LA CRISIS DE LA FE Y LA RUINA DE LA IGLESIA ROMANA (Respuesta al Cardenal Joseph Ratzinger) por el Dr. Carlos A. Disandro – La Plata, 1986

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Message  Javier Ven 13 Sep 2019, 6:28 am

LA CRISIS DE LA FE Y LA RUINA DE LA IGLESIA ROMANA (Respuesta al Cardenal Joseph Ratzinger) por el Dr. Carlos A. Disandro – La Plata, 1986



Un racconto, o como dice el original italiano con sentido periodístico un rapporto sulla fede, verdaderamente impresionante, en diálogo vivo entre el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la congregación vaticana para la defensa de la Fe (ex-Santo Oficio), y el periodista católico Vittorio Messori, se desarrolla ante nuestros ojos, ya cansados de contemplar ruinas sobre ruinas, y ante nuestros oídos, cansados de oír las herejías más demoledoras, los sofismas más nefastos o más refinados, las elucubraciones más delirantes sobre la Iglesia, el Evangelio y la Fe, en el marco de la Iglesia Romana, otrora imagen de una imponente congruencia doctrinal y litúrgica.


Para nosotros, que durante muchos años (vivía todavía Pío XII) combatimos ásperamente la herejía modernista; que denunciamos los excesos del concilio y del post-concilio en numerosas clases, cursos, conferencias, durante veinticinco años; que afrontamos con modestia, pero con decisión, la explicación de la Sacra doctrina de la Fe, recurriendo siempre a las Fuentes inconcusas e imbatibles; para nosotros que culminamos esa larga y penosa vía crucis con la edición del texto latino de la Bula de Paulo IV Cum ex apostolatus officio (1559), con su traducción castellana y sucinta interpretación; con la refutación de la así llamada “teología de la liberación” y de la antroposofía de Karol Wojtyla, todo lo cual corresponde al umbral cronológico 1982, habiendo comenzado este combate escrito, en 1956, contra la teología historicista de J. Daniélou, para nosotros pues no deja de ser sombrío y dramático este racconto doloroso, que confirma de cualquier manera nuestras inferencias pasadas, en el preconcilio (1956-1961), en el concilio (1962-1965), en el post-concilio (1965-1985). Difieren sin embargo las concepciones implícitas o explícitas sobre las causas del desastre, sobre la identificación de sus raíces próximas o lejanas, sobre el carácter de sus consecuencias espirituales, culturales, teológicas, pedagógicas, etc. Difieren sobre todo los fundamentos teológicos, que enraizados en la más antigua proferición griega de los primeros concilios de la Iglesia -y del Nuevo Testamento por supuesto-siguen siendo norma absoluta de toda inteligencia de la Fe.


Quiero aclarar también, en esta breve introducción, que no cuenta en este caso la dignidad que se exhibe fungente en Joseph Ratzinger, cardenal arzobispo de Munich, ni la autoridad que presupone investir por concesión de Juan Pablo II, es decir, prefecto de la congregación vaticana ya aludida. Tales consideraciones nos llevarían sin duda al problema de la autoridad canónica legítima del cardenal Joseph Ratzinger, lo que nos apartaría de las cuestiones fundamentales. De hecho, vacante o no la sede de Munich, vacante o no la prefectura apostólica del Santo Oficio, por vacancia precisamente de la Sede Apostólica; abolida o no la institución del cónclave por imperio de la nulidad canónica del cuerpo cardenalicio, el documento Ratzinger se exhibe con rasgos inconfundibles, dirime aunque mitigadamente confrontaciones doctrinales, reasume una constancia semántica de la Fe en la palabra explícita de quien la profiere. Es esto lo que interesa y por ende la determinación congruente de sus contextos conceptuales. Respeto la persona del cardenal Ratzinger, no se presenta como un heresiarca, al menos en el diálogo con el periodista; por el contrario parece esgrimir con hábil contundencia la secular norma de Fe, propia de la Iglesia y enfrentar sin ambages, en pocos casos, es verdad, la herejía, aunque callando el nombre o los nombres de los responsables, fautores o partícipes de la misma. En este sentido, es contradictoria la secuencia dialéctica del documento Ratzinger-Messori, por cuanto por lo que podemos establecer es el nombre de Monseñor Lefébvre el que concita las recriminaciones más duras, desde el mote de “integrista”, a la débil argumentación sobre la continuidad de la autoridad conciliar del Vaticano II. Y en cambio ninguna autoridad, ningún nombre, ni siquiera de teólogo-clérigo, responsable de tanto disparate, insipiencia, desvarío y malversación de la Fe, en una palabra ningún nombre progresista hace equilibrio en la balanza, como correspondería, por venir de quien vienen estas argumentaciones histórico-críticas, teológicas y canónicas.


CONTINUARÁ...

https://moimunanblog.com/2013/09/25/disandro-vs-ratzinger/

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Message  Javier Lun 16 Sep 2019, 6:48 pm

En efecto, para citar el pasaje congruente del volumen y dejar despejada esta cuestión que, aunque marginal importa precisamente, para centrar sin resonancias espurias las cuestiones que realmente interesan, en páginas 37-39 (que conviene leer con atención) Ratzinger enfrenta la tesitura canónica de Mons. Lefébvre, lo nombra varias veces; lo responsabiliza de la posibilidad de un cisma. “Es evidente que debe hacerse todo lo posible para que este movimiento no degenere en un verdadero cisma, en el que incurriría si el arzobispo se decidiera a consagrar obispos”. Palabra de Ratzinger. Vuelve en otras ocasiones sobre el "integrismo lefebvrista", sobre todo en el capítulo IX (La Liturgia entre antigüedad y novedad), pág. 131/sgs., aunque desglosando de la pregunta del periodista lo que pudiera ser o no ser integrista en los reclamos contra la subversión litúrgica. Frente a esta presencia, cuestionada con encono, hay muchas, pero muchas extrañas ausencias, como por ejemplo las de San Pío X, de Pío XII (nombrado de paso dos o tres veces), la de los grandes liturgistas, gregorianistas de los siglos XIX y XX, el silencio maligno contra el canto gregoriano, por un lado. Pero también la ausencia de Juan Pablo II, que puede corroborar o no la tesitura del cardenal y que en realidad lo minimiza, si no lo condena en otros documentos de sus propios labios.


En este sentido una extraña impresión deja el Rapporto sulla Fede. Centrado aparentemente en el clima de la urgencia temporal concreta, en la crisis insoslayable de la Fe, afrontando perfiles igualmente concretos de ruina y desatino, de impiedad e insipiencia, afirmando una continuidad inabolible de la Tradición, todo parece explicable sin embargo desde la letra del Vaticano II, Juan XXIII, Paulo VI. Un relevamiento de nombres y citas confirmaría esta extraña mentalidad que Ratzinger comparte con Karol Wojtyla: lo que éste llama la Iglesia del nuevo adviento.


Quiero apartar todo este contorno enigmático y esta atmósfera inquietante por lo menos, cargada de incongruencia y fácil reflexión envolvente. Quiero apartar también la manifiesta ubicación progresista de Messori, cuyas preguntas suelen reiniciar o animar las constancias conceptuales del diálogo. Pero sobre todo quiero atenerme a la sustancia que estimo subyace con veracidad en cuanto afirma o niega el entrevistado arzobispo. Sin seguir pues los vericuetos de una conversación, a veces amena y viva, y otras exsangüe y evanescente, prefiero recolocar la temática compleja, deshilvanada, flotante del cardenal, en una estructura nítida de pensamiento que me permita afrontar toda cuestión fácil o difícil según un estatuto cognitivo riguroso y claro.
Tomo como base una aserción del mismo cardenal en uno de los momentos más importantes del diálogo (Cap. 111, pág. 53/sgs.). No hay lugar a dudas -dice Messori- para el cardenal Ratzinger: lo que ante todo resulta alarmante es la crisis del concepto de Iglesia, la eclesiología. “Aquí está el origen de buena parte de los equívocos o de los auténticos errores que amenazan tanto a la teología como a la opinión común católica”.


Tres imágenes del cardenal se sobreponen como las manipulaciones de una propaganda gráfica en la cubierta de un libro moderno: 1) la que se deduce de su polémica intervención, acerca de la “teología de la liberación”, propuesta en un encuentro reservado en el Vaticano, y publicada en el número de marzo de 1984, de la revista italiana “30 Giorni”. Conozco la versión portuguesa, adelantada por el Jornal do Brasil, el domingo 22 de abril de 1984. Este texto se encuentra republicado por Messori en el Informe sobre la Fe, B.A.C. Madrid 1985. Pág. 192-206.


CONTINUARÁ...

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