FORMACIÓN RELIGIOSA PARA ALMAS FERVIENTES EN TIEMPOS APOCALÍPTICOS, por Fray Javier del Espíritu Santo O.P.

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Message  Javier le Mar 20 Aoû 2019, 11:16 am

FORMACIÓN RELIGIOSA PARA ALMAS FERVIENTES EN TIEMPOS APOCALÍPTICOS,

por Fray Javier del Espíritu Santo O.P.


El celo por cumplir con la Divina Voluntad y la gloria de Dios me empujan a iniciar esta serie de instrucciones religiosas para aquellas almas que deseen santificarse en estos últimos tiempos de confusión, herejía y apostasía que nos ha tocado vivir. No puedo ni debo callar, no puedo ni debo esconder los talentos que el Buen Dios me ha confiado a mí, indigno pecador y siervo inútil. Debo pues proclamar bien alto que Ntro. Señor y Redentor Jesucristo nos ama profundamente y desea que lleguemos al conocimiento perfecto de Su divina bondad y majestad. El celo por la santificación de las almas me consume igualmente. Sería una negligencia espantosa que muchas almas escogidas por Él se perdieran o se quedaran a medio camino en la acuciante tarea de la santificación personal a la que todos estamos llamados, en grados distintos ciertamente, pero todos sin excepción hemos sido llamados a "ser perfectos, como Nuestro Padre celestial es perfecto".

Predicar siempre ha sido la manera por la que el Espíritu Santo ha transmitido sus inefables dones y sus consuelos a millones de almas. La fe entra por el oído, por la escucha de la predicación. Ya me parece oír la queja y el lamento justificados de tantísimas almas abandonadas a su suerte: "Pero ¿quién nos anunciará la Buena Nueva? ¿En quién podemos confiar en una época siniestra en la que la Iglesia ha sido totalmente eclipsada por una odiosa secta?"

Estas pobres almas tienen toda la razón. Nos ha tocado vivir una época sin parangón en la historia de la Iglesia y la Cristiandad. El aire se ha vuelto prácticamente irrespirable a causa de las mentiras y la herejías promocionadas a diario desde la Roma apóstata y traidora. Aquellos pobrecitos fieles que desean ser fieles a la Tradición y al Magisterio de la Iglesia de siempre se ven además amenazados por un peligro todavía más insidioso y mortal, representado por los falsos pastores y los lobos con piel de cordero que están acabando de destrozar y confundir por completo al pequeño rebaño de verdaderos católicos que todavía subsiste. Es de una importancia capital identificar con nombres y apellidos a esos mercenarios sanguinarios que están engordando con el miedo de las pobres almas que se han confiado cándidamente a ellos. Sectas y grupúsculos heréticos y cismáticos como la desgraciada FSSPX, la sacrílega línea Thuc en todas sus extensas ramificaciones, los peligrosos y soberbios hermanos Dimond, los tontos útiles de la absurda teoría "materialiter-formaliter", y demás almas extraviadas están todos ellos causando estragos en los pocos fieles que todavía subsisten.

Por eso es preciso alzar la voz y proclamar valiente y humildemente que NO PODEMOS ESTAR EN NINGÚN COMPROMISO CON LA ROMA APÓSTATA Y HERÉTICA. Absolutamente ninguno. Del mismo modo, NO PODEMOS RECURRIR A NINGÚN SACRAMENTO DE MANOS DE ESTOS MERCENARIOS TRAFICANTES DE LO SAGRADO que acabo de citar porque todos ellos tienen un denominador común: ELLOS NO BUSCAN LA GLORIA DE DIOS, antes bien, lo único que les interesa es su propia subsistencia y mantenimiento, sin importarles lo más mínimo que para ello tengan que TRAICIONAR A CRISTO una y otra vez COMETIENDO HORRIBLES SACRILEGIOS cada vez que administran ESOS SACRAMENTOS INVÁLIDOS Y/O ILÍCITOS.

Esto es urgente que se sepa y que no quede duda alguna al respecto. Esta gente sin escrúpulos NO TIENE EL AMOR DE DIOS en su interior, el ESPÍRITU SANTO NO ES SU GUÍA, sino sus mundanas ansias por ser reconocidos y alabados por todos, el deseo de aparentar y la vanagloria malsana son sus verdaderos impulsores.

Almas benditas, almas escogidas, abrid los ojos. Acudid a las únicas fuentes que os pueden saciar plenamente para toda la eternidad. Acudid a este remanso tranquilo y sagrado que es el Espíritu Santo, el dulce huésped del alma, el gran consolador y santificador, venid, hijas mías, venid y bebed de estas aguas eternas, y vuestros espíritus no volverán jamás a quedar insatisfechos, ni vuestras conciencias serán engañadas otra vez. ¡Venid a Dios y saciad vuestras almas con Su divina Palabra!

Si tan sólo UN ALMA, una dichosa y muy afortunada alma, llega a aprovecharse y beneficiarse de esta instrucción espiritual que este siervo indigno va a derramar aquí, ya me daré por satisfecho. Si esa alma asciende espiritualmente HASTA LA MEDIDA Y EL GRADO que el Buen Dios tiene reservados para ella, mi gozo será completo y mi misión habrá sido cumplida.

Empecemos pues, hijas mías, empecemos este fascinante y poco conocido camino de la negación de sí mismos para vivir la vida en Cristo y ser seres espirituales, movidos por el Espíritu Santo, almas que han crucificado y despreciado los falsos y caducos bienes mundanos. El único bien que merece la pena es conocer y amar a Dios como Él quiere que Le conozcamos y Le amemos. Todo lo demás no merece ser llamado bien.

Quiero que seáis almas ávidas de santidad, hijas mías, almas que ansían avanzar cada vez más en el amor de Dios y el perfeccionamiento espiritual. "Aprovechemos con avidez esta vida, esta pobre vida que tenemos, porque de lo que hagamos aquí en este tiempo mortal que se nos ha dado dependerá nuestra eternidad", le dijo Santa Teresita del Niño Jesús a su hermana Céline. Seamos por tanto siervos sagaces y diligentes, como los mundanos, pero para las cosas que realmente importan, para lo único verdaderamente necesario, que es amar a Dios y cumplir Su voluntad lo mejor que podamos, y poder asegurarnos así una morada en el Cielo. El grado de visión beatífica dependerá del grado y la intensidad de la Caridad que hayamos demostrado en esta vida mortal, hijas mías. Aprovechemos pues cualquier mínima ocasión que tengamos para hacerlos TODO POR AMOR A DIOS, buscando siempre SU MAYOR GLORIA, y no nos preocupemos de nada más.


CONTINUARÁ...

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Message  Javier le Mer 21 Aoû 2019, 6:15 am

Me voy a apoyar principalmente en las predicaciones de Fray Antonio Mª Royo Marín, O.P., e iré complementando con adiciones tomadas de libros de espiritualidad cristiana.

Vamos a comenzar esta andadura, o singladura, como dicen los que navegan por el mar, el mar proceloso de esta pobre vida. Estamos todos en espera de levantar el vuelo hacia Dios, pero hay que esperar pacientemente hasta que Dios quiera. Quiero empezar hablando de la perfección cristiana, de la santidad, que viene a ser lo mismo. En qué consiste la perfección cristiana, cómo se desarrolla, cuáles son sus principales aspectos...

Vamos a comenzar viendo en qué consiste la santidad, cuál es la naturaleza de la perfección cristiana. ¿Qué se entiende por perfección? La palabra perfección procede del verbo latino "perfiscere", que significa hacer hasta el fin, hacer completamente, terminar, acabar. Una cosa es perfecta cuando está terminada, cuando está completa, cuando está del todo acabada. Si le falta todavía algo para llegar al fin, entonces no es perfecta todavía, está en camino, pero aún no ha llegado al fin. Cuando está completa, cuando ya no le falta nada, entonces se puede decir que ya ha llegado a la perfección. Hablando en este sentido, debemos concluir inmediatamente que el único ser perfecto es Dios, porque todos los demás seres, absolutamente todos, incluso la Virgen, todos pueden ser más perfectos de lo que ya son. "El santo que se santifique más, el justo que se justifique más", dice la Sagrada Escritura. Y todo aquello que nos falta todavía para llegar a la cumbre, eso es lo que tenemos de imperfección. Por consiguiente, cuánta razón tenía Ntro. Señor cuando le dijo a aquel muchacho del Evangelio: "¿Por qué me llamas bueno? Si solamente es bueno Dios". Ni siquiera la Virgen, la Virgen fue perfectísima, qué duda cabe, pero podría haberlo sido más todavía en cuanto que no era infinitamente perfecta. Cristo sí que es la perfección absoluta. La Santísima Virgen llegó al colmo de la perfección en cuanto que una criatura puede alcanzar, hasta ser digna Madre de Dios, ni más ni menos, que eso se dice muy pronto, pero infinitamente santa la Virgen no es. Solamente Dios y solamente Cristo son infinitamente santos. Por consiguiente, podemos hacernos una idea de dónde está la perfección: cuando uno está terminado, completo y acabado, lo cual solamente lo posee Dios. Pero en fin, a medida que nos vayamos acercando, nos iremos aproximando a la perfección.

Perfectos del todo, totalmente, en el sentido filosófico de la palabra, no lo seremos ni en el Cielo; no es posible, tendríamos que dejar de ser criaturas para convertirnos en Dios, y eso no es posible. Nosotros no seremos nunca infinitos, nunca. Pero por supuesto, a medida que nos vayamos acercando más a Dios, nos iremos santificando y perfeccionando más. También dice Santo Tomás, con mucha verdad, que respecto a la perfección, en tanto se dice de alguno que es perfecto en cuanto a que alcanza el propio fin, que es la última perfección de las cosas. Mientras andamos por los procedimientos para llegar a un fin, es señal de que no hemos llegado todavía a ese fin. Cuando llegamos al fin, entonces ya somos perfectos, ya no tenemos que seguir andando porque hemos llegado al fin. El fin es ya el colmo de la perfección. Para ello, repasaremos cuál es el fin absoluto de la vida cristiana y de la existencia del hombre, y el fin relativo. Porque hay dos fines: uno absoluto y otro relativo. Estas son las cosas fundamentales, aquello que debemos saber obligatoriamente. Las cosas fundamentales son muy pocas, y o bien se vuelve a lo fundamental, o bien se anda uno por las ramas, por lo secundario, perdiendo un tiempo precioso que deberíamos emplear en estudiar bien aquello que es lo único necesario, como le dijo Ntro. Señor a la afanosa Marta, mientras su hermana María fue elogiada por haber escogido la mejor parte. Hay que volver a lo fundamental, hijas mías. El Padre Nuestro es la oración de las oraciones, y la decimos no sé cuántas veces al día, claro. La gloria de Dios es el fin último y absoluto de la vida cristiana y de nuestra existencia. Eso es lo fundamental.

De todas formas, voy a resumir brevemente las cosas para que refresquemos aquellas ideas que son fundamentales y que nos ponen sobre la marcha para ver en qué consiste la perfección cristiana. Miren ustedes, a la vida cristiana se le pueden señalar dos fines, o si se quiere, uno solo, con dos modalidades distintas: un fin último y absoluto, y otro próximo o relativo. El primero es la gloria de Dios, el segundo es nuestra propia santificación.  Vamos a examinar cada una de estas dos modalidades a continuación.


CONTINUARÁ... (5:00) La naturaleza de la perfección cristiana

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Message  Javier le Jeu 22 Aoû 2019, 6:25 am

En primer lugar, la gloria de Dios, fin último y absoluto de la vida cristiana. Es clásica la definición de la gloria: "clara notitia cum laude". Por su misma definición expresa de suyo algo extrínseco al sujeto a quien afecta. La gloria es algo extrínseco. Sin embargo, en un sentido menos estricto, podemos distinguir en Dios una doble gloria: una gloria intrínseca, que brota de su propia vida íntima, y otra extrínseca, procedente de las criaturas. Miren, la gloria principal de Dios es la gloria intrínseca, y esa gloria intrínseca Dios la tiene desde el principio de Su existencia, es decir, sin principio, porque Dios no ha empezado a existir nunca. Es éste el misterio de los misterios para mí, el más grande de todos los misterios, más que el misterio de la Trinidad y más que el de la Eucaristía, no hay comparación. El misterio de los misterios es que Dios es eterno, que no ha empezado a existir nunca, que no empezó nunca, nunca, nunca empezó porque Dios siempre ha sido eterno... Esto es tan sublime y tan enorme que no cabe en nuestra cabeza; de hecho, no lo entenderemos ni siquiera en el Cielo. Dios no ha empezado nunca, Él es eterno. Pues bien, desde aquel nunca, desde aquel siempre, Dios tiene una gloria infinita en Sí mismo. La gloria que el Padre proporciona a Su Hijo, y el Padre y el Hijo proporcionan al Espíritu Santo, y el Espíritu Santo al Padre y al Hijo tiene una expresión infinita, de gloria infinita, en el seno de la Trinidad beatífica. Y esa gloria la tiene desde aquel principio sin principio, desde aquel nunca empezar, Dios la tiene ya desde entonces. Y esa gloria no puede aumentar ni disminuir, las criaturas no Le pueden añadir absolutamente nada ni tampoco Le pueden quitar absolutamente nada. Si todas las criaturas se hicieran santísimas, tan santas como Ntra. Madre la Virgen María, no le añadirían nada a la gloria intrínseca de Dios, absolutamente nada. Del mismo modo, si todas las criaturas se convirtiesen en demonios, en Satanases, no le quitarían absolutamente nada a la gloria intrínseca de Dios. La gloria intrínseca de Dios es infinita y la tiene asegurada en Sí mismo. Y alegrarse, gozarse en esa gloria infinita de Dios, en eso consiste el colmo de la santidad, hijas mías.


Alegrarse de que Dios sea quien es, de que Él sea tan perfecto que nosotros no le podemos añadir absolutamente nada, porque ha llegado al colmo, está acabadísimo, está terminado, está completado, ya no Le podemos añadir absolutamente nada. Si pudiéramos añadirle algo, es que no sería infinito, le faltaría ese algo que nosotros podríamos añadirle. Como no le podemos añadir nada porque Dios es infinito, gozarse en que sea tan grande que yo no Le puedo añadir nada, esto constituye el colmo de la perfección y de la santidad: gozarse de la gloria intrínseca de Dios. Y este gozarse de la gloria intrínseca de Dios constituye a la vez la gloria extrínseca de Dios, la que Le procede de las criaturas. Le procede de las criaturas, Le viene de nosotros mismos, pero no Le añade nada, no Le añade nada a Dios, sino que nos la añadimos a nosotros mismos, porque Dios ha sabido arreglar las cosas de tal manera que Él encuentra Su propia gloria glorificándonos a nosotros. ¿Dios encuentra Su propia gloria enriqueciéndonos a nosotros! Y al enriquecernos a nosotros, Dios no se empobrece en nada, absolutamente en nada. Tampoco se enriquece, pero no se empobrece. Esto es el colmo de la manifestación de la plenitud, de la generosidad, de la liberalidad... Y pensar que un filósofo impío tuvo la desfachatez y el atrevimiento inaudito de decir que "Dios es el gran egoísta, porque todo lo hace por Su gloria, por consiguiente se busca a Sí mismo". Ni sentido común tenía este pobre hombre cuando lanzó esa horrible blasfemia. Porque cuando Dios hace todas estas cosas, Él no se busca a Sí mismo sino que lo que quiere es hacernos felices a nosotros Sus criaturas, Dios busca nuestra propia felicidad, o mejor dicho, Él encuentra Su gloria haciéndonos felices a nosotros. ¡Esto es sublime, hijas mías! Y fíjense, realmente Dios no busca nada, porque si buscara algo es que todavía Le falta alguna cosa, por eso Dios no busca nada, sino que Él se encuentra feliz haciéndonos felices a nosotros. Esto es un misterio enorme y maravilloso. Es el colmo de la generosidad, del amor, del altruismo, de la liberalidad... nada de egoísmo, sino precisamente todo lo contrario: Dios se lanza sobre nosotros para hacernos felices. Hay mucha gente que se queda un poco decepcionada o desencantada con esto; yo recuerdo una vez una monja que después de oír esta predicación se acercó a mí y me dijo: "Ay Padre, entonces ¿yo no Le puedo añadir nada a Dios?" Y yo le respondí: "No, hermana, ni usted ni yo podemos añadirle nada a Dios". "Vaya, pues yo creía que sí que le podía añadir algo a Dios", me dijo ella con cara triste. "Pues estaba usted equivocada, hija mía"- le repliqué con dulzura y alegría yo-. "Era usted hasta ahora una pobrecita ignorante, hermana. Y le diré más, usted y yo debemos saltar de gozo y alegría al saber que no le podemos añadir nada a Dios. ¡De eso debemos gozarnos, hija mía! ¡De que no Le podemos añadir nada a Dios!"  Y ella me preguntó muy inquieta. "Entonces, Padre, ¿para qué santificarnos si no podemos añadirle nada más a Dios?" Y yo le contesté: "Porque Dios quiere nos santifiquemos por nosotros, no por Él, sino por nosotros, pero lo quiere. Por consiguiente, estaríamos faltando a la voluntad de Dios si no hiciéramos todo lo posible para santificarnos. Pero no porque podamos añadirle algo a Dios, que no le añadimos nada, nos lo añadimos a nosotros mismos, y Él quiere que nos lo añadamos a nosotros mismos". El colmo de la Caridad, de la generosidad, de la liberalidad, del altruismo... ese es Nuestro Buen Dios, hijas mías.

CONTINUARÁ... (9:20)

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Message  Javier le Ven 23 Aoû 2019, 5:57 am

El fin absoluto es la gloria de Dios y el fin relativo es nuestra propia santificación. Esto ha quedado claro, pero de todos modos voy a insistir en ello porque es algo fundamental y quiero que se les quede grabado en la memoria y en el corazón, hijas mías. La gloria intrínseca de Dios es la que Él se procura a Sí mismo en el seno de la Trinidad beatísima: el Padre, por vía de generación intelectual, concibe de Sí mismo una idea perfectísima, que es Su Divino Hijo, Su Verbo, en el que se refleja su misma vida, su misma belleza, su misma inmensidad, su misma eternidad, sus mismas perfecciones infinitas; y al contemplarse mutuamente se establece entre las dos divinas personas por vía de procedencia una corriente de indecible amor, un torrente impetuoso de llamas que es el Espíritu Santo. Este conocimiento y amor de Sí mismo, esta alabanza eterna e incesante que Dios se prodiga a Sí mismo en el misterio incomprensible de Su vida íntima constituye la gloria intrínseca de Dios, rigurosamente infinita y exhaustiva, y a la que las criaturas inteligentes y el universo entero nada absolutamente le pueden añadir. Es el misterio de Su vida íntima, en el que Dios encuentra Su gloria intrínseca absolutamente infinita. ¡Qué maravilla!


Dios es infinitamente feliz en Sí mismo, y no necesita absolutamente nada de las criaturas, las cuales no pueden aumentarle Su dicha íntima... pero Dios es Amor, Amor con mayúsculas, y el amor de suyo es comunicativo. Dios es el Bien infinito, Bien con mayúsculas, y el bien tiende de suyo a expansionarse -Bonum est diffusivum sui, dicen los filósofos-. He aquí el porqué de la Creación, la razón de ser de todo cuanto existe: Dios lo creó todo para expansionar Su Bien, para eso creó. Dios quiso en efecto comunicar Sus infinitas perfecciones a las criaturas, intentando con ello Su propia gloria extrínseca. La glorificación de Dios por Sus criaturas es, en definitiva, la razón última y suprema finalidad de toda la Creación. Fíjense ustedes qué cosa tan sublime: Dios usa Su propia gloria para la Creación sin que le haga falta para nada, pero Dios es el Bien infinito y la Caridad infinita, y nos ha creado para compartir con nosotros las maravillas de Su amor y bondad. Eso constituye Su gloria extrínseca. Y esto no solamente no supone ningún egoísmo transcendental en Dios, como se atrevió a decir con blasfema ignorancia un filósofo impío, sino que es el colmo de la generosidad y del desinterés, porque Dios no buscó con ello Su propia utilidad, dado que nada absolutamente podían añadirle las criaturas a Su felicidad y Sus perfecciones infinitas, sino que Dios quería únicamente comunicarles Su bondad. Dios ha sabido organizar de tal manera las cosas que las criaturas encuentran Su propia felicidad glorificando a Dios. Por eso dice Santo Tomás que "sólo Dios es infinitamente liberal y generoso, Dios no obra con indigencia, como si buscara algo que necesitara, sino que obra únicamente por bondad, para comunicar a Sus criaturas Su propia rebosante felicidad". Qué bonito y qué profundo es todo esto, hijas mías...


CONTINUARÁ... (12:15)

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Message  Javier le Sam 24 Aoû 2019, 12:50 pm

Dios nos ha creado únicamente por efecto de Su infinita bondad, para comunicarnos Su propia rebosante felicidad. Por eso, la Sagrada Escritura está llena de expresiones en las que Dios reclama y exige para sí Su propia gloria: "Soy Yo Yahveh, Yahveh es mi nombre, que no doy mi gloria a ningún otro ni a los ídolos el honor que me es debido" (Isaías 42, 8 ) ; "Es por mí, por amor de Mí lo hago, porque no quiero que mi nombre sea encarnecido, y mi gloria a nadie se la doy" (Isaías 48, 11) ; "Óyeme Jacob, y tú Israel, Yo te llamo, soy Yo, Yo, el primero y aun el último, y aun también el postrero" (Isaías 48, 11) ; "Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, el que es, el que era, el que viene, el Todopoderoso" (Apocalipsis 1, 8 ) etc, etc.


Tengan en cuenta el parrafito que les voy a leer a continuación, hijas mías, porque es fundamental para sus vidas. Recuerden esto siempre, ya verán qué maravilla. "La gloria de Dios. He aquí el alfa y la omega, el principio y el fin de toda la Creación. La misma Encarnación del Verbo y la Redención del género humano no tienen otra finalidad última que la gloria de Dios". Dice San Pablo maravillosamente en la 1ª Epístola a los Corintios: "Cuando le queden sometidas todas las cosas al final de los tiempos, entonces el mismo Hijo se sujetará a quien a Él todo se lo sometió para que sea Dios todo en todas las cosas". En el Cielo Dios será todo en todas las cosas, y nadie se preocupará más que de Dios. Yo no sé si de aquí se podrían sacar consecuencias que quizás a algunos les extrañarían, pero a mí no me extraña nada esto. Hay gente, e incluso esto lo he escuchado de religiosas también, que me han dicho: "Padre, ¿en el Cielo nos reuniremos otra vez con la familia, veremos a nuestros amigos, conoceremos a gente nueva?" Yo me echo a reír cada vez que oigo todo esto. Cuando tengamos el infinito a nuestra disposición y podamos morder y saborear el infinito, ¡nos tendrá sin cuidado todo lo demás! La posesión y el gozo de Dios lo será todo, y nada más importará. Hay mucha gente del mundo, y también religiosos, cuya única preocupación parece consistir en el bienestar de su familia, que no les toquen a su familia, la familia, la familia... Esto demuestra que todavía tenemos criterios humanos en vez de sobrenaturales, juzgamos las cosas según las juzgan los mundanos, y eso no corresponde a los hijos e hijas de Dios. En el Cielo Dios será todo en todos, morderemos a Dios, nos comeremos a Dios, y eso nos saciará de tal manera que nos tendrá sin cuidado todo lo demás. Ya verán ustedes la gran sorpresa que se va a llevar mucha gente que juzga con criterios puramente humanos y mundanos cuando comparezcamos ante Dios en la otra vida, ya lo verán. Y esto sucede por desgracia incluso entre almas escogidas, incluso entre religiosas de vida contemplativa.


Por eso, nos exhorta el Apóstol a no dar un solo paso que no esté encaminado a la gloria de Dios. "Ya comáis, ya bebáis, o ya hagáis alguna cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios" 1ª Corintios 10, 31. Todo, hijas mías, absolutamente todo. Cuando ustedes vayan a realizar cualquier acción, por cotidiana e insignificante que les pueda parecer, como por ejemplo ir al aseo, comer, beber, descansar... ¡háganlo TODO para la gloria del Buen Dios y por amor de Su santo nombre! Ya que, en definitiva, no hemos sido predestinados en Cristo más que para convertirnos en una perpetua alabanza de gloria de la Trinidad beatísima". Efesios 1, 4-5, que es lo más sublime que escribió San Pablo, en cuanto a la predestinación, que dice así: "Por cuanto que en Él -en Cristo-, nos eligió antes de la constitución del mundo [ab aeterno, desde aquel principio sin principio que les decía antes, desde aquel principio sin principio ya había pensado Dios en mí, en cada una de ustedes, y nos eligió, antes de que constituyera el mundo. ¿Para qué nos eligió Dios?] para que fuésemos santos e inmaculados ante Él, y nos predestinó en Caridad, [en Caridad, ya hablaremos de eso después,] a la adopción de hijos suyos por Jesucristo, conforme al beneplácito de Su voluntad, para alabanza de gloria de su gracia". Maravilloso. Ahí está todo. Toda la Teología se encuentra ahí, en esos dos versículos de la 1ª a los Efesios. Todo absolutamente tiene que subordinarse a esta suprema fidelidad. El alma misma no ha de procurar su santificación y salvación ¡sino en cuanto a que con ella glorificará más y más a Dios!


"Yo, ¿para qué nací?" "Para salvarme". ¡Mentira! Yo he predicado este punto crucial infinidad de veces. Nosotros hemos nacido y hemos sido predestinados ¡para glorificar a Dios, y mediante esto salvar el alma! ¡Eso sí! La salvación del alma también, por supuesto, ¡pero siempre en segundo lugar, no el primero! A quienes predican como papagayos esto de "¿Yo para qué nací? Para salvarme", hay que decirles enérgicamente que están difundiendo una gran mentira. [*Nota: esto es muy oportuno para desenmascarar a las falsas sectas "tradicionalistas" como la herética y cismática Fraternidad de San Pío X o la sacrílega línea Thuc, mercenarios y lobos con piel de cordero que repiten sin cesar a sus ignorantes y desgraciados "fieles" que su única razón de ser es administrar los "sacramentos" para la "salvación de las almas", sin tener en cuenta que la gloria de Dios y y Sus derechos y leyes canónicas de la Iglesia y los Papas están muy por delante de cualquier otra cosa] Hemos nacido para glorificar a Dios, y mediante esto, salvar nuestras almas. Eso sí. Lo otro es un error gravísimo. Ni la santificación ni la salvación pueden ir en primer lugar, sino siempre en segundo lugar. De manera que por encima de nuestra salvación y nuestra santificación está la gloria de Dios, hijas mías. Los santos, cuando enloquecen por el amor de Dios, llegan a veces a decir locuras, pero que se comprende inmediatamente lo que quieren decir. "Si yo comprendiera que en el infierno se puede glorificar a Dios más que en el Cielo, le pediría ir al infierno", dijo Santa Teresita del Niño Jesús una vez. Es una auténtica locura eso, y ella misma rectificó inmediatamente y añadió: "Pero esto no lo podría hacer Ntro. Señor porque yo sé que esto no lo quiere Él, no quiere que suframos y no me mandaría al infierno". Pero ya se comprende lo que quería decir la santa. Ella estaba diciendo que por encima de la glorificación de Dios no hay nada, ni la salvación ni la santificación, nada.


El alma misma no ha de procurara su salvación y su santificación sino en cuanto que con ello glorificará más y más a Dios. La propia salvación o santificación no puede convertirse jamás en fin último. Hay que desearlas y trabajar sin descanso en su consecución, por supuesto, pero solamente porque Dios lo quiere, porque ha querido glorificarse a Sí mismo haciéndonos felices, porque nuestra propia felicidad no consiste en otra cosa que en la eterna alabanza de gloria de la Trinidad beatísima.


CONTINUARÁ... (17:48)

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Message  Javier le Lun 26 Aoû 2019, 12:51 pm

Esto es un punto de vista fundamental, hijas mías. Si nos olvidamos de esto, entonces andamos por la ramas y perdemos un tiempo precioso en cosas secundarias y superficiales, un tiempo que ya no podremos recuperar. Este punto hay que tenerlo en cuenta de día y de noche, todos los días de nuestra vida, pensar en ello a cada momento... la gloria de Dios, la obsesión por la gloria de Dios, esto es lo que definitivamente importa, lo demás es todo secundario en comparación con esto. No olvidemos esto nunca, olvídense si quieren de las demás pláticas, pero ésta no la olviden NUNCA. Tenemos que estar obsesionados por la gloria de Dios, hijas mías. De día y de noche, ahora y dentro de un mes y dentro de un año, hay que insistir e insistir en esto las veces que haga falta: la gloria de Dios, la gloria de Dios, la gloria de Dios... que me hunda yo si fuera preciso, pero que Dios sea glorificado.

Tal es la finalidad última y absoluta de toda la vida cristiana. En la práctica, el alma que aspire a santificarse ha de poner los ojos como blanco y fin al que enderece sus fuerzas y anhelos en la gloria misma de Dios. Nada absolutamente ha de prevalecer ante ella, ni siquiera el deseo de la propia santificación o salvación, que ha de venir en segundo lugar, como el medio más oportuno para lograr más plenamente aquélla. Tenemos que procurar parecernos a San Alfonso Mª de Ligorio, de quien se dice que no tenía en la cabeza más que la gloria de Dios, y tomar por divisa la que San Ignacio dejó a su Compañía: Ad maiorem Dei gloriam, para la mayor gloria de Dios. Esta actitud es la que han adoptado todos los santos en pos de San Pablo, quien nos dejó la consigna más importante de la vida cristiana al escribir a los Corintios: "Omnia in gloriam Dei facite", hacedlo todo para la gloria de Dios.

Esto es fundamental, hijas mías, no se olviden de esto. Esto lo he repetido muchas veces en mis predicaciones, y no me cansaré jamás de insistir en ello, porque es necesario insistir en lo fundamental, escoger siempre la mejor parte al igual que hizo María la hermana de Marta, y así evitemos andar por las ramas con temas secundarios y superficiales. La santificación de nuestra propia alma no es pues el fin último de la vida cristiana. Por encima de ella está la gloria de la Trinidad beatísima, fin absoluto de todo cuanto existe. Y esta verdad, fíjense bien qué bonito es esto, esta verdad, con ser tan elemental para los que comprendan la transcendencia divina, no aparece sin embargo dominando en la vida de los santos sino muy tarde, cuando ya su alma se ha consumado por el amor en la unidad de Dios, cuando los santos llegan a aquella altura espiritual entonces sí que lo ven todo clarísimo, y se ríen de todo, porque ya no les interesa ninguna otra cosa que no sea Dios. Sólo en las cumbres de la unión transformativa, identificados plenamente con Dios, sus pensamientos y quereres se identifican también con el pensamiento y el querer de Dios. Solamente Cristo y María, desde el instante primero de su existencia, han realizado con perfección este programa de glorificación divina que es el término adonde viene a desembocar todo el proceso de la santificación acá en la tierra. En la práctica, nada debe preocupar tanto a un alma que aspire a santificarse como el constante olvido de sí misma y la plena rectificación de su intención a la mayor gloria de Dios. "En el Cielo de mi alma, decía Sor Isabel de la Trinidad, la gloria del Eterno". La gloria del Eterno: he aquí la consigna de toda la vida cristiana. En la cumbre más elevada de la montaña del amor, esculpió San Juan de la Cruz con caracteres de oro: "Solo mora en este monte la honra y gloria de Dios". Al pie del monte no sé cuantísimas cosas, dice lo que tenemos que hacer para ir subiendo y subiendo en la vida espiritual; a mitad de la montaña dice: "por aquí no hay camino, que para el justo no hay ley"; y cuando llega a la cumbre dice: "Solo mora en este monte la honra y gloria de Dios". En el Cielo solo morará la honra y gloria de Dios, y todo lo demás nos tendrá sin cuidado.

Como se imaginarán, esto yo no lo predico para la gente que está en el mundo -o sea, para quienes no han sido llamados a la vida religiosa (Nota de Fray Javier del Espíritu Santo)-, porque desgraciadamente, no son capaces de entenderlo. Para ellos, parece que únicamente les importe "la familia, la salud, el bienestar, el trabajo..." ¡Pero todo esto son cosas humanas! Esta pobre gente no es capaz de entender esto, por eso yo no se lo predico porque es perder el tiempo con ellos... Pero cuando algunas almas escogidas como ustedes parece, parece que quieren santificarse de veras, entonces por amor de Dios, estoy obligado a decir las cosas como son, aunque mis palabras resulten muy fuertes y radicales para el mundo, el mundo nunca entenderá esto, a mí me han dicho muchas veces cosas como "Este Padre se ha vuelto loco. Ha leído tanta literatura mística que se ha vuelto loco y ha perdido de vista los problemas reales de la gente". Claro, toda esa pobre gente está bajo la influencia del espíritu del mundo, el cual, no lo olvidemos, es enemigo del Espíritu Santo. Pero ustedes sean almas fieles y devotas y no me olviden nunca esto, por el amor de Dios. Esto es absolutamente fundamental.


CONTINUARÁ... (21:52)

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Message  Javier le Mar 27 Aoû 2019, 1:12 pm

De manera que la gloria de Dios es el fin absoluto, y esto ha de ser nuestra obsesión permanente, hacerlo todo a la mayor gloria de Dios. Si es que, en verdad, no hace falta ni que recen de manera rutinaria y como autómatas, no me sean rezadoras de este modo, por amor de Dios, hagan mucha oración, pero no recen, sino hablen con Dios y díganle a cada momento mediante un grito en el corazón: "Esto es para tu gloria, Dios mío, esto es para gloria tuya, oh Señor Jesús". Cualquier cosa que hagan, por pequeña que sea, háganlo todo para la gloria de Dios. Por ejemplo, la madre superiora les permite coger un algodón, díganle de corazón a Dios: "Señor, este algodón lo cojo para tu gloria". Todo en absoluto, todo, hasta las cosas más insignificantes. Y esto, háganlo 100 veces al día, 1000 veces al día, con un movimiento del corazón, sin decir una palabra, no hace falta que digan nada, porque Dios se fija en nuestro corazón y nuestra intención, eso es lo que cuenta. No recen, sino hablen con Dios a través de impulsos del corazón, ofreciéndole todo para Su mayor gloria. ¿Van a beber un vaso de agua? Pues díganle a Dios: "Señor, voy a beber este vaso de agua por tu gloria, por tu gloria, por tu gloria"... Hijas mías, he aquí el punto fundamental: hacerlo TODO para la gloria de Dios. Si no me hacen esto, no se santificarán jamás. Así que fíjense ustedes si tiene importancia esto.


Como les he dicho antes, ésta es la plática más importante de todas. Realmente las cosas fundamentales son muy pocas, y son esas cosas las que hay que repasar una y mil veces si hace falta, porque ahí está todo lo que necesitamos saber. La gloria de Dios, unida a la oración y la humildad, constituyen todo lo imprescindible para la santificación del alma. Ya llegaremos a la oración y la humildad, las cuales son absolutamente necesarias para alcanzar la gloria de Dios.

Ahora vamos a pasar a la santificación del alma, que es el fin próximo y relativo. Después de la glorificación de Dios, y perfectamente subordinada a ella, la vida cristiana tiene por finalidad la santificación de nuestra propia alma. ¿Por qué Dios nos eligió? ¿Por qué Dios nos predestinó? ¿Por qué nos bautizaron cuando éramos pequeños? Para que seamos santos e inmaculados ante Él por la Caridad a gloria y alabanza de Dios. Este es el fin secundario. El Bautismo, puerta de entrada en la vida cristiana, es el día más grande de nuestra vida, mucho más que el día de nuestro nacimiento, porque siembra en nuestras almas una semilla de Dios, semen Dei, que es la gracia santificante. Ese germen divino está llamado a desarrollarse plenamente, y esa plenitud de desarrollo es cabalmente la santidad. ¿Qué hemos dicho antes? Que una persona es perfecta cuando está perfecta, acabada, cuando se ha desarrollado por completo en ella la gracia, entonces es cuando está perfecta. Ha llegado al fin de su vida, al objeto para el cual Dios la creó. Todos estamos llamados a la perfección, al menos en un llamamiento remoto y suficiente, que ya les explicaré en otra plática, aunque estamos llamados en grados muy distintos, eso sí. Son cosas de la predestinación y no debemos querer indagar en ello. No todos estamos predestinados por Dios a ser Santa Teresa o San Juan de la Cruz, no todos. Pero atención, mucha atención, hijas mías, dado que no sabemos cuál es el grado al cuál Dios nos ha predestinado, entonces hemos de pensar que no hemos llegado todavía, y es necesario seguir, seguir, seguir glorificando a Dios y santificándonos, hasta cuando Dios quiera. Es mala señal cuando somos viejos y tardamos en morirnos, sí, sí, no se rían, porque esto indica que todavía no hemos llegado al grado al cual Dios nos tiene predestinados. A mí me han dado ya la Extremaunción varias veces, y todavía no me he muerto. ¡Mala señal! Yo no sé, sólo el Buen Dios lo sabe, pero si sigo vivo es porque aún no he llegado al grado que Dios ha pensado para mí. ¡Qué buen indicio es que se muera un muchacho o una muchacha joven! Si efectivamente esas almas buscaban la gloria de Dios como Santa Teresita de Lisieux, entonces morirse joven es muy buena señal, porque muestra que ya han llegado a la perfección que Dios tenía predestinada para esas almas jóvenes.

CONTINUARÁ...(24:55)

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Message  Javier le Mer 28 Aoû 2019, 1:57 pm

Recuerden aquel caso de mi con-novicio, Fray Pedro Porres, que se murió aquel día viendo a la Virgen del Rosario, el mismo día que cumplía 20 años... ese joven novicio había llegado ya a la medida de la perfección predestinada por Dios para él, y por eso se marchó. Yo escribí un artículo sobre él y dije que se murió tan jovencito porque ya había llegado al grado que Dios le tenía predestinado y ya está.

Ahora bien, ¿en qué consiste propiamente la santidad? Porque si la santidad es el fin secundario, ¿en qué consiste pues? Son varias las formas: - La santidad consiste en vivir de una manera cada vez más plena y entrañable la inhabitación trinitaria en nuestras almas. Vivirla con una plenitud tan enorme que es sentirla. "Siento que estoy habitada", decía Sor Isabel de la Trinidad. Eso significa que había llegado ya a la perfección. - Consiste en la perfecta configuración con Cristo, es decir, en nuestra total "cristificación". Es la fórmula más paulina, la de San Pablo, para quien no había más santidad que convertirse en Cristo. "Ya no soy yo quien vivo, es Cristo quien vive en mí". Para él no había más que Cristo, Cristo, Cristo... y nada más. No podía glorificar al Padre más que en Cristo y por Cristo y en Cristo. - La perfección consiste en la perfección de la Caridad. Y de esto les hablaré este año. Todo este cursillo va a girar en torno a la perfección de la Caridad, que en el fondo viene a ser lo mismo pero con otras palabras. O sea, la perfecta unión con Dios por el amor. Ya verán ustedes cuántas clases de amores hay. Y por último, se puede decir que también consiste en la perfecta conformidad de la voluntad humana con la de Dios. Cuando nuestra voluntad coincida de tal manera con la voluntad de Dios que no tengamos otro querer ni no querer sino lo que Dios quiera y no quiera, entonces ya habremos llegado a la perfección. Perfección más o menos relativa, en la forma en que estemos predestinados por Dios cada uno de nosotros, unos más y otros menos, pero hemos de adorar el grado de nuestra predestinación y, muy importante, no desear que sea mayor. Sí, fíjense ustedes bien en esto. A quienes dicen tonterías como "¡Yo quisiera amar a Dios más que todos los santos!", eso no son más que bobadas y mentiras, eso suena casi a una blasfemia. No, no, no. En lugar de eso, lo que tenemos que decir es esto: "Yo quisiera amar a Dios con todo lo que Él desde toda la eternidad quiere que Le ame". ¡Eso sí! Pero ni un grado más, no, cada uno que ame hasta lo que Dios quiera, pero no intentemos transcender la voluntad de Dios e ir en contra de ella, así que tengamos mucho cuidado.

De manera que cuidado con decir barbaridades del tipo "Me gustaría ser tan santa como la Virgen". ¡Eso no se puede decir! Es una blasfemia. Cada uno debe desear llegar al grado exacto de nuestra predestinación, ni más ni menos. Y como resulta que no sabemos cuál es ese grado,pues hemos de seguir, seguir, seguir...

Hijas mías, yo sé que la vida religiosa es incómoda, no cabe la menor duda; aquí en Olmedo hace mucho calor y también mucho frío, las dos cosas, y cuando a la una y media de la madrugada he oído la pasada noche la campana -yo duermo muy mal, pero lo oigo casi todo y me entero de todo-, me he dicho a mí mismo: "Estas pobrecitas religiosas se están levantando para ir a rezar y yo también". Y esto cada noche, tanto si hace calor como si hace frío, no cabe duda que es incómodo para nuestro cuerpo, levantarse a esas horas, y venir aquí para hacer una hora de oración, a lo mejor alguna de ustedes sintiéndose aburrida, sin saber qué hacer ni qué decir... Es pesado todo eso, cierto. Pero ahora piensen, hijas mías, ¿qué importarán todas estas incomodidades y sufrimientos con lo que nos espera? Vale la pena hacer un esfuerzo por amor a Dios y para Su gloria, vale la pena... Que esto no durará cien años, esta vida miserable no durará tanto tiempo. Probablemente ninguna de ustedes llegará a los 100 años de edad. Hay alguna monja que llega a los 100 años, pero son casos rarísimos y sucede muy pocas veces. Después nos espera la vida eterna, hijas mías, la vida eterna...

Santa Teresita del Niño Jesús nos dejó unas cartas preciosas escritas a sus hermanas desde el Carmelo, cuando todavía no había entrado Céline creo, y en ellas les decía a sus hermanas: "Aprovechemos con avaricia esta pobre vida, porque no tenemos más que esta pobre vida, que se nos está escapando de las manos. Y la otra vida depende de ésta, es más importante en cierto sentido esta vida que la otra. El grado de la otra vida depende de ésta, así que ¡aprovechemos con avaricia esta pobre vida!" Sí, hijas mías, sí. Entreguémonos a Dios con toda el alma, con salud o con enfermedad, ojalá que sea con enfermedad... con salud o con enfermedad, aprovechemos ávidamente esta vida que Dios nos ha dado para amarle y servirle, y así merecer para la otra vida. Y no se preocupen tanto por la salud corporal, hijas mías, que por esas cosas sólo se preocupan los mundanos, pero ustedes están en manos de Dios, así que entréguense a Dios por completo, y si alguna se muere pues que la entierren, pero de eso es de lo que menos tienen que preocuparse. Preocúpense solo de amar a Dios, cumplir Su voluntad y buscar Su mayor gloria siempre, que solo eso basta.


CONTINUARÁ...(28:35)

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Message  Javier le Jeu 29 Aoû 2019, 1:41 pm

Hay muy pocas almas que hacen esto. En teoría, lo comprenden y lo aceptan, pero en la práctica es otra historia... En cuanto tienen alguna dolencia o se sienten enfermas, todas sus preocupaciones giran en torno a la salud corporal, las visitas del médico, etc. Alguna preguntará: "Pero Padre, ¿es que acaso no podemos preocuparnos de nuestra salud física?" Sí que pueden hacerlo, hijas mías, pero háganlo con una indiferencia absoluta y siempre confiadas en la Divina Voluntad. Yo tomo todas las medicinas que me manda el médico, las tomo todas, pero me parece, no lo sé, quizás soy un pobre iluso, lo hago con una indiferencia absoluta y hasta deseando que el médico se equivoque y me envíe a la otra vida.

La gloria de Dios, hijas mías, eso es lo único que debe interesarnos, la gloria de Dios. Y nuestra santificación, pero de verdad, con toda el alma y todas nuestras fuerzas, santificación plena y no a medias. Y si no tienen fuerzas, pídanlas a Dios. Santa Teresita de Lisieux ya no tenía fuerzas, sus hermanas lo veían claramente, pero como la priora que tenía era muy severa y dura, ellas se indignaron y pensaron en protestar, pero Santa Teresita les decía "Callad, callad... Si me muero y me caigo un día en el claustro, ya lo verán todas y recogerán mi cuerpo". Ahí lo tienen. Santa Teresita, una auténtica santa. Sin embargo, hay bastantes monjas que está apegadas a esta vida que cuando caen enfermas, aunque sea levemente, ¡menudo espectáculo son capaces de armar! No tienen idea, estas pobres monjas. Claro que hay que tener en cuenta una cosa muy importante, yo puedo ser a veces bastante duro, y no debemos olvidar nunca que Dios no pide a todos lo mismo, no da las mismas luces a todos, hay monjitas que no tienen más luces que las pocas que poseen, y las pobrecitas dan el máximo de lo poco que tienen, no se les puede exigir más porque dan el máximo, no tienen más luces, qué se le va a hacer... Y hay que saber aceptar también el no ser para más, el que Dios no nos haya dado más luces, más gracias, más inteligencia, etc... hay que aceptar también todo eso. Si uno es pequeño, muy pequeño, y ha recibido muy poco, qué se le va a hacer. Si el Buen Dios lo ha querido así, bendita sea Su santa voluntad siempre. Hay que aceptarlo humildemente, hijas mías.

Cuántas veces le digo a Nuestro Señor que no le entiendo, que no comprendo Sus misteriosos designios... pero hay un versículo de las Sagradas Escrituras que me tranquiliza cada vez que tengo alguna duda o tentación contra la Fe: "Iuditia Domine vera, iustificatem semetipsa", es decir, los juicios de Dios son verdaderos y están justificados por sí mismos. ¡Ya está! Aunque yo no lo entienda, ahí tengo la respuesta. Sus juicios son verdaderos y están justificados por sí mismos.

CONTINUARÁ... (31:01)


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Message  Javier le Dim 01 Sep 2019, 6:47 am

Los juicios de Dios son verdaderos y están justificados por sí mismos. Ya está. Si alguien no lo entiende, debe agachar la cabeza humildemente y aceptarlo. ¿Qué les parecería a ustedes si ahora viniera un pobre ignorante de la calle y entrando en este convento dijera: "Eso que ha dicho el Padre Royo es mentira"? Y tratase de discutir y rebatir todo lo que yo sé de Teología mucho mejor que él, ¿qué les parecería a ustedes? Seguramente ustedes pensarían que ese pobre hombre está haciendo el ridículo discutiendo con un teólogo. Pues bien, entre ese pobre ignorante y yo hay una diferencia, pero pequeña, muy pequeña. Sin embargo, entre nosotros y Dios hay una diferencia infinita, hijas mías, infinita. Y que con nuestra pobre cabeza queramos nosotros juzgar los juicios de Dios y entender lo que no cabe en nuestra cabeza, ¡eso es el colmo de la desfachatez y de la poca vergüenza! No podemos pedirle cuentas a Dios, absolutamente no podemos hacer eso. Hay gente que se escandaliza cuando oye esto, sobre todo gente del mundo, que dicen: "¿Por qué, si Dios sabe que esa alma se va a condenar, por qué la crea entonces? Sería mejor no haberla creado, ya que Él sabe que va a terminar condenándose". Pero vamos a ver, ¿quién eres tú para pedirle cuentas a Dios? ¿Quiénes somos nosotros, miserables pecadores, para pedirle cuentas a Dios? Dios lo hace todo infinitamente bien, bien pensado, con infinita sabiduría, y con infinito amor... ¿Quién eres tú para juzgar a Dios?
Hay que bajar la cabeza humildemente y aceptar los infinitamente santos designios del Buen Dios, hijas mías.


Yo así lo hago cada vez que me surge alguna duda o dificultad, le digo al Señor que no Le entiendo por mucho que me esfuerce, pero que sin embargo acepto Su divina Voluntad porque sé que está bien hecho todo lo que Él hace, siempre. Y la Santísima Virgen me ayuda mucho a humillarme y aceptar los juicios de la Divina Majestad. ¿Qué yo sigo sin entenderlo? ¿Y qué más me da a mí que yo no lo entienda? ¿Quién soy yo para juzgar lo que Dios hace? Sé que todo lo que Dios hace está bien, justamente porque lo hace Él, que es infinitamente santo, sabio y justo, y lo demás no importa. Así es como resolverán también ustedes las dudas contra la fe, hijas mías, con mucha humildad y aceptando que Dios no se equivoca NUNCA. Sean humildes y no quieran indagar más allá de lo que corresponde, si no lo hacen así estarán perdidas, porque el demonio tiene muchos argumentos y sabrá cómo enredarlas y confundirlas. El demonio es mucho más teólogo que yo, es un teólogo tremendo el demonio, y si ustedes quieren discutir con él para buscar razones a las dudas de fe, el demonio las enredará y confundirá de una manera terrible. Así que háganme caso y no discutan con el demonio. En vez de eso, cierren los ojos inmediatamente y díganle: "Lo creo todo porque así lo ha hecho Dios". Y se acabó, no hay más que hablar. "¿Por qué me has visto crees, Tomás? Bienaventurados los que no han visto y creen". Nos dice Ntro. Señor en el Evangelio.


CONTINUARÁ...(32:32)

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Message  Javier le Mar 03 Sep 2019, 6:58 am

Como ven, este año vamos a hablar de cosas muy serias. Recordando cosas muy fundamentales, añadiendo algunas que todavía no les he explicado, les hablaré un poco sobre la Mística, que hasta ahora les había hablado muy poco de ella, pero estoy por decirles que la principal de todas las conferencias de este año es la de hoy, ésta hijas mías, no me pierdan de vista esta predicación. Quiero que ustedes tengan la obsesión de la gloria de Dios, la obsesión por la gloria de Dios... Y cuando toque la campana, reaccionen ustedes en el acto, enseguida, no le regalen dos o tres segundos al demonio, no, inmediatamente todo para el Señor, en el acto, como si les hubieran aplicado una corriente eléctrica, no le roben a Dios ni siquiera dos segundos, porque si se los roban a Dios se los están dando al demonio, en el acto. Están escribiendo una carta, están escribiendo una palabra, pues si oyen la campana, interrumpan todo lo que estén haciendo en el acto, y recójanse interiormente en Dios mediante la oración, ipso facto. Son esos pequeños detalles, esas cosas aparentemente sin importancia que no constituyen en sí la santidad, pero justamente en esos detalles se nota, se nota si uno quiere ser santo o conformarse con la mediocridad y el egoísmo, detalles como ponerse de rodillas interiormente y exteriormente si hiciera falta delante de aquella hermana que les resulte antipática.

Bueno, pues vamos a rezar un Ave María para que la Virgen bendiga todo esto que estoy diciendo, porque si no lo bendice Nuestra Santísima Madre, no serviría para nada. Si la siembra que se hace no la riega el rocío de la Gracia, es inútil todo.


Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus. Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et in hora mortis nostrae. Amen.

Gloria Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in sæcula sæculorum. Amen.

Agimus tibi gratias, omnipotens Deus,
pro universis beneficiis tuis,
qui vivis et regnas in saecula saeculorum. Amen.



Mañana empezaremos la plática de "La santidad es la perfección de la Caridad". Hasta mañana si Dios quiere, hijas mías.

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Message  Javier le Mer 04 Sep 2019, 12:20 pm

LA SANTIDAD ES LA PERFECCIÓN DE LA CARIDAD por Fray Antonio Royo Marín O.P.


Bueno, pues ya saben de qué les voy a hablar hoy. En realidad, todos estos años les vengo hablando de un solo asunto: la santidad, pero enfocado desde distintos puntos de vista. Aquel año tan importante cuando les hablé de la Trinidad, de Cristo, de la Virgen, de la Iglesia... el año pasado les hablé de los Sacramentos, unas conferencias importantísimas también... Este año, como una de las fórmulas para decir en qué consiste la santidad es que consiste en la perfección de la Caridad, pues les voy a hablar de eso. La misma finalidad pero por otro camino distinto.

Ante todo y sobre todo es preciso que tengamos ideas claras sobre lo que es la Caridad, porque mucha gente no tiene las ideas claras sobre esto, ni muchas monjas ni sacerdotes tampoco. Hay que tener un sentido exacto, teológico de lo que es la Caridad. Miren, comienza Santo Tomás de Aquino, porque Santo Tomás es el gran guía para todas estas cosas, y después yo se lo explicaré todo a ustedes con mucho detalle, comienza Santo Tomás diciendo que la Caridad es la amistad entre Dios y el hombre. Recordarán ustedes que les dije que Dios, por su inmensidad, está en todas las cosas, incluso en esta reja, en una piedra, en un animalito, y hasta en Satanás... En tanto que Creador, Dios está en todos los seres, en todas partes, pero solamente está como Creador en todos esos seres irracionales; ahora bien, los que tenemos la dicha de estar en Gracia por un regalo inmenso que Dios nos ha hecho, el estar en gracia de Dios, entonces Dios está en nosotros como Padre por la Gracia, y como Amigo por la Caridad. La Caridad establece una amistad entre Dios y los hombres, amistad que no está establecida con una piedra, con un animalito, ni tampoco con Satanás; ahí no tiene más que la inmensidad. En nosotros tiene Paternidad por la Gracia, la cual nos hace hijos de Dios, y Amistad por la Caridad, que establece una amistad entre Dios y nosotros. La diferencia por tanto es enorme y tremenda entre los que están en gracia de Dios y los que no lo están.

Comienza Santo Tomás diciendo que la Caridad es una amistad entre Dios y el hombre. Como toda amistad, importa necesariamente una mutua benevolencia en la comunicación de bienes, por eso la Caridad supone necesariamente la Gracia, que nos hace hijos de Dios y herederos de la Gloria. Donde está la Gracia, ahí está también la Caridad; donde está la Caridad, la auténtica Caridad, está siempre también la Gracia de Dios. Son inseparables. En cambio, la Gracia Divina es separable, perfectamente separable de las otras virtudes, incluso de las virtudes teologales; por ejemplo, si una persona comete un pecado mortal, ha perdido la Gracia, pero no por eso ha podido perder la Fe, puede todavía continuar teniendo Fe, aunque eso sí, será una Fe muerta, una Fe que no le vale para salvarse, pero tiene Fe, es por tanto separable de la Gracia, pero ya no le vale para la salvación, está muerta esa fe. Puede igualmente tener Esperanza quien comete un pecado mortal, puede esperar arrepentirse y que Dios le perdonará, y podrá así alcanzar la vida eterna, que es el objeto de la Esperanza. Como ven, son separables. Pero la Caridad y la Gracia de tal manera son inseparables que si se pierde la Gracia, se pierde la Caridad, y si se pierde la Caridad, se pierde la Gracia. Son inseparables, porque establecen filiación y amistad con Dios, son inseparables la una de la otra, Gracia y Caridad van siempre juntas. Por eso, hijas mías, la Caridad lo es TODO, absolutamente todo.


CONTINUARÁ... (3:48)

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