba
entonces y qué tranquilo!; y con todo, no conocía mi propia felicidad.


Ahora, ¡oh, si pudiese declarar toda la intensidad de
mi dolor!, ¡quién tuviera el poderío de la inmensidad de
los cielos, de las aguas de la mar, de todas las plantas y
seres de la tierra, para expresar por ellas los sufrimientos de mi pobre corazón, y las desgracias irreparables
que me acarrea el haber ofendido al Esposo amantísimo
de mi alma! ¿Por qué nací yo a esta vida?; ¿qué me queda
ya que esperar sino los abismos de una eterna desesperación?


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Message  Javier Sam 27 Mar 2021, 8:20 am

CAPITULO VI - Los consuelos de la Sabiduría


La Sabiduría - No hay para qué desesperarte. Yo vine
al mundo porque te amo, para reconciliarte con el Padre,
y para concederte una gloria aun más estimable que la
inocencia cuya pérdida lloras.


Discípulo- ¿Qué voz es esta que tan dulcemente habla a mi corazón, y consuela mi alma desterrada del cielo
y de la tierra?


Sabid- ¿No me conoces? ¿Por qué te abates de esa
manera? Ya veo, hijo mío muy querido, que te ciega el
exceso del dolor; pero, ¿no sabes que yo soy la Sabiduría
del Padre, llena de ternuras y de bondad? Sí, mira: yo
soy un abismo de misericordia tan grande, que ni los mis-,
mos santos lo pueden comprender, y que está siempre
abierto para recibir a todos los corazones humillados y
contritos.


Yo sufrí por ti la pobreza, el destierro, la muerte de
cruz. Todavía me puedes ver pálido, chorreando sangre,
lleno del mismo amor que me interpuso entre tu alma y
los justos castigos de mi Padre. Soy tuyo, soy tu hermano,
tu esposo. He olvidado tus ofensas como si nunca me las
hubieras hecho. Date a mí, y en adelante procura no separarte
jamás del cumplimiento de mi voluntad.


Levanta la cabeza, mírame lleno de valor, y purifícate
en mi sangre. En prenda de nuestra reconciliación, toma
este anillo, este vestido; este calzado; gocémonos ahora,
porque tu alma ha de ser mi esposa muy amada. Me ha
cautivado tu dolor, y no he podido resistir a tus gemidos.
¡Siento tanta compasión por los corazones entristecidos...!
Si el universo entero ardiese en vivas llamas, su fuego no
abrasaría un simple puñado de paja con más ímpetu que
el que mueve a mi insaciable misericordia a recibir a un
alma penitente.


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Message  Javier Sam 03 Avr 2021, 3:55 am

Discíp.- ¡Oh Padre de misericordia, mi dulce hermano, mi amable esposo, única alegría de mi corazón!; ¿de
modo que habéis querido escucharme y concederme el
perdón, a pesar de mis ruindades y de mi ingratitud?
¡Qué favor, qué clemencia, qué misericordia más grande!
Os adoro, os bendigo, os doy infinitas gracias, me postro
a vuestros pies..., y os ofrezco a vuestro Hijo Unigénito,
que por mí expiró en una cruz: sea El el iris de paz que
os haga olvidar todas mis iniquidades.

Ahora vuelvo a nacer en los brazos de Jesús crucificado; me sumerjo en sus llagas, uno mi alma a su alma,
mi corazón a su corazón, para que nunca, ni en vida ni
en muerte, pueda separarme más de sus tiernos abrazos.
En adelante, antes morir, antes el purgatorio, antes el infierno, que ofender a mi Señor y mi Redentor. ¡Que no
pueda yo hacer llegar hasta el cielo gemidos tan hondos
que me rompan el corazón!

Quisiera morirme en un exceso de dolor, porque
cuanto ha sido mayor vuestra bondad en perdonarme mis
pecados, tanto más cruelmente me atormenta el haberos
ofendido y haber sido tan ingrato a vuestra infinita misericordia.

¿Cómo he de agradeceros, ¡oh Sabiduría Eterna, mi
dulzura, mi consuelo!, el que me hayáis cerrado con vuestras propias llagas las llagas mías que ninguna criatura del
mundo podía remediar? Enseñadme ahora cómo he de
llevar en mi cuerpo el estigma de vuestro amor, para que
el mundo entero, los ángeles y los santos sepan de una
vez que no soy del todo insensible a la caridad infinita
con que habéis atendido a este desgraciado desposeído de
toda esperanza.


Sabid- Si es que estás conmigo espiritualmente crucificado, llevarás en tu cuerpo los estigmas de mi amor
Hazme entrega generosa de todo tu ser y de todo cuanto
te pertenece, y esto para no reclamarlo jamás.
No tengas más que lo estrictamente necesario, y de
este modo tus manos estarán ya clavadas en la cruz.
Afianza en mí, y sólo en mí, tu alma inconstante, tu
corazón voluble, tus pensamientos inciertos, y entonces
también tu pie derecho estará crucificado.
Cuida de que no se debiliten con el tiempo las energías de tu alma ni las energías de tu cuerpo, para que
nunca caigas en la negligencia y el abandono, y entonces
tus brazos, como los míos, estarán extendidos en la Cruz
siempre dispuestos a cumplir mi voluntad.
Rinde a tu cuerpo en los ejercicios y prácticas espirituales en obsequio del desfallecimiento de mis piernas, y
no le permitas jamás satisfacer sus apetitos.
Los disgustos, las tentaciones, las penalidades que con
frecuencia te asaltarán y te agobiarán, serán precisamente
las que más te han de unir conmigo, con los abrazos de la
Pasión, y por amor mío llevarás sobre ti la imagen de mis
dolores.
Tu privación de todo consuelo, y tus luchas contra la
naturaleza, me devolverán mis energías primeras.
Tu cuerpo será un lecho blando, para que en él descansen mis miembros fatigados.
Tu aversión al pecado será la alegría de mi alma; tus
ternuras endulzarán mis sufrimientos, y tu fervor acrecentará más y más el amor mío.


Discíp - Espero de Vos estos favores, ¡oh Eterna Sabiduría!, y pongo a vuestro servicio mi voluntad con todo
lo que ella es. Ahora comprendo cuan fácil es serviros, y
cómo es ligero el yugo de vuestra obediencia. Esto lo saben mejor que nadie los que han tenido la desgracia de
llevar el yugo aplastante de la iniquidad.


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Message  Javier Mar 06 Avr 2021, 6:00 am

CAPITULO VII - De la tibieza espiritual


Discípulo - ¡Oh, dulcísimo Señor!, ¡qué feliz soy cuando vivo en vuestra compañía, y qué desgraciado cuando
de Vos me aparto y convivo con las criaturas, aunque no
sea más que por unos instantes!


Soy como un pequeño cervato que ha perdido a su
madre, y al verse acosado por los cazadores huye presuroso, temblando de miedo, y no cesa en su carrera hasta
que llega al lugar seguro y secreto que le vio nacer. Así
yo huyo precipitadamente, y corro hacia Vos, y suspiro
con gran ardor por las aguas vivas en que Vos regaláis.
Una sola hora lejos de Vos me parece un año; un día sin
poder disfrutar de vuestra dulce intimidad, me parecería
una eternidad; porque Vos, Jesús mío, sois para mí una
sombra hermosa y agradable, un árbol florido, un rosal
cargado de rosas deliciosísimas.


¡Oh Jesús!, extended hacia mi las ramas de vuestra divinidad y de vuestra humanidad. Vuestro rostro, Señor,
es un destello de gracias, vuestra boca tiene palabras de
vida, vuestro trato es un espejo de perfección, de humildad, de mansedumbre... ¡Dichosa contemplación la de los
santos!, dichoso aquel a quien favorezcáis con vuestras
ternuras!


La Sabiduría. - ¡Ay...! Son muchos los llamados, pero
son pocos los escogidos.


Discíp.- ¿Es que los desecháis Vos, Señor, o son ellos
los que por sí mismos os abandonan?


Sabid- Fíjate en esta visión que voy a presentarte, y
repara bien en su significado.


Mira: ahí tienes una ciudad antigua, toda fortificada,
que está desmoronándose y convirtiéndose en un montón
de ruinas. Sus torres se tambalean, y al fin se desploman;
las casas se hunden. Sus moradores, en inmensa multitud,
agitándose sin cesar, más bien parecen bestias que hombres. Pero ve ahí ese peregrino venerable, que avanza
apoyado en su bastón. Es pobre, extranjero, está rendido
de cansancio. Ahora pide una limosna, y busca quien le
dé comida y albergue, y no encuentra por ninguna parte
más que repulsas groseras e inhumanas. Ya se queja al
cielo diciendo: ¡Oh cielos, oh tierra!, enmudeced de compasión y llorad conmigo, pues me veo tratado de este
modo y rechazado por este pueblo por cuya salvación
tanto y con tan grande amor he sufrido.


Esta ciudad es la vida cristiana en otro tiempo tan
pura, tan santa, tan floreciente, y ahora casi del todo decaída y hecha una perdición. Los fosos y murallas son las
fortificaciones de la obediencia, pobreza y castidad, las
cuales están resquebrajadas y ruinosas, sin que nos quede de ellas más que un vestigio en algunas ceremonias,
usos, y algunos actos exteriores. Sus moradores son despreciables; son cristianos, que con apariencia de santidad,
tienen el corazón pegado al mundo y a las cosas temporales. El peregrino venerable soy yo, que llego apoyado en
el bastón de mi Cruz; y donde antes era muy estimado y
honrado, ahora me desprecian y me insultan por todas
partes. Y la voz de mi Pasión se levanta al cielo contra
estos hombres olvidados de su vocación, tibios y relajados; pero no puedo conseguir nada, aun a costa de mi dolorosa muerte y de mi infinita caridad.


Hay algunos, sin embargo, que viven santamente; y a
éstos los consuelo en vida, y en su muerte los recibo en
mi seno, los ensalzo y los glorifico en presencia de todos
los ángeles del paraíso.


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Message  Javier Mer 07 Avr 2021, 10:48 am

CAPITULO VIII - Dios o las criaturas

Discípulo- ¡Señor!, estoy desconcertado desde que
pienso cómo, siendo Vos tan digno de ser amado, los
hombres no se acuerdan, o huyen de Vos, y os desprecian, después de haberles concedido tantos beneficios. Y
aun entre los que parecen amaros, ¿cuántos hay que no os
aman de verdad, porque pretenden hermanar vuestro servicio con su amor culpable a las criaturas?


La Sabiduría- Esos edifican en el vacío, o sobre el
viento, porque tan imposible es amarme a mí amando a las
criaturas, como encerrar en una pequeña vasija toda la inmensidad de los cielos. ¿Cómo mezclar lo perecedero con
lo que siempre dura? ¿No sería una locura el querer alojar
al Rey de reyes en un mezquino hospedaje de pobres mendigos, o en la mísera choza de un esclavo? Quien desee alojar en su corazón a huésped tan excelso, lo primero que ha
de hacer es despedir de él todo amor a las criaturas.


Discíp - ¡Ay, qué equivocados andan los desgraciados
que no quieren entender la verdad de lo que acabáis de
decir!


Sabid- Sumidos en una profundísima obscuridad, los
pobres sudan y luchan lo indecible para conseguir los
placeres del mundo, los cuales no siempre pueden lograr,
y nunca pueden gozarlos según la medida de sus deseos.
Antes de llegar a satisfacer una sola vez sus malas inclinaciones, salen a su paso gran número de contrariedades,
con las que tienen que sufrir. Su corazón, apartado de
Dios y puesto contra El, necesariamente tiene que ser víctima de continuas pesadumbres; pues aun sus más insignificantes alegrías van siempre mezcladas de mil contratiempos y llenas de amargura.


El mundo es engañoso, infiel, traidor. Cuando hace
nacer una esperanza en el corazón, es para destruirla en
seguida; y por eso nunca un alma ha podido ni podrá encontrar en las criaturas una alegría del todo pura, un
amor verdadero, una paz inalterable que llegue a constituir su descanso y su felicidad.


Discip- Es muy triste, Jesús mío, ver que hay tantos
corazones muy amables y muy amantes, tantas almas
hermosas adornadas con vuestra imagen, que hubieran
podido participar de vuestro trono y de vuestro poderío,
y dominar en el cielo y en la tierra, y que viven miserablemente privadas de vuestras luces, hundiéndose cada
día más en una bochornosa degradación. ¿No les sería
mejor morir con la más cruel de las muertes antes que
perderos a Vos, que sois el camino verdadero y eterno?
¡Ay, desgraciados, insensatos!; ¡cuántas desgracias amontonáis sobre vuestras cabezas, y cuántas ruinas sobre
vuestras almas! ¡cómo dejáis perder en vano un tiempo
que nunca más volverá! Y con todo, vivís en medio de
tantos desastres como si tan triste situación no rezase con
vosotros.


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Message  Javier Hier à 4:28 am

CAPITULO IX - El engaño de los mundanos


Discípulo.- Os suplico, Sabiduría llena de misericordia, que iluminéis a estos pobres ignorantes.

La Sabiduría- No, no son ignorantes, puesto caso
que a cada momento sienten y comprenden sus miserias.
Lo que ellos quieren es distraerse para gozar de los placeres a sus anchas. No se disculpen sus errores, que cuando
lleguen a confesar su engaño, será ya tarde. Es una desgracia muy grande, que nunca será tan lamentada como
se merece.

Discíp- ¡Oh, dulcísima Sabiduría!, ¿cómo se explica
este desvarío?

Sabid.- Pues sencillamente, fijándose en que ellos rehuyen del todo las fatigas y la cruz de mi humanidad.
Piensan que así podrán vivir una vida más dulce y más
placentera, y luego se encuentran sumidos en nuevas angustias y tormentos. Rechazan mi yugo suave, me abandonan a mí, que soy el soberano Bien, y a la postre se encuentran con el soberano mal. Temen la niebla, y al huir
de ella caen en plena tempestad. Y además de esto, por
justo juicio de mi justicia, viven de continuo agobiados
por el peso de mil géneros de miserias.

Discíp.- Y, ¿qué podrá ser de estos pobres extraviados, si no vuelven a Vos, Sabiduría misericordiosa; si no
vuelven a Vos gimiendo y suspirando?

Sabid- Yo siempre estoy pronto a darles la luz, con
tal que ellos quieran sinceramente recibirla. Mis auxilios
a nadie faltan, sino a aquellos que empiezan por faltarse
ellos a sí propios; ni abandono sino a aquellos que antes
se abandonan a sí mismos.

Discíp - ¡Es tan penoso separarse del objeto amado!

Sabid- Es cierto, pero yo reemplazo con creces a
todo lo que se puede amar.

Discíp - Con todo, es muy difícil dejar de una vez las
afecciones y placeres a que uno está acostumbrado.

Sabid- Más difícil será sufrir algún día las penas del
infierno.

Discíp.- ¿Y aún están los pobres tan tranquilos, sin
poder convencerse de la condenación que les amenaza?

Sabid- Tú bien sabes que el pecado, por su propia
condición y naturaleza, turba el corazón, inquieta el espíritu, destruye la paz, la gracia, el pudor, y arrastra a una
gran ceguera que hace al alma del todo desgraciada, apartándola de Dios y destituyéndola de sus auxilios.

Discíp- Todo es muy cierto, Señor; pero las almas de
que hablamos son almas tibias, que piensan que en nada
faltan, y que nada malo les puede sobrevenir. Viven con
apariencias de religiosidad, y juzgan que su amor es del
cielo y no de la tierra.

Sabid- Una mota de polvo, aunque sea blanco, obscurece la vista tanto como otra mota de ceniza. ¿Dónde
piensas que podrás hallar más santidad y abnegación que
en los Apóstoles? Y sin embargo, me fue preciso separarme de ellos para mejor prepararlos a recibir el Espíritu
Santo. Y ¿cuánto más perjudicial será la presencia de los
hombres que no la mía, pues ni uno sólo hay que pueda
llevar las almas al cielo? Las heladas de la primavera no
destruyen los brotes de las flores primeras con más crueldad que los amores y conversaciones mundanas destruyen el fervor de la vida religiosa.

¿Dónde están ahora aquellos antiguos conventos, que
como viñedos floridos repartían por doquier el buen olor
de las virtudes? ¿Dónde se encuentran aquellos verjeles
amenos, aquellos paraísos de la tierra en los que Dios deseaba morar? Ahora están desprovistos de todos sus encantos, llenos solamente de abrojos y ortigas. ¿Qué se ha
hecho de los buenos ejemplos de los santos, de sus lágrimas, de sus penitencias, de su contemplación, silencio,
pobreza, obediencia y pureza de vida?

Pero lo más triste y sin remedio es que la tibieza es así
como un estado natural. Cífrase toda religión y santidad
en algunas apariencias exteriores y en algunas ceremonias, siendo así que no es esto exterior lo que constituye
la interior hermosura de las almas.

¡Ay, ay!, ¡cuánto tiempo perdido en vanos pensamientos, en conversaciones inútiles, en lecturas frívolas, en
fiestas y diversiones!

Discíp.- ¡Oh, Sabiduría divina!; vuestras palabras son
terribles y capaces de quebrar los más endurecidos corazones. Estoy lleno de espanto.


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