IGLESIA y PONTIFICADO - Prof. Carlos Alberto Disandro (1969 !!!!!)

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Message  Javier Ven 13 Sep 2019, 6:12 am

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Advertencia

La necesidad de resumir una doctrina segura y esclarecedora, para responder a veladas o explícitas acusaciones contra
mis trabajos de carácter religioso-especulativo, me ha obligado a puntualizar, en breve reseña, un asunto espinoso y
difícil. Para el lector asombrado -o azorado- recomiendo la lectura del magno libro del Cardenal Ch. Journer L' Eglise du
Verbe Incarné,
no sólo por esta quaestio, sino por muchos otros problemas, relacionados con ella.


Hace ya años oigo rondar en los ambientes eclesiásticos, o civiles que dependen de ellos, adjetivos como pagano-helenizante,
pelagiano, hereje, cismático, etc. Nadie se toma el trabajo de estudiar y analizar a fondo mis obras para
formular explícitamente tales ubicaciones -o censuras- doctrinales. Muy pocos son los que entienden además el
significado exacto de los términos que echan a rodar a veces con malignidad manifiesta. Pero cuando se trata de
enfrentar a los verdaderos enemigos de la Iglesia, callan, conceden y se ocultan en el claroscuro de los claustros, o en el
caparazón de la socarronería. Entonces recobran los bríos de una autoridad doctrinal -que nunca tuvieron por su
descomunal ignorancia- y lanzan los despropósitos más desvergonzados.



Lo que el lector sincero -ilustrado o no- debe procurar en estas modestas páginas es un grado de nítida objetividad en el
tema doctrinal. Si por acaso ella faltare en mis puntualizaciones o en mi estilo, debe suplirla y completarla. Le
recomiendo entonces que recurra a todos los doctores, censores, directores espirituales, catedráticos y rectores para
cerciorarse acerca de la quaestio disputata. En fin, en posesión de tal objetividad, debe responder con otra semejante,
a fin de esclarecer el problema. Las personas, por eminentes que sean las dignidades, o por degradadas que sean las
circunstancias, no interesan aquí.


Sé que esta diáfana advertencia no saciará a los fariseos y saduceos, que toleran todo, menos una defensa lúcida de la
Fe.
Basta recordar las entrañables palabras de Platón, cuando anticipa el destino de quienes pretendan ilustrar a los
otros con un saber seguro, para comprender que todo esto es inevitable. Pero también conviene advertir con Fichte que
la idea divina exige una consagración absoluta en el tiempo concreto en que a cada uno se le hace patente. Y cito estos
dos nombres con fervoroso recuerdo, para que fariseos y saduceos rechinen poderosamente sus dientes. El signo más
ostensible de su poder inútil.


La Plata (Argentina), 2 de mayo de 1969 Fiesta de San Atanasio


CONTINUARÁ...

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Javier
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Message  Javier Dim 15 Sep 2019, 5:31 am

I


Conviene resumir en principios orientadores la cuestión del vínculo entre Iglesia, Pontificado y Pontífice, para pasar luego
a considerar la quaestio disputata sobre la posibilidad de un papa herético o cismático.


1. La entera Iglesia (que como Sacramentum Trinitatis abarca visibilia e invisibilia Patris) incluye al Pontificado, lo
connota y es independiente del Pontificado histórico. Por eso en la transfiguración escatológica, donde se manifestará el
vínculo entrañable entre Cristo-Pontífice y su Iglesia. en su perfecta manifestación teándrica, el vínculo de Cabeza y
Cuerpo no necesita de vicario. El pontificado es pues in Ecclesia.


2. La Iglesia visible, histórica, en el mundo aunque no del mundo, encarnada en una historicidad aunque no dependa del
decurso de tal historicidad, la Iglesia visible (o militante) necesita del Pontificado, como función vicarial de la Cabeza: el
Pontífice es vicario de Cristo y como tal es vicario de sus poderes sacerdotal, real y profético. A este nivel podría
afirmarse: In Ecclesia pontifex, in Pontifice Ecclesia; o bien, cum Ecclesia Pontifex, cum Pontifice Ecclesia; o
bien, per Ecclesiam Pontifex, per Pontificam Ecclesia. Se trata pues de un caso particular de la unión teándrica
(divino-humana) que recorre, connota y determina toda la estructura incambiable de Iglesia. Pero en este caso, el lado de
la natura divina esta representada por la Ecclesia (transhistórica, perfecta, una, santa, etc.); el lado de la natura humana
por la historicidad del pontífice.


3. En la realidad histórica puede distinguirse sin embargo entre Pontificado, como instancia esencial a la natura de la
Iglesia, y el Pontífice, como persona que ejerce, por acto vicarial, la totalidad de aquellos poderes. Y esta no es una mera
distinción jurídica, como podría ocurrir en la contextura de un Estado, si diferenciamos la monarquía del monarca, o la
presidencia del presidente (es decir, la magistratura del magistrado que la asume).


Pues en el caso de los Estados podría perimir la instancia misma de la magistratura -monarquía o presidencia- sin que
periman los Estados; simplemente buscan una nueva manifestación entitativa. Tal es el caso que se presenta en la
magna historia de Roma. En cambio, en la Iglesia el Pontificado integra su natura misma, y por tanto si lo elimináramos
(por ejemplo con la doctrina de la colegialidad) o suprimiéramos (con la doctrina carismática de algunos ortodoxos
orientales) o si supusiéramos su desaparición histórica (como en algunas tendencias del aggiornamento), alteraríamos la
natura de la Iglesia, en su manifestación visible, histórico-concreta, y por tanto en el lado humano-divino de su
construcción transtemporal. La magistratura sacra del Pontificado es pues esencial a la naturaleza de la Iglesia; esa
magistratura incluye además la clara continuidad en la sucesión de persona a Persona. De otro modo, se destruiría la
magistratura, lo que está contra el principio general ya enunciado.


Pero puede no haber Pontífice por un largo -o minúsculo- interregno; no por eso cambia ni se altera la natura de la
Iglesia; puede haber conflictos dolorosos -como los ha habido, los hay ahora y los habrá siempre- que pongan en duda la
residencia del poder vicarial, tampoco se altera esa natura; puede un pontífice pervertido perder las prerrogativas de su
carácter vicarial, y quedar como escindido del Pontificado, sigue sin embargo incólume la naturaleza teándrica de la
Iglesia, en la que Pontificado quiere decir vínculo perfecto con Cristo en el nivel de la historicidad más abrumadora. Tales
posibilidades dependen de una persona humana, y no anulan el vínculo preexistente entre Iglesia y Pontificado: cuando
el Pontífice asume la jurisdicción que le compete, en un acto legítimo de exaltación a la magistratura sacra, se hace
ostensible en esa persona el vínculo perfecto entre Iglesia y Pontificado. Ese vinculo perfecto se oculta o se repliega en
la natura celeste de la Iglesia, si el Pontífice sufriera un enajenamiento, por ejemplo: ello lo escindiría automáticamente
de la función vicarial. Pero quedaría incólume el vínculo perfecto, inviolable, entre Iglesia y Pontificado.


Insisto en estos aspectos de la quaestio teológica, porque rodeados de ignorantes y de pusilánimes (alimentados por
una vasta trenza de fariseos) propendemos a creer que la vida de la Fe resulta de un estatuto metodizado por el miedo.
En cambio, la Fe consiste -entre otras profundidades- en afirmar los principios fontales, en afrontar las contradicciones
temporales, y en creer y obrar pese a ellas, según un margen de coherente inteligibilidad.


En una palabra, en la naturaleza de la Iglesia, manifestada ad extra, debe afirmarse la unión esencial entre Iglesia y
Pontificado, y la unión operante funcional-temporal (e íntima, desde luego) entre Pontificado y Pontífice, en una perfecta
coherencia, es cierto, en una íntima solidaridad, que si distinguimos por el análisis, es para unirla correctamente in re.


Así se explica que un pontífice pueda renunciar a su función vicarial sacerdotal, real, profética; así se explica que algunos
teólogos hayan sostenido una doctrina explícita sobre la deposición de un papa. Y se comprende según los enunciados
anteriores.


CONTINUARÁ...
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Message  Javier Jeu 19 Sep 2019, 5:59 am

4. No nos referimos en esta sistematización al hecho hipotético de un pontífice que asuma la jurisdicción sacra por un
acto ilegítimo de exaltación al Pontificado, ya sea por vicio común de la elección o designación, ya sea por vicio del vínculo
entre el acto que elige y la persona elegida, o ya sea por ilícita sustitución de lo que debió ser el vínculo originario, etc. Pues el
caso hipotético de tal coyuntura nos retornaría simplemente a la instancia anterior de interregno o vacancia en que
subsiste la unión esencial entre Iglesia y Pontificado, sin que éste se encuentre asumido en la persona de un pontífice
por lo que la hipótesis supone. La exclusión de tal pseudo-pontífice del Pontificado no sería en realidad una deposición,
sino una mera declaración de su falsedad.


5. En cambio es importante el problema de la posible deposición de un Pontífice, la forma de su ejecución, etc., porque
en esta instancia se advierte también con mayor certidumbre el nexo discernido anteriormente entre Iglesia, Pontificado
y Pontífice.
Pues deponer un Pontífice (si esto es posible, como piensan algunos teólogos), significa afirmar: 1°) la
legitimidad inviolable de la asunción; 2°) la abolición de un vínculo (entre Pontífice y Pontificado); 3°) la permanencia
inviolable y perfecta del Pontificado en la Iglesia.


Sin embargo este problema de la deposición -también considerado por eminentes teólogos del pasado cristiano, un Juan
de Santo Tomás por ejemplo- debe incluirse al final de la quaestio, porque en el acto de la deposición (de ser posible,
como piensan algunos) se manifestarían todas las circunstancias ya puntualizadas; y de no ser posible tal deposición
(como piensan otros) se establecería un interregno o una forma de vacancia vicarial, que atañe a los privilegios de la
función, y en primer término al privilegio de la infalibilidad.


De cualquier modo en este capítulo de la quaestio disputata aparece con claridad la distinción fundamental
puntualizada en el parágrafo 3. Y es esto lo que importa para ceñirnos a lo más importante del problema.


6. La Iglesia como instancia perfecta que incluye al Pontificado manifiesta o posee las cuatro notas clásicas enumeradas
por el Credo de Nicea. La Iglesia, la entera Iglesia de invisibilia y visibibilia Patris, le comunica tales notas al
Pontificado histórico: en cambio al nivel celeste, originario, es la Iglesia como Sacramentum Trinitatis la que recibe -por
así decir- esas notas de las Tres Personas Inefables. Así se entiende que el Pontífice que se inserta o asume el
Pontificado, queda en perfecta coherencia con ellas; pero también se entiende que la persona de algún Pontífice pueda
escindirse de ellas, perdiendo en consecuencia las prerrogativas de su función, sin que se altere en lo más mínimo el
vínculo de Iglesia y Pontificado, ni tampoco las cuatro notas sustanciales de su natura celeste.


Esta es la doctrina clásica, elaborada en siglos de reflexión: por eso, nadie, si vive la vida de la Fe, debe asombrarse si
las circunstancias históricas mueven una u otra alternativa del organismo viviente de la Iglesia. Y el hecho de meditar,
reflexionar o puntualizar el sentido de tales circunstancias, a la luz de la Fe, no implica en absoluto un juicio o acusación.
sino simplemente el acto de ver en la coherencia de la Fe, en tiempos oscuros y contradictorios.


7. Por ello, de acuerdo con las puntualizaciones anteriores, es discutible si un pontífice simoníaco cesa de ser pontífice;
lo mismo puede afirmarse de un pontífice amancebado, etc., porque en definitiva tales situaciones contradictorias, tales
tachas o faltas, no erosionan el vínculo entre Pontífice, Pontificado, Iglesia. Así parece al menos, y no veo inconvenientes
en aceptar un cierto consenso teológico, de que tal hipotético papa sigue siendo papa con todas las prerrogativas de su
función. Y en todo caso, si fuera discutible el asunto, ello estaría en favor de la tesis que distingue entre Pontífice,
Pontificado e Iglesia.


Pero no es lo mismo, cuando pudiere tratarse de un pontífice que erosiona la Fe (es decir un pontífice herético), o de un
pontífice que destruye o no guarda el vínculo de la Caridad (es decir un pontífice cismático).
La posibilidad de que se den
esos dos casos (pontífice herético y pontífice cismático), y la exigencia de explicarlos dentro del orden inconmovible,
inviolable y perfecto de la Iglesia, esa posibilidad y esa exigencia se ilustran precisamente a partir de los principios
orientadores, que hemos enumerado hasta aquí. No pretendo haber sido exhaustivo ni mucho menos, pues quedan
zonas importantes del problema, en lo que atañe a la contextura misma de la Iglesia. Pero todo otro principio deberá
forzosamente referirse a éstos (por ejemplo los que atañen a la asistencia del Espíritu Santo).


CONTINUARÁ...
Javier
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