EL PURGATORIO. Reflexión.

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Message  Javier Lun 01 Fév 2021, 1:03 pm

Saludos desde mi exilio. Le ruego a Monique o a alguna otra alma caritativa que tengan a bien traducir esta reflexión al francés. Gracias por adelantado.

Sé que en el pasado he tenido mis más y mis menos con Eric y Gabrielle, principalmente, y también con Louis y Roger en segundo lugar. Quiero que seáis conscientes de que nunca lancé mis diatribas con mala fe y con ánimo de hacer daño a nadie. Me gustaría dejar eso bien claro. Sí que reconozco que mi carácter impulsivo me llevó probablemente a excederme a la hora de corregir la conducta de algunas personas, y por ese exceso de celo que muchas veces destruye la Caridad fraterna pido humildemente disculpas. Es cierto que la Caridad con los hermanos nos obliga a medir bien nuestro lenguaje si no queremos hacer un incendio mayor que el que pretendemos apagar. Estoy trabajando activamente en corregir este temperamento autoritario que poseo, el cual me ha llevado en numerosas ocasiones a ofender sin pretenderlo inicialmente a otras personas. Si ése ha sido el caso con Gabrielle y Eric, les pido pues disculpas y les ruego me perdonen otra vez. Ya sé que he cometido el mismo error muchas veces. Me encomiendo a la divina misericordia y espero que no me lo tengáis en cuenta. La verdadera Caridad consiste en amar a Dios por encima de todas las cosas, por encima de todas las criaturas, por encima de uno mismo, y aunque en ocasiones es preciso corregir al hermano que yerra o que vemos encaminado hacia una pendiente peligrosa, esto hay que hacerlo siempre con la mayor delicadeza y mansedumbre posibles. De lo contrario, si nos excedemos en el ardor de la corrección, corremos el gran riesgo de venir a destruir aquello que queríamos precisamente reparar. Ése ha sido siempre mi error y mi defecto en la vida. Espero que el Buen Dios siga teniendo paciencia conmigo y me ayude a adquirir esa verdadera humildad y dulzura de espíritu que Él nos mostró en su vida terrena y de la que tantos ejemplos tenemos en el Evangelio.

Dicho esto, me gustaría compartir con vosotros una reflexión sobre el importante asunto del Purgatorio que he encontrado en un libro que estoy leyendo estos días. El libro en cuestión es "La vida interior", de Joseph Tissot, misionero de San Francisco de Sales. Se trata de una obra extraordinaria cuya lectura os recomiendo a todos encarecidamente. La reflexión sobre el Purgatorio me ha impresionado grandemente, a la vez que me ha llenado de un santo temor de Dios, y confieso que es lo que me ha movido para volver a este foro a pediros disculpas. Aquí os la dejo para que la leáis detenidamente y la meditéis. Seguro que os impresionará tanto como a mí y os hará ver muchas cosas de una manera diferente. Os mando un saludo cordial en los Sagrados Corazones de Jesús y de María Santísima.

Javier


Capítulo V: El purgatorio


Nada entra en el cielo sin purificarse.¡Con cuánta energía debería
yo apropiarme los deseos de San Francisco de Sales! Porque, esta
purificación total del ser humano, este tránsito completo de mí mismo al
reino del Hijo muy amado, que me hace digno y capaz de participar de la
compañía de los santos en la luz, deben hacerse y acabarse en mí
antes de entrar en el cielo.
Nadie entrará hasta que este trabajo se haya
llevado a cabo. Lo que no se haya hecho en este mundo se hará en el
purgatorio, si es que este trabajo está ya comenzado;
porque el pecado
mortal es la presa eterna del infierno.
Es preciso pasar por la muerte para
llegar a la vida.


Sí; todo este trabajo casi infinito de la purificación de mi ser, este despojo
de lo criado, este aniquilamiento de los apegos falsos, esta transformación
de lo humano, se harán, como condición previa, para entrar en el cielo.
“La
carne y la sangre no poseerán el reino de Dios, ni la corrupción la
incorruptibilidad”,
dice San Pablo, “es necesario que lo que es corruptible
revista la incorruptibilidad, que lo que es mortal revista la inmortalidad”.
“Hasta su completa purificación”,
dice San Juan de la Cruz, “el alma no
podrá poseer a Dios aquí abajo, por la pura transformación del amor, ni
allá arriba, por la clara visión”.
Si en este mundo no puede Dios
consumar con el alma esa unión completa que se llama el desposorio
místico, sino después de aniquilar todo lo humano, ¿cómo podría sin esto
consumar en el cielo la eterna unión de la gloria?


Detención del purgatorio.¡Dios mío! ¿Qué será, pues, el
purgatorio?... ¿Será preciso que sus llamas consuman en mí todo, no sólo
los pecados, no sólo las imperfecciones, sino todo lo que es humano?...
¿Todo lo criado?... ¿Todas sus adherencias fuera de Dios?... ¿Que obren
la completa transformación de mi ser?... Si en este mundo esas
operaciones son tan largas y tan dolorosas en los santos; si para
realizarlas son necesarias tantas cruces, tanta mortificación y tantas
tribulaciones; si el desprendimiento de todas las cosas me hace
estremecer, ¡Dios mío!, ¿qué será para mí el purgatorio?...



Ahora me explico el pequeño número de almas que entran directamente en el cielo, y también la doctrina de la Iglesia sobre el purgatorio, y la perseverante insistencia de esta tierna y cariñosa madre en recomendar la oración por los difuntos. “Cuando llegare mi tiempo, en los umbrales de la eternidad”, dice el Señor, “juzgaré las justicias”. He aquí el juicio de las justicias.


Purificación y glorificación.Desde el punto de vista de su purificación
interior, todas las almas serán iguales en el cielo; no habrá una más
purificada que otra, puesto que todas deben estar igualmente purificadas.
Desde este punto de vista la vocación es la misma para todos; todos son
llamados a llegar a la cima suprema. En este sentido, el mandamiento que
me obliga a amar a Dios con todo mi ser tiene la misma latitud absoluta
para mí que para los santos y para los ángeles: la palabra de Dios en su
gran mandamiento, ex toto, tiene un rigor sin límites.
Lo mismo en mi alma
que en la del ángel no puede subsistir ni mancha, ni impureza, ni
imperfección alguna. Soy, pues, llamado a la pureza perfecta, a la
consumación suprema.



Pero aquí es necesario recordar una distinción. Hay, en efecto, en el
trabajo de la vida interior y en sus ascensiones por los cinco grados de la
piedad, dos partes: una negativa, que es la de la purificación; otra positiva,
que es la de la glorificación. Durante esta vida mortal esas dos partes del
desarrollo divino no van jamás la una sin la otra. Toda purificación va
acompañada de una dilatación del alma y de un aumento de méritos.


Glorificación detenida.– En qué medida se hace la purificación acabo
de verlo recorriendo los cinco grados de la piedad, puesto que estos
grados están de hecho caracterizados por los progresos de la purificación
interior; pero en qué medida el alma aumenta su capacidad divina y sus
méritos eternos, esto es un secreto de Dios. Sé las miserias de que me
voy despojando, pero no sé las riquezas que voy adquiriendo. Cuál sea la
grandeza que la virtud ha alcanzado en mí, cuál sea la extensión de mis
méritos y la altura a que ha llegado mi alma, qué lugar tendré en el cielo:
todos estos misterios sólo me serán revelados en la claridad de la vida
futura.



Sé que en este mundo la gracia es dada a cada uno de nosotros según la medida de la donación de Cristo; sé que en la otra vida la gloria responderá a la medida de la gracia que yo haya hecho fructificar aquí abajo; sé que poseeré en la eternidad el desarrollo que yo haya adquirido en el tiempo; sé que lavándome de las manchas del mal me engrandezco al mismo tiempo; y esto es todo lo que sé.


Digo mal; sé más todavía: sé que cada uno tiene su medida en este
mundo y que en el firmamento de los elegidos cada estrella tendrá
diferente brillo; sé que el trabajo de crecimiento y de glorificación
termina irrevocablemente con la muerte,
que cada uno permanecerá
eternamente con la medida de méritos que tenga en el momento del
tránsito a la otra vida.
“Es preciso que yo haga las obras de aquel
que me envió, mientras es de día; viene la noche cuando nadie podrá
trabajar”.



Purificación continuada.– Por consiguiente, de las dos obras que se
hacen simultáneamente durante el período de la existencia terrestre, la
una cesa instantánea y completamente con la muerte, es la obra de mi
glorificación; la otra, si es necesaria, continúa más allá del sepulcro, hasta
su completa terminación, es la obra de mi purificación. Sus operaciones,
en este caso, se hacen en un lugar determinado por la justicia
misericordiosa del Juez supremo, que se llama purgatorio. Lo que se
efectúa en ese lugar es, pues, una purificación completamente desnuda,
sin méritos, sin aumento de ser, sin otro provecho que la purificación
misma. El purgatorio me conducirá al grado de pureza absoluta que se
requiere para comparecer ante Dios, y tendrá el alma, al salir de él, el
mismo grado de mérito que tenía al entrar.
¡Ah! ¡Cuánto me importa componerme con mi contrario mientras estoy con él todavía en este mundo, y antes que me ponga en manos del juez, y el juez me entregue en las del alguacil, y sea echado en la cárcel! Una vez allí no saldré hasta que pague el último cuadrante. Es preciso ser muy insensato y tener poca fe para condenarme yo mismo a una prisión rigurosa y a una expiación sin beneficios, cuando puedo ahora tanto ganar santificándome.
Javier
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Message  Monique Lun 01 Fév 2021, 3:08 pm

Javier a écrit:
Spoiler:
Saludos desde mi exilio. Le ruego a Monique o a alguna otra alma caritativa que tengan a bien traducir esta reflexión al francés. Gracias por adelantado.

Sé que en el pasado he tenido mis más y mis menos con Eric y Gabrielle, principalmente, y también con Louis y Roger en segundo lugar. Quiero que seáis conscientes de que nunca lancé mis diatribas con mala fe y con ánimo de hacer daño a nadie. Me gustaría dejar eso bien claro. Sí que reconozco que mi carácter impulsivo me llevó probablemente a excederme a la hora de corregir la conducta de algunas personas, y por ese exceso de celo que muchas veces destruye la Caridad fraterna pido humildemente disculpas. Es cierto que la Caridad con los hermanos nos obliga a medir bien nuestro lenguaje si no queremos hacer un incendio mayor que el que pretendemos apagar. Estoy trabajando activamente en corregir este temperamento autoritario que poseo, el cual me ha llevado en numerosas ocasiones a ofender sin pretenderlo inicialmente a otras personas. Si ése ha sido el caso con Gabrielle y Eric, les pido pues disculpas y les ruego me perdonen otra vez. Ya sé que he cometido el mismo error muchas veces. Me encomiendo a la divina misericordia y espero que no me lo tengáis en cuenta. La verdadera Caridad consiste en amar a Dios por encima de todas las cosas, por encima de todas las criaturas, por encima de uno mismo, y aunque en ocasiones es preciso corregir al hermano que yerra o que vemos encaminado hacia una pendiente peligrosa, esto hay que hacerlo siempre con la mayor delicadeza y mansedumbre posibles. De lo contrario, si nos excedemos en el ardor de la corrección, corremos el gran riesgo de venir a destruir aquello que queríamos precisamente reparar. Ése ha sido siempre mi error y mi defecto en la vida. Espero que el Buen Dios siga teniendo paciencia conmigo y me ayude a adquirir esa verdadera humildad y dulzura de espíritu que Él nos mostró en su vida terrena y de la que tantos ejemplos tenemos en el Evangelio.

Dicho esto, me gustaría compartir con vosotros una reflexión sobre el importante asunto del Purgatorio que he encontrado en un libro que estoy leyendo estos días. El libro en cuestión es "La vida interior", de Joseph Tissot, misionero de San Francisco de Sales. Se trata de una obra extraordinaria cuya lectura os recomiendo a todos encarecidamente. La reflexión sobre el Purgatorio me ha impresionado grandemente, a la vez que me ha llenado de un santo temor de Dios, y confieso que es lo que me ha movido para volver a este foro a pediros disculpas. Aquí os la dejo para que la leáis detenidamente y la meditéis. Seguro que os impresionará tanto como a mí y os hará ver muchas cosas de una manera diferente. Os mando un saludo cordial en los Sagrados Corazones de Jesús y de María Santísima.

Javier

Capítulo V: El purgatorio


Nada entra en el cielo sin purificarse.– ¡Con cuánta energía debería
yo apropiarme los deseos de San Francisco de Sales! Porque, esta
purificación total del ser humano, este tránsito completo de mí mismo al
reino del Hijo muy amado, que me hace digno y capaz de participar de la
compañía de los santos en la luz, deben hacerse y acabarse en mí
antes de entrar en el cielo. Nadie entrará hasta que este trabajo se haya
llevado a cabo. Lo que no se haya hecho en este mundo se hará en el
purgatorio, si es que este trabajo está ya comenzado;
porque el pecado
mortal es la presa eterna del infierno.
Es preciso pasar por la muerte para
llegar a la vida.


Sí; todo este trabajo casi infinito de la purificación de mi ser, este despojo
de lo criado, este aniquilamiento de los apegos falsos, esta transformación
de lo humano, se harán, como condición previa, para entrar en el cielo.
“La
carne y la sangre no poseerán el reino de Dios, ni la corrupción la
incorruptibilidad”, dice San Pablo, “es necesario que lo que es corruptible
revista la incorruptibilidad, que lo que es mortal revista la inmortalidad”.
“Hasta su completa purificación”, dice San Juan de la Cruz, “el alma no
podrá poseer a Dios aquí abajo, por la pura transformación del amor, ni
allá arriba, por la clara visión”.
Si en este mundo no puede Dios
consumar con el alma esa unión completa que se llama el desposorio
místico, sino después de aniquilar todo lo humano, ¿cómo podría sin esto
consumar en el cielo la eterna unión de la gloria?


Detención del purgatorio.– ¡Dios mío! ¿Qué será, pues, el
purgatorio?... ¿Será preciso que sus llamas consuman en mí todo, no sólo
los pecados, no sólo las imperfecciones, sino todo lo que es humano?...
¿Todo lo criado?... ¿Todas sus adherencias fuera de Dios?... ¿Que obren
la completa transformación de mi ser?... Si en este mundo esas
operaciones son tan largas y tan dolorosas en los santos; si para
realizarlas son necesarias tantas cruces, tanta mortificación y tantas
tribulaciones; si el desprendimiento de todas las cosas me hace
estremecer, ¡Dios mío!, ¿qué será para mí el purgatorio?...



Ahora me explico el pequeño número de almas que entran directamente en el cielo, y también la doctrina de la Iglesia sobre el purgatorio, y la perseverante insistencia de esta tierna y cariñosa madre en recomendar la oración por los difuntos. “Cuando llegare mi tiempo, en los umbrales de la eternidad”, dice el Señor, “juzgaré las justicias”. He aquí el juicio de las justicias.


Purificación y glorificación.– Desde el punto de vista de su purificación
interior, todas las almas serán iguales en el cielo; no habrá una más
purificada que otra, puesto que todas deben estar igualmente purificadas.
Desde este punto de vista la vocación es la misma para todos; todos son
llamados a llegar a la cima suprema. En este sentido, el mandamiento que
me obliga a amar a Dios con todo mi ser tiene la misma latitud absoluta
para mí que para los santos y para los ángeles: la palabra de Dios en su
gran mandamiento, ex toto, tiene un rigor sin límites. Lo mismo en mi alma
que en la del ángel no puede subsistir ni mancha, ni impureza, ni
imperfección alguna. Soy, pues, llamado a la pureza perfecta, a la
consumación suprema.



Pero aquí es necesario recordar una distinción. Hay, en efecto, en el
trabajo de la vida interior y en sus ascensiones por los cinco grados de la
piedad, dos partes: una negativa, que es la de la purificación; otra positiva,
que es la de la glorificación. Durante esta vida mortal esas dos partes del
desarrollo divino no van jamás la una sin la otra. Toda purificación va
acompañada de una dilatación del alma y de un aumento de méritos.


Glorificación detenida.– En qué medida se hace la purificación acabo
de verlo recorriendo los cinco grados de la piedad, puesto que estos
grados están de hecho caracterizados por los progresos de la purificación
interior; pero en qué medida el alma aumenta su capacidad divina y sus
méritos eternos, esto es un secreto de Dios. Sé las miserias de que me
voy despojando, pero no sé las riquezas que voy adquiriendo. Cuál sea la
grandeza que la virtud ha alcanzado en mí, cuál sea la extensión de mis
méritos y la altura a que ha llegado mi alma, qué lugar tendré en el cielo:
todos estos misterios sólo me serán revelados en la claridad de la vida
futura.



Sé que en este mundo la gracia es dada a cada uno de nosotros según la medida de la donación de Cristo; sé que en la otra vida la gloria responderá a la medida de la gracia que yo haya hecho fructificar aquí abajo; sé que poseeré en la eternidad el desarrollo que yo haya adquirido en el tiempo; sé que lavándome de las manchas del mal me engrandezco al mismo tiempo; y esto es todo lo que sé.


Digo mal; sé más todavía: sé que cada uno tiene su medida en este
mundo y que en el firmamento de los elegidos cada estrella tendrá
diferente brillo; sé que el trabajo de crecimiento y de glorificación
termina irrevocablemente con la muerte,
que cada uno permanecerá
eternamente con la medida de méritos que tenga en el momento del
tránsito a la otra vida.
“Es preciso que yo haga las obras de aquel
que me envió, mientras es de día; viene la noche cuando nadie podrá
trabajar”.



Purificación continuada.– Por consiguiente, de las dos obras que se
hacen simultáneamente durante el período de la existencia terrestre, la
una cesa instantánea y completamente con la muerte, es la obra de mi
glorificación; la otra, si es necesaria, continúa más allá del sepulcro, hasta
su completa terminación, es la obra de mi purificación. Sus operaciones,
en este caso, se hacen en un lugar determinado por la justicia
misericordiosa del Juez supremo, que se llama purgatorio. Lo que se
efectúa en ese lugar es, pues, una purificación completamente desnuda,
sin méritos, sin aumento de ser, sin otro provecho que la purificación
misma. El purgatorio me conducirá al grado de pureza absoluta que se
requiere para comparecer ante Dios, y tendrá el alma, al salir de él, el
mismo grado de mérito que tenía al entrar.
¡Ah! ¡Cuánto me importa componerme con mi contrario mientras estoy con él todavía en este mundo, y antes que me ponga en manos del juez, y el juez me entregue en las del alguacil, y sea echado en la cárcel! Una vez allí no saldré hasta que pague el último cuadrante. Es preciso ser muy insensato y tener poca fe para condenarme yo mismo a una prisión rigurosa y a una expiación sin beneficios, cuando puedo ahora tanto ganar santificándome.


Traduction approximative :

Salutations de mon exil. Je prie Monique ou une autre âme charitable de bien vouloir traduire cette réflexion en français. Je vous remercie d'avance.

Je sais que dans le passé, j'ai eu des hauts et des bas avec Eric et Gabrielle, principalement, et aussi avec Louis et Roger en second lieu. Je veux que vous sachiez que je n'ai jamais lancé mes diatribes de mauvaise foi et avec l'intention de blesser quelqu'un. Je tiens à le préciser. Je reconnais que mon caractère impulsif m'a probablement amené à aller trop loin dans la correction de la conduite de certaines personnes, et pour cet excès de zèle qui détruit souvent la Charité fraternelle, je m'en excuse humblement. Il est vrai que la Charité avec les frères nous oblige à bien mesurer notre langue si nous ne voulons pas faire un feu plus grand que celui que nous avons l'intention d'éteindre. Je travaille activement à corriger ce tempérament autoritaire que je possède, qui m'a conduit à de nombreuses reprises à offenser d'autres personnes sans en avoir l'intention au départ. Si cela a été le cas pour Gabrielle et Eric, je m'excuse et vous demande à nouveau de me pardonner. Je sais que j'ai fait la même erreur à plusieurs reprises. Je me confie à la miséricorde divine et j'espère que vous ne m'en tiendrez pas rigueur. La vraie Charité consiste à aimer Dieu par-dessus toutes choses, par-dessus toutes créatures, par-dessus soi-même, et bien qu'il soit parfois nécessaire de corriger un frère qui se trompe ou que l'on voit descendre une pente dangereuse, cela doit toujours être fait avec la plus grande douceur et la plus grande douceur possible. Sinon, si nous allons trop loin dans l'ardeur de la correction, nous courons le grand risque de détruire ce que nous voulions réparer. Cela a toujours été mon erreur et mon défaut dans la vie. J'espère que le bon Dieu continuera à être patient avec moi et m'aidera à acquérir cette véritable humilité et cette douceur d'esprit qu'il nous a montrées dans sa vie terrestre et dont nous avons tant d'exemples dans l'Evangile.

Cela étant dit, je voudrais partager avec vous une réflexion sur l'importante question du Purgatoire que j'ai trouvée dans un livre que je lis ces jours-ci. Le livre en question est "La vie intérieure" de Joseph Tissot, un missionnaire de Saint François de Sales. C'est un ouvrage extraordinaire dont je vous recommande vivement la lecture à tous. La réflexion sur le Purgatoire m'a beaucoup impressionné, tout en me remplissant d'une sainte crainte de Dieu, et j'avoue que c'est ce qui m'a poussé à revenir sur ce forum pour vous présenter mes excuses. Je vous le laisse ici pour que vous le lisiez attentivement et que vous le méditiez. Je suis sûr qu'il vous impressionnera autant que moi et vous fera voir beaucoup de choses d'une manière différente. Je vous envoie des salutations cordiales dans les Sacrés Cœurs de Jésus et de Marie Très Sainte.

Javier


Chapitre V : Purgatoire


Rien n'entre au ciel sans purification.- Avec quelle énergie dois-je m'approprier les vœux de saint François de Sales ! Car, cette purification totale de l'être humain, ce passage complet de moi-même dans le royaume du Fils bien-aimé, qui me rend digne et capable de participer à la compagnie des saints dans la lumière, doit être fait et achevé en moi avant que j'entre au ciel. Personne n'entrera tant que ce travail n'aura pas été accompli. Ce qui n'a pas été fait en ce monde sera fait au purgatoire, si cette œuvre est déjà commencée ; car le péché mortel est la proie éternelle de l'enfer. Il est nécessaire de passer par la mort pour arriver à la vie.


Oui ; tout ce travail presque infini de purification de mon être, ce dépouillement de ce qui a été créé, cet anéantissement des faux attachements, cette transformation de ce qui est humain, se fera, comme condition préalable, pour entrer au Ciel. "La chair et le sang ne posséderont pas le royaume de Dieu, ni l'incorruptibilité de la corruption", dit saint Paul, "il faut que ce qui est corruptible reçoive l'incorruptibilité, que ce qui est mortel reçoive l'immortalité". "Jusqu'à sa complète purification, dit saint Jean de la Croix, l'âme ne peut ni posséder Dieu ici-bas, par la pure transformation de l'amour, ni là-haut, par la vision claire. Si, dans ce monde, Dieu ne peut pas consommer avec l'âme cette union complète qu'on appelle l'épousement mystique, seulement après avoir anéanti tout ce qui est humain, comment pourrait-il, sans cela, consommer dans le ciel l'union éternelle de la gloire ?


Purgatoire.- Mon Dieu, que sera donc le Purgatoire ? Ses flammes doivent-elles consumer tout en moi, non seulement mes péchés, non seulement mes imperfections, mais tout ce qui est humain... ? Tout cela a été créé ? Toutes ses attaches en dehors de Dieu ? .... Qu'ils travaillent à la transformation complète de mon être ?.... Si en ce monde ces opérations sont si longues et si pénibles pour les saints ; si pour les accomplir tant de croix, tant de mortifications et tant de tribulations sont nécessaires ; si le détachement de toute chose me fait trembler, mon Dieu, que sera le purgatoire pour moi ? ....


Je m'explique maintenant le petit nombre d'âmes qui entrent directement au ciel, et aussi la doctrine de l'Église sur le purgatoire, et l'insistance persévérante de cette mère tendre et affectueuse à recommander la prière pour les défunts. "Quand mon temps viendra, au seuil de l'éternité, dit le Seigneur, je jugerai les justes". Voici le jugement de la justice.


Purification et glorification .- Du point de vue de leur purification intérieure, toutes les âmes seront égales au ciel ; il n'y en aura pas une de plus purifiée qu'une autre, car toutes doivent être également purifiées. De ce point de vue, la vocation est la même pour tous ; tous sont appelés à atteindre le sommet suprême. En ce sens, le commandement qui m'oblige à aimer Dieu de tout mon être a la même latitude absolue pour moi que pour les saints et pour les anges : la parole de Dieu dans son grand commandement, a une rigueur sans limites. Dans mon âme, comme dans l'âme d'un ange, il ne peut subsister aucune tache, aucune impureté, aucune imperfection quelle qu'elle soit. Je suis donc appelé à la pureté parfaite, à la consommation suprême.


Mais ici, il faut se souvenir d'une distinction. Il y a, en effet, dans le travail de la vie intérieure et dans ses ascensions à travers les cinq degrés de piété, deux parties : l'une négative, qui est celle de la purification ; l'autre positive, qui est celle de la glorification. Au cours de cette vie mortelle, ces deux parties du développement divin ne vont jamais l'une sans l'autre. Toute purification s'accompagne d'une expansion de l'âme et d'une augmentation des mérites.


Glorification s'est arrêtée.- Dans quelle mesure la purification est faite, je viens de le voir en passant par les cinq degrés de piété, puisque ces degrés sont en fait caractérisés par le progrès de la purification intérieure ; mais dans quelle mesure l'âme augmente sa capacité divine et ses mérites éternels, c'est le secret de Dieu. Je connais les misères dont je me départis, mais je ne connais pas les richesses que j'acquiers. Quelle est la grandeur que la vertu a atteinte en moi, quelle est l'étendue de mes mérites et la hauteur à laquelle mon âme a atteint, quelle place j'aurai au ciel : tous ces mystères ne me seront révélés que dans la clarté de la vie future.


Je sais que dans ce monde la grâce est donnée à chacun selon la mesure du don du Christ ; je sais que dans l'autre vie la gloire répondra à la mesure de la grâce que j'ai rendue féconde ici-bas ; je sais que je posséderai dans l'éternité le développement que j'ai acquis dans le temps ; je sais qu'en me lavant des taches du mal je suis en même temps agrandi ; et c'est tout ce que je sais.


Je dis le mal ; je sais encore plus.- Je sais que chacun a sa mesure dans ce monde et que dans le firmament des élus, chaque étoile aura un éclat différent ; je sais que le travail de croissance et de glorification se termine irrévocablement avec la mort, que chacun restera éternellement avec la mesure de mérite qu'il a au moment de son passage à l'autre vie. "Je dois travailler aux œuvres de Celui qui m'a envoyé, tant qu'il fait jour ; la nuit vient, quand personne ne pourra travailler".


Purification continue.- Par conséquent, des deux œuvres qui se font simultanément pendant la période d'existence terrestre, l'une cesse instantanément et complètement avec la mort, c'est l'œuvre de ma glorification ; l'autre, si nécessaire, continue au-delà de la tombe, jusqu'à son achèvement complet, c'est l'œuvre de ma purification. Ses opérations, dans ce cas, se font dans un lieu déterminé par la justice miséricordieuse du juge suprême, qui s'appelle le purgatoire. Ce qui se passe dans ce lieu est donc une purification complètement nue, sans mérite, sans augmentation de l'être, sans autre bénéfice que la purification elle-même. Le purgatoire me conduira au degré de pureté absolue requis pour mon apparition devant Dieu, et l'âme aura, à sa sortie, le même degré de mérite qu'à son entrée. Ah! Qu'il m'importe de me composer avec mon adversaire alors que je suis encore avec lui dans ce monde, et avant qu'il me mette entre les mains du juge, et que le juge me remette au bailli, et soit jeté en prison! Une fois là-bas, je ne sortirai pas tant que je n'aurai pas payé le dernier quadrant. Il faut être très stupide et avoir peu de foi pour se condamner à un emprisonnement rigoureux et à une expiation non rentable, alors que je peux maintenant gagner beaucoup en me sanctifiant.
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