ISABEL LA CATÓLICA

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Message  Javier Dim 05 Juil 2009, 6:26 am

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CAPÍTULO PRIMERO


INFANCIA DE ISABEL (1451 -1461)


En el siglo XV no tenían los reyes de Castilla una capital fija para la Corte; habitaban palacios y fortalezas en diversas ciudades; Segovia, Cuellar, Valladolid, Escalona, Madrid, Medina del Campo y Madrigal de las Altas Torres. Fue en Madrigal donde nació Isabel la Católica el día de jueves Santo de 1451, y su padre, el Rey Juan II anunciaba al día siguiente a los Consejos el nacimiento de su hija con frase profética «os lo digo para que podáis dar gracias a Dios». El Doctor Toledo, médico que probablemente asistió a su nacimiento, que la acompañó muchos años durante su vida y la trató en sus dolencias, dice en su Diario: «Nació la Santa Reina Católica Doña Isabel, fija del Rey Don Juan el Segundo y de la Reina Isabel, su segunda mujer, en Madrigal, jueves XXII de Abril, IIII horas e II tercios de hora después de mediodía, MCCCCLI años».



«Desde la eternidad Dios te avizora, esta es la hora de los madrigales, Madrigal, dile si la niña llora el más florido de tus madrigales».



Tenía tres años Isabel cuando murió su padre y entonces la Reina viuda, Doña Isabel de Portugal, estableció su residencia en Arévalo, ciudad que le había dado el Rey, toda Amurallada y punto céntrico de las Castillas. Junto al río Arevalillo dice la leyenda que oía la pobre Reina aquella voz que la torturaba con el recuerdo trágico de Don Álvaro de Luna y de los últimos días del Rey Don Juan.

Vivió ordinariamente en Arévalo hasta muy avanzada edad y a su lado tenía y educaba a sus dos hijos: la Infanta Isabel y el Infante Don Alfonso, dos años más pequeño que su hermana. La Crónica incompleta que llega a 1475 dice: «La cual desde su niñez fue así de tan excelente madre en la muy honesta y virginal limpieza criada».

Y es que esta madre excelente era un vástago de la Casa de Avis, que dio al mundo príncipes maravillosos y nuestra Reina Católica heredó de ella cualidades excelsas. San Fernando, San Luis y Santa Isabel figuran también entre sus antepasados.

Hija de Rey y hermana de Rey, pasó su infancia pobremente en palacios destartalados, alejada de la Corte, y así su alma pura ser conservó al lado de su madre lejos de la vanidad y la disipación y crecía en virtud y ensanchaba el corazón, como el horizonte ilimitado de aquellas tierras, con mirada limpia como su cielo.

A Don Juan II le sucedió en el trono su hijo Enrique IV, nacido del primer matrimonio y que llevaba veintidós años a su hermana Isabel; pero mayor que la diferencia de edad era la diferencia de sus almas. Cuando llegó al trono no se ocupó de sus hermanos pequeños, que vivían como desterrados en Arévalo y gastaba sus rentas en fiestas cortesanas. Ya se había rebelado contra su mismo padre y fue tan mal rey como había sido mal hijo; «Rey salvaje que buscaba las fieras en la espesura», cuyo reinado sólo sirve para que brille más Isabel.

La Reina viuda puso gran esmero en la educación de su hija y quiso, ayudada de amigos muy fieles, formarla ella misma, aconsejarla con el tesoro de su experiencia y suavemente, con caliente amor de madre, inculcarla costumbres santas, sólida piedad y temor de Dios. No cayó en tierra estéril semilla tan preciosa; la niña Isabel, querida de cuantos la rodeaban por su belleza y por su inteligencia, mostraba un talento extraordinario y una habilidad sorprendente en cuantas enseñanzas recibía.

Aunque la tristeza y la mansa locura de su madre, siempre cubierta de luto con traje monjil, y con la angustia de su enfermedad, no creaban un ambiente grato en el palacio de Arévalo, de la paz del corazón la brotaba a la Infanta una franca alegría con la que todo lo celebraba jubicia de ir a Toledo en persona para atraerse aquella importante ciudad, clave tantas veces en la Historia de España; lo hace así y pide a su hermana que le acompañe.

La Infanta, que siente por él un cariño de madre y puede servirle y ayudarle, sale con Alfonso de Medina del Campo el día 29 de junio; pasan la llanura castellana y poco antes de llegar a Avila hace noche en Cardeñosa. Cansados de la jornada por el sol abrasador de Castilla se acuesta Don Alfonso después de cenar y al día siguiente amanece muerto; era el 5 de julio de 1468.

Las ilusiones sobre el Rey de quince años ca­yeron. La desgracia sobrecogió a todos los acom­pañantes y magnates y el corazón de Isabel quedó roto. Sin el hermano tan querido, en tiem­pos tan revueltos, se veía sola y la nube más negra cubrió repentinamente el horizonte que hacía unas horas se presentaba despejado y lu­minoso; todas las lágrimas eran pocas para llorar su nueva desventura y una vez más su refugio fue Dios.


A SUIVRE...

(http://genesis.uag.mx/edmedia/material/disputatio04/ic.htm)
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Message  Javier Dim 05 Juil 2009, 6:33 am

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CAPÍTULO II

ISABEL EN ORACIÓN
(1468)


Isabel, a sus diecisiete años, tenía una gran experiencia de las cosas y de los hombres, pues ha aprendido en el dolor propio y en el ajeno, y su corazón se ha dilatado como el mar.

Ahora, en esta inesperada y tremenda prueba, determina acompañar el cadáver de su hermano para darle sepultura en la iglesia franciscana de Arévalo, donde tantas veces oraron los dos juntos en su niñez. Allí verá a su pobre madre y, des­pués de recibir su bendición, se retirará una temporada en un convento; para consolarse con Dios y pedirle humildemente ayuda. Los hombres no pueden consolarla; conoce a los que la rodean y sabe de sus ambiciones.

La llenaban de amargura los ecos de las coplas de Álvarez Gato que recitaba el pueblo y que iban dirigidas a su hermano Enrique IV.


Plácete de dar castigos

sin porqué;

non te terná nadie fe

de tus amigos.

Y esos que contigo están

cierto sé

qu' uno a uno se t' irán

descontentos como yo.

Lo que siembras fallarás,

non lo dudes;

yo te ruego que te escudes

si podrás;

que en la mano está el granizo,

pues te place

desfazer a quien te faze,

por fazer quien te desfizo.




Isabel conoce la triste realidad de Castilla y busca refugio en el convento de Religiosas Bernardas en Santa Ana de Avila: Allí la veían las monjas cual estatua orante, incansable, de rodillas junto al Sagrario pidiendo luz al Señor, pues de modo providencial sintió hondísimo el dolor de España y deseó ardientemente poner fin a tanto desorden y para tal empresa necesitaba mucha ayuda de Dios. Como San Ignacio de Manresa, sale de aquel retiro la mujer inexplicable; parece que desde entonces los dones del Espíritu Santo brillaron en ella. Se iluminó su inteligencia, se fortaleció su voluntad y recibió una perspicacia y una prudencia consumadas. En verdad estuvo acertado el historiador que dijo, hablando de su espíritu, que era la Reina Isabel la Católica «dada y a la contemplación y dedicada a Dios» Después siempre conservó de «la ciudad ,de cantos y san­tos» recuerdo gratísimo. Allí dejará al Príncipe Don Juan años más tarde



«Para dormir a gusto

la eternidad de Ávila»




Avanzado el mes de julio se oye un día gran tropel cerca del convento y piensa con sobresalto si serán las huestes de su hermano Enrique -lo que no permitiría el Señor-. Unos instantes de angustia y ve con asombro que son los Grandes del Reino y, al frente de todos ellos, el Arzobispo de Toledo, que vienen a ofrecerla el trono.

Entregada Isabel completamente a la oración en aquellos días, lleva en el Corazón y en los la­bios el gusto y la luz de Dios, y esa luz brillará en sus palabras. El Arzobispo de Toledo, en nom­bre de todos, la expone su deseo: "Con dolor Dios se llevó a su hermano Alfonso de quien tan­to esperaban y ahora los nobles del Reino vienen a Ávila para declararla Reina de Castilla».

Todo un mundo de tentaciones pasaría en un instante por la imaginación halagada de Isabel, pero no la desvaneció el brillo de la corona y, con una serenidad impropia de sus años, sentada en medio de todos, les contestó, con dulzura y firmeza que no podía darles su conformidad ni ser ella declarada Reina de Castilla mientras viviese su hermano Enrique y que ojalá viviese muchos años y que a él debían todos someterse y obedecer; no tenía ansias del trono y sí de hacer la voluntad de Dios.

El Arzobispo quería obligarla a aceptar y ella contesta estas palabras imborrables: «Mucho soy maravillada de vos y de tanta premura. Tengo jurado no aceptar viviendo mi hermano». Todos enmudecieron y pensaron que la decisión era irrevocable. Todos vieron que la solución única era establecer la concordia con el Rey. Así lo exi­gía la firmeza de la joven Princesa.

Isabel continuó en su retiro del convento de Madres Bernardas habiéndoles prometido que encomendaría el asunto al Señor. Esta era la Rei­na que necesitaba Castilla y con ella un nuevo sol amanecía para España.

Tuvieron que acudir de nuevo los Grandes al Rey (a quien ellos habían destronado) para pro­ponerle una entrevista solemne con su hermana Isabel, en la cual Enrique IV la declararía su he­redera y entonces ellos le reconocerían de nuevo por Soberano. El Marqués de Villena, con sus astucias, trató de ello con el Rey, que dio su pa­labra de hacerlo, como si la escena de Avila no hubiese existido.

Mientras tanto Isabel continuaba pidiendo a Dios luz en su retiro y desde allí aconsejaba lo que se debía hacer. El 18 de septiembre de aquel mismo año (1468) fue el día señalado para la reu­nión. En ella de nuevo brillará la virtud de la In­fanta, sus magníficas cualidades de prudencia y grandeza de alma junto a su talento político.



Hay en la provincia de Ávila, entre los abrup­tos lugares de la sierra de Gredas, uno llamado Venta de los Toros de Guisando por unas piedras celtas que hay allí toscamente labradas en forma de animales.



«<¿Cuánto tiempo llevaban los cuatro toros juntos esperando esta tarde y esta cita?)))



Había también un monasterio de Jerónimos y una venta para dar cobijo a los caminante en los días duros de invierno. El Rey, con los nobles de Castilla, designó ese lugar para la solemne reunión de concordia y para jurar todos a la In­fanta Isabel por sucesora suya en el trono según ella había propuesto. Temían algunos una embos­cada y aumentó el temor cuando vieron que el Rey venía acompañado de soldados. La Infanta irradiaba seguridad y consiguió que todos tuvie­sen confianza. (Ella veía claridad en el porvenir donde todos veían confusión.)

Cuando el Rey llegó se fue a sus brazos y él la recibió haciéndola una cruz en la frente y be­sándola con cariño. Ante el Legado del Papa, ante los Grandes de Castilla adictos al Rey, ante los insurrectos hasta aquel momento, ante el pode­roso Carrillo, juró el Rey que la niña Juana la Beltraneja no era hija suya y declaró heredera del trono, a su muerte, a Isabel, su hermana.

El Arzobispo de Toledo, Don Alonso Carrillo, que tenía las bridas del caballo de la joven In­fanta, se mostraba irreductible en no querer prestar homenaje de sumisión a Don Enrique, pero Isabe, con amorosa coacción, consiguió que le besara la mano y la acatase como su Rey. Ninguno de los nobles de allí se han reunido puede compararse con la joven Princesa.

Cuando ha prestado el Rey su juramento y los Grandes le han besado la mano se levanta Isabel en medio de todos, saca un pergamino y, tenien­do al Legado del Papa por testigo, lee claramente que a todos los dispensa del juramento de fideli­dad que la habían hecho sin su consentimiento y manda que todos obedezcan y ayuden a su Rey para que gobierne bien y cumpla las condiciones que allí se le han exigido.

Aquel acto tendría trascendencia suma, pues quedaba para siempre declarada Isabel heredera legítima del trono de Castilla.


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Message  Javier Dim 05 Juil 2009, 6:37 am

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CAPÍTULO III

PRETENDIENTES DE LA INFANTA

(1468-1469)



Parecía que iba a nacer para Isabel el día claro de la paz, pero fue sólo un rayo de luz entre dos nubes. Dispuso el Rey que fuese a Ocaña para que las Cortes del Reino la jurasen allí por su heredera e Isabel obedeció sumisa. Ignoraba que Ocaña iba a ser su tormento y casi su prisión.

El acto de los Toros de Guisando debió tener resonancia en las cortes europeas y, sobre todo, el temple admirable de Isabel, pues ya en Ocaña, después de haber sido jurada por las Cortes en el otoño de 1468, empezó a recibir peticiones de príncipes extranjeros para matrimonio.

Este cortejo de amor, que a cualquier mujer la hubiese hecho feliz, a Isabel la haría sufrir mucha hasta que pudiese realizar su matrimonio con Don Fernando. Ambiciones y todo un mundo de intrigas se desplegaban ante la heredera del trono de Castilla.

Volvía con nuevo ímpetu el Rey de Portugal a pedir su mano y buscó como intermediario y valedor al Marqués de Villena, que de todo quién puede ser digno de ser tan osado, por mucho que sepa, que piense que sabe contar la excelencia que en vosotros cabe ni el menor quilate de vuestro reinado».


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Message  Javier Lun 06 Juil 2009, 6:04 am

CAPÍTULO IV

EL REY Y VILLENA

(1469 - 1474)




Los dos infantes comunicaron humildes, como hijos y súbditos, al Rey Enrique que se había celebrado el matrimonio, y desde entonces una nueva cruz, y bien pesada empezaba para Isabel, que necesitaría la grandeza de su espíritu y sus altas miras que llevarla con la perfección con que la llevó.

Continuaba Don Enrique en Andalucía cuando le llegó la noticia, y aquel hombre sin voluntad, atizado por Villena, se enojó tanto con el matrimonio de su hermana que se propuso hacer en ella un escarmiento. Mandaría apresar a los recién casados y les quitaría toda ayuda. Les aumentaban los trabajos y dificultades cada hora con el desafecto del Rey, e Isabel tenía que vivir ya en Valladolid, ya en Dueñas o en Ríoseco, lejos del alcance del brazo real y amparada por las fuerzas de sus amigos.

Vivía sin holgura, porque de Aragón, a donde había tenido que volver su esposo, no la enviaban medios, y el Rey de Castilla se los quita todos. Dios continuaba enseñándola en el contratiempo y la escasez; de este modo vivía más entre el pueblo, conocía sus necesidades, y cuando llegase al trono podría acudir mejor en su ayuda; mientras tanto acepta el dolor callada. Después Dios hablaría también concediéndole triunfos maravillosos.

El Marqués de Villena siguió manejando al Rey y le manejaría hasta su muerte. Con verdad decían las gentes que «Villena, ni palabra mala ni obra buena»; ahora es también él quien le dice al Rey cómo debe castigar a Isabel. ¿Qué le im­portaba al Marqués que se derramase nueva sangre en otra contienda guerrera si él de todo sacaba ganancia? Aconseja a Enrique que ofrezca en matrimonio al heredero de Francia a Juana la Beltraneja y desherede a su hermana. ¿Qué valor tenía que antes hubiera jurado el Rey que Juana no era hija suya y ahora jurara que sí que lo era? A Villena le interesaba alejar de Castilla a Don Fernando, porque temía que un día le reclamase los bienes que había usurpado a la corona.

Isabel vive aún en Dueñas, y el primero de oc­tubre nace su primera hija (la que sería Reina de Portugal), y en esos días sabe que pasa una ostentosa embajada de Francia con dirección al Valle de Lozoya por la Sierra de Segovia, para celebrar el 26 de ese mes de octubre los esponsa­les por poder entre Juana la Beltraneja (la niña que ella había tenido en brazos en el bautismo) y el heredero de Francia. Mucho debía saber Isa­bel del misterio de la Beltraneja, que por delica­deza de conciencia nunca quiso revelar.

Venía al frente de la embajada el Cardenal de Albi, el mismo que había pedido en matrimonio a Isabel hacía poco más de un año en Madrigal. En el Valle de Lozoya, en un día desapacible del otoño de 1497, el Rey juraba de nuevo su deshon­ra intentando desheredar a Isabel y consiguiendo con ello deshonrarse a sí mismo más y más de­lante de todos.

En Dueñas recibió Isabel la calumniosa carta que su hermano había publicado contra ella, cuyo autor era también Villena, y que la llenó de amargura. Entonces ella reunió el Consejo de los Grandes de Castilla para que se determinase lo que convenía hacer, y contestó con otra carta pú­blica a la de su hermano, que no parece carta de una mujer de veinte años, sino de un político lleno de experiencia y de espiritualidad.

La carta de Don Enrique y la contestación de Isabel son fieles retratos del alma de los dos hermanos que sirvieron para engrandecer a la Infanta a los ojos de los mismos partidarios del Rey. ¿Qué importaba que el Rey dijese que la desheredaba? ¿Qué importaba que Luis XI de Francia diera hasta 100.000 libras para deshacer el matrimonio con Don Fernando? Isabel aparece más grande en medio de tanta indignidad, y en estos momentos, rebajándola el Rey, la ensalzó. Además, ya no estaba Isabel sola con su mucho valer, estaba con ella su marido Don Fernando, que había de ser el genial hombre de Estado de su tiempo.

Isabel sale por su honor ofendido, por su dig­nidad rebajada, defiende la legitimidad de su matrimonio según todas las leyes, y recuerda al Rey que debía, pues era su hermano mayor, aun­que hubiese cometido falta, cubrirla con bondad. Le dice que ni él ni la Reina Juana habían sido su guarda como debían, sino Dios, «y que las obras de cada uno han dado y darán testimonio de nosotros ante Dios y ante el mundo. Lamenta su situación porque al defenderse cae injuria contra su hermano y su Señor y eso ella no lo quiere: puedo decir con Santa Susana, que me son angustias de todas partes, porque ni puedo callar sin ofender y desagradar al dicho Señor Rey, mi hermano, lo cual todo es a mí grave, y si las dejase en silencio parecería que yo misma las otorgaba».

Sobre la legitimidad de su matrimonio ahí es­taba la Bula de Pío II que la dispensaba del parentesco, y si fuesen verdad las deshonestidades de la carta del Rey «yo me debería doler y dolería más de la culpa que de la pena». Isabel, heri­da precisamente en su virtud y por su hermano, siente un grandísimo pesar; pero responde con serenidad mirando siempre la virtud, y con clari­dad que fue el medio más eficaz para que los Grandes del Reino se acercasen más a ella, al ver la grandeza de su alma. Después de esta valiente defensa aún tuvo que seguir peregrinando: de Valladolid a Ríoseco, a Torrelaguna, a Alcalá de Henares, a Aranda, ciudades de los grandes señores que estaban por ella y la defendían para que no cayera en manos del Rey y de Villena.

Vino por estas fechas de 1473 a España el Legado especial del Papa, Cardenal Rodrigo Borja, español, y entre las varias misiones que tría, no fue la última ni la menos importante procurar avenir al Rey con los Príncipes.

La íntima amiga de Doña Isabel, Beatriz de Bobadilla, se había unido en matrimonio con Don Andrés Cabrera, a quien había encomendado En­rique IV los Alcázares de Madrid y Segovia; Doña Beatriz, que tanto quería a la Infanta, rogó a su marido que influyese cuanto pudiera para llegar a la concordia, y Cabrera logró hacer ver al Rey la sinrazón de estar luchando con su hermana y lo bueno que sería la unión. ¿Por qué no hablar con la Infanta? Y el Rey, siempre sin voluntad, en este caso felizmente, accedió a la entrevista en Segovia.

Beatriz, gozosa con la noticia, partió en secreto a fines de diciembre a dar tan buena nueva a la Infanta y decirla que viniese en seguida a reunirse con su hermano. Disfrazada de aldeana se fue en una borriquilla, y disfrazada volvió de Aranda a Segovia y nunca más feliz, sin sentir ni los fríos ni las nieves del invierno castellano, pues iba ardiendo de entusiasmo con la noticia mejor que podía llevar a su querida princesa.

Isabel, que jamás conoció la pereza, salió inmediatamente para Segovia siguiendo los pasos de Beatriz. Y aquella irresistible influencia que ejerció siempre, que la haría dueña del corazón y de los bienes de los nobles de Castilla cuando llegase al trono, ganó también a Don Enrique en esta ocasión. La abrazó con amor, hablaron solos largo tiempo y siguió en el Alcázar hasta llegar a sacarla por las calles de la ciudad llevando él mismo las bridas del caballo que montaba su hermana, honrándola así públicamente. Desde el día de Inocentes hasta el día de Reyes estuvo con Don Enrique. Hermoso aguinaldo del Niño Jesús a Isabel, que tanto se lo había pedido para preparar los caminos de la salvación de España.

Don Fernando está muy cerca, en Turégano, temiendo que le aconteciese algún mal a su esposa, y recibe un emisario con la noticia de que el Rey le esperaba. Cuando llegó hicieron fraternalmente la paz. Una feliz circunstancia hizo que no estuviese allí el enredador Villena; pero pronto procuraría romper tan santa armonía.

Algunos nobles, acostumbrados a la intriga, aconsejaron al Rey que ya que tenía a los dos esposos en Segovia los hiciese prisioneros. De estos manejos trascendió naturalmente algo y en seguida los partidarios de Doña Isabel se ausentaron con Don Fernando, saliendo para Turégano. Decían a Isabel sus amigos que huyese, pues corría peligro y entonces estaba todo perdido; pero ella, con gran presencia de ánimo y una confianza grande, como en los Toros de Guisando, tomó sus medidas para no estar desprevenida, con una serenidad que a todos maravillaba, y continuó con su hermano en el Alcázar, sin dar la menor muestra de temor. Sólo quien en Dios confía puede guardar esa paz. Este hecho arranca a Mariana esta exclamación: «Hembra de grande ánimo; de prudencia y de constancia mayor que de mujer y de aquella edad se podía esperar».

No hubiera durado mucho tiempo esta unión entre los hermanos, porque había interés en seguir jugando con la voluntad del Rey; pero Dios, que para templar el espíritu de Doña Isabel y prepararla para la misión futura permitía pasase por tantos contratiempos y sinsabores, también se complacía en quitar de manera prodigiosa los estorbos y allanar sus caminos, como decía un cronista. Cada día aparecía más perfecta y cada día se sumaban a su servicio más gentes poderosas y más vasallos humildes. No obstante, continuaba rechazando el trono mientras su hermano viviese.

Cuando el Marqués de Villena procuraba de nuevo romper la armonía, le llamó el Señor a su juicio el día 4 de octubre, con una muerte como había sido su vida. Apenas recibió la noticia Doña Isabel mandó hacer sufragios por su alma. Decíanle los suyos que no los merecía, y hasta no les pareció justa su piedad con un enemigo que tanto daño la había hecho; pero Isabel sabía que la caridad cubre todas las faltas.



El día 12 de diciembre moría también inesperadamente el Rey de Madrid, y tampoco su muerte fue modelo de muertes cristianas. Isabel recibió en seguida la noticia, y mandó celebrar solemnísimas exequias al día siguiente en Madrid y en todas las iglesias de Segovia, y asistió ella.

Muerto el Rey, quedaba Isabel heredera del trono. Los regidores de Segovia dicen a la Infanta que la ciudad «estaba pronta para cuanto su Alteza ordenase , y es jurada Reina el día 13 de diciembre de 1474, a sus veintitrés años de edad.

Abrazada al pendón de Castilla entra en la Catedral y se queda postrada largo tiempo a los pies del Sagrario. Esta noticia aparece en un documento del Archivo de Segovia, firmado por el que era el Secretario del Ayuntamiento el día de la jura de la Reina Isabel.


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Message  Javier Lun 06 Juil 2009, 6:09 am

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CAPÍTULO V

REINA DE CASTILLA

(1474 -1476)



Día inolvidable para la historia de España el 13 de diciembre de 1474, y no sólo para España sino para el mundo. Isabel, que tan clavada tenía en el alma las desgracias de Castilla, hizo suya la oración medieval: «Señor, Señor: non tengas tanta saña por los nuestros pecados, non destruyas España», y aunque deseaba poner remedio a tantos males, no tuvo prisa por ser Reina y, además, quiso el Señor que echara hondas raíces en el sufrir, para que así llegase con mayor firmeza al trono y su obra fuese más fecunda.

Y, en efecto, en este reinado España llegó al mayor empinamiento que jamás había conocido y dejó por herencia gloriosa ,un Siglo de oro, si­glo que escaló todas las cumbres de la ciencia, de la literatura, de la diplomacia y de las armas, coronándolo todo con luz purísima la teología; un número crecidísimo de santos admirables difundió la luz y el amor de Cristo por todo el mundo. Tanto pudo la mujer que fue proclamada Reina de Castilla aquel día.

También a su alma de artista le cupo el honor de dejar en el arte su nombre como los Luises de Francia, como Ana de Inglaterra, como Manuel de Portugal. El estilo Isabel responde a la última fase del gótico y hay multitud de monumentos magníficos de este arte sembrados por toda España.

«¿Tienes algo, ciudad, de la Reina Isabel en tus árboles viejos? Somos regios mendigos de aquella majestad; pedimos la limosna triunfal de sus gloriosos reflejos".»

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Message  gabrielle Jeu 09 Juil 2009, 10:59 am

Qaund le dossier sera terminé, il sera traduit... Very Happy
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Message  ROBERT. Jeu 09 Juil 2009, 11:01 am

gabrielle a écrit:Qaund le dossier sera terminé, il sera traduit... Very Happy

Merci chère amie... Wink
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Message  Javier Mer 22 Juil 2009, 6:08 am

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CAPÍTULO VI

ISABEL PACIFICA ANDALUCIA, EXTREMADURA y GALlCIA (1477 - 1480)


A Toledo les llegan noticias alarmantes de Ara­gón, y en Extremadura tampoco se han sometido

Algunos señores levantiscos que añoraban su poder sin freno y quieren ayudar al portugués para sacar provecho propio. Pregunta Don Fernando a Doña Isabel su opinión sobre lo que deben ha­cer y la Reina contesta con dulce seguridad: "lo que hace la sangre, acudir a la herida sin ser lla­mada, ir al peligro para llevar la paz. El Rey a Aragón; la Reina a Extremadura».' En su viaje a Extremadura se detiene en Guadalupe implorando ayuda, y tan agradecida quedó a Nuestra Señora ,por su protección, que en adelante siempre que pueda pasará.. por aquél su paraíso como llamaba al monasterio y allí man­dará, con tierna devoción, que se guarde su tes­tamento.

En abril de 1477 fue a apaciguar a aquellos levantiscos extremeños y en julio está ya' en Se­villa, donde entró el día de Santiago y 19 primero que hizo fue ponerse de hinojos ante la imagen de la Virgen que había llevado y venerado San Fernando. Esta preciosa tradición mariana de España no se interrumpe. Atravesando los mares llevarán los españoles al Nuevo Mundo Virgenci­tas admirables, que con mil advocaciones se ve­neran allá y que han sido viva semilla de piedad en América.

Ante la Virgen de San Fernando oró largo rato Isabel; también ella quería ganar, como el Rey Santo, batallas para la gloria de Dios y el Señor no se hizo esperar. Dos días después, ya de no­che, estando con su esposo, la avisan que Don Rodrigo Ponce de León, Marqués de Cádiz, el temible adversario de la corona, viene solo y de­sea hablar con los Reyes.

Era el Marqués hombre joven, poderoso, va­liente. señor de varias fortalezas y tenía a toda Andalucía revuelta. En pleno triunfo, todo lo po­nía a disposición de la corona aquella noche y la Reina dijo maravillada «¿dónde se quedó el león rebelde?» Ya nunca dejaría de estar a su lado. Sería el paladín de todas las batallas contra el moro. Incondicional de Isabel, ganaría el sobre­nombre de el Cid de los Reyes Católicos y ella no se cansaba de agradecer a Dios esta ayuda inestimable para las guerras de la Reconquista.

En breves días hizo justicia en Sevilla. «Con esto era muy amada de los buenos y temida de los malos», y como los delitos que tuvo que cas­tigar eran tantos, ella, siempre inclinada a la in­dulgencia, concedió una amnistía generosa que alegró y dio mucha paz a todos. «La principal causa que la había movido a venir, había sido restablecer el orden y la justicia, en lo cual enten­día con la ayuda de Dios trabajar». Y de verdad que trabajó y con fruto; en muy poco tiempo dejó en Sevilla amistades inquebrantables y va­liosísimas para la corona.

Allí la dio el Señor, el último día de junio de 1478, la alegría de concederla un hijo varón, que constantemente había pedido y deseado.

(Para anunciar a España un nuevo Príncipe, ¿qué campanario como la Giralda?»)

Sus hijos iban naciendó en las distintas regio­nes, ofrenda entrañable de la, Reina 'a la unidad de España. La primogénita nació en Dueñas, en Sevilla Don Juan, en Toledo Doña Juana, Doña María en Córdoba y en Alcalá de Henares Doña Catalina.


La esperaban en Córdoba; la fama la precedía y todos deseaban, veda. Allí exigió a Don Alonso de Aguilar, herniano del Gran Capitán a quien tanto estimaba, que saliese de la ciudad, porque se había excedido en sus atribuciones. Obliga a restituir lo robado, es el amparo de los pobres, une a los Grandes y aunque les limita sus prerro­gativas, quedan prendados de ella. ¿Qué había puesto Dios en aquella mujer? Todo lo pesa y lo mide, no la acobarda nada y en todo triunfa.


Ha visto en Andalucía, sobre todo en Sevilla, los daños que causaban a la fe los judaizantes, los mahometanos y los falsos cristianos y deter­mina, asesorada por su gran Consejero el Carde­nal Mendoza, establecer en España el tribunal de la Santa Inquisición. Se atacará cuanto se quiera esta Institución, pero Isabel quiso la unidad reli­giosa y la Santa Inquisición sostenía las creencias y defendía su pureza. Por otra parte el pueblo no sólo la aprobó sino que palpaba el gran bien que hacía y la Reina, apóstol de la fe, acudió a Roma para establecerla en España.

Siempre iba con pie seguro, tomando consejo de hombres sabios y muy prudentes que se esme­raban en estudiar los problemas y en buscar so­luciones. Cuando estimaba que una obra era para gloria de Dios y bien de su pueblo, asesorada an­tes, no la dejaba hasta realizarla; así venció cuan­tos obstáculos se opusieron a la Inquisición. El resultado maravilloso que estaba dando la Santa Hermandad en el orden social, esperaba que diese la Inquisición en el espiritual. Cuando en 1488 pasó delante del sepulcro de San Pedro de Arbués, mártir por haber estableddo la Inquisi­ción, ordenó que se le hiciese un magnífico se­pulcro.

El Rey de Portugal preparaba una nueva gue­rra; derrotado en Toro, alentaba a los desconten­tos de Extremadura, donde todavía quería domi­nar a su capricho el Marqués de Villena (hijo) y se envalentonaba de su independencia y rebeldía la Condesa de Medellín, hija natural de Juan Pa­checo. Se instaló la Reina en Trujillo muy próxi­ma al lugar de la guerra; como siempre, la acon­sejan que se retire a lugar más ,seguro y, como siempre, contesta que «no ha venido a huir del peligro, ni escapar el trabajo, ni entiende dejar la tierra por dar tal contento a sus enemigos ni tal pena a sus súbditos».

El 2 de febrero de 1479 sus tropas deshicieron por completo al ejército portugués en Albuera y la Reina exigió que Doña Juana la Beltraneja es­tuviera recogida en Portugal para que no fuera ocasión de nuevas guerras. Esta victoria obligó al altivo Marqués de Villena a ofrecerse a Doña Isabel perdiendo muchas posesiones y ya desde entonces continuó fiel a ella hasta su muerte, lo mismo que la Condesa de Medellín. Toda Extre­madura quedó pacificada y fue ,después una de las regiones que más héroes dio a las empresas de la Reina y cuna de conquistadores gloriosos de América.

Galicia todavía estaba esclavizada por la anarquía, no había la menor seguridad en aquella hermosa tierra y necesitaba de la ayuda y pre­sencia de la Reina.

Pero antes de ir allá juzgó necesario fijar per­fectamente la legislación. Llevaba ya seis años de experiencia y conocía los, inconvenientes deca­recer de leyes precisas, y de acuerdo con los tiem­pos. Convoca en Toledo en 1480 las Cortes del Reino, que habían de ser las más famosas por su trascendencia. Allí se completó lo legislado en Madrigal de las Altas Torres sobre el orden so­cial y sobre las demás actividades de la nación.

Exigieron las Cortes que se devolviesen a la Corona los bienes que, por abandono de Enrique IV, habían pasado a manos de los Grandes, pues los Reyes se hallaban sin rentas para emprender la Reconquista. Alfonso Díaz Montalvo fue el en. cargado de hacer las Ordenanzas cuyo resultado, segÚn frase del cronista, fue «tan bien ordenado, que parecía obra divina para remedio y ordena­ción de los desórdenes pasados». Su nombre ha pasado a la Historia y la Reina quedó sumamente complacida, porque realizaba su ideal de jus­ticia basado en el fervor religioso. Se ha dicho, no sin razón, que en las Cortes de Toledo empezó la edad moderna.

Para agradecer al Señor el éxito, se celebra una misa solemne en la Catedral y al finalizar, Don Alonso de Cárdenas, Gran Maestre de Santiago, fue a recibir el pendón de manos de los Reyes y se ofreció para ir con toda su Orden a luchar contra el moro. Lágrimas de gratitud bri­llaron en los ojos de la Reina. ¡La Cruzada contra el infiel y el término de la Reconquista eran su sueño! Llevaba encendida en el alma la llama misionera y viene el Gran Maestre a avivarla.

Llevaba algún tiempo sin guía del espíritu y llamó para consultar a un religioso jerónimo, que, haciéndose mucha violencia, ha acudido: la Reina va a probar si aquél es el confesor que la conviene. Se ha puesto para confesarse de rodi­llas y el confesor continúa sentado. La Reina le indica que era costumbre estar los dos arrodilla­dos mientras se confesaba, y Hernando de Tala­vera la contesta que allí él es el representante de Dios y debe estar sentado. La Reina calla, se con­fiesa y luego dirá a sus íntimas Beatriz y Teresa Enríquez: «este es el confesor que yo necesitaba». Muy santo y muy humilde, fue durante muchos años su director. Después fue nombrado Obispo de Avila y más tarde primer Arzobispo de Gra­nada. '

Parte Doña Isabel con el Rey a pacificar Galicia. Allí mandó destruir más de treinta castillos y tuvo que hacer dura justicia para escarmiento; huyeron los que llevaban muchos 'crímenes sobre sí, pero, pasados varios años, Doña Isabel les concederá repatriarse si se incorporan a la gue­rra de Granada. ,Así nace el primer'ejército' de la legión que el Gran Capitán, en sus guerras de Italia, querrá llevar con él,., pero dirá muchas ve­ces que era más fácil ser leonero que conducir a los bravos soldados gallegos.

La obra realizada en Galicia fue maravillosa. Refiriéndose a ella dice Hernando, del Pulgar aquellas palabras de exaltada alabanza: «Provi­sión fue, por cierto, 'divina. hecha de la mano de Dios y fuera de todo pensamiento de hombres, porque... en pocos días, súbitamente,' se impri­mió en los corazones de todos tan gran miedo, que ninguno osaba sacar armas contra otro, ni mentir o ser descortés... todos gozaban de la paz y seguridad».

Isabel no se concedía descanso; terminaba el año 1480 postrada a los pies del Apóstol Santia­go, en cuyo honor levantó el Hospital de los Re­yes con su iglesia para los peregnnos.

De Galicia, acompañando a su esposo, se fue a Aragón donde todavía no había hecho su entra­da oficial, y a su llegada a Zaragoza fue indes­criptible el entusiasmo. En Aragón como en An­dalucía, en Salamanca como en Galicia, se viste con el traje regional; le pide prestado para pre­sentarse al pueblo ataviada con su indumentaria secular y querida y las gentes se estusiasman viéndola tan hermosa y tan sencilla, vestida como las mujeres de su propia tierra, Cuando devolvía los vestidos, que había pedido, los acompañaba siempre con alguna joya valiosa en recuerdo de su Reina.

A primeros de julio entraba en Zaragoza y a fines de mes ya está en Barcelona. Los catalanes tenían algunos pleitos con el Rey y reciben a Do­ña Isabel «con el mayor triunfo y fiesta que nunca ningún rey lo fue en los tiempos pasados»; aclamaban a la Reina deseada y pedían que acabase con los males de la ciudad. ¡Tanto esperaban de ella! Sabían que en otras ciudades había dejado una estela de paz y llegó su confianza tan lejos, que la hicieron Juez en los pleitos que tenían con el mismo Rey. El asunto era verdaderamente difícil; pero el Señor la dio luz para resolverlo todo contal acierto, que dejó contentos al Rey y a los catalanes; después irá gozosa a postrarse ante la Virgen morena de Montserrat.

También le ha concedido el Señor que se aca­ben en todos sus reinos los crímenes y los robos, que desaparezcan los litigios y bandos y lo que era más difícil: la sumisión de los Grandes y po­derosos. Es el gran consuelo para la madre que ve a sus hijos apoyándose mutuamente y vivien­do en armonía.

Ahora empieza a pensar, iluminada por la fe, que todavía está el moro dominando en las tie­rras de luz de Granada; que en ese trozo mara­villoso de España no se ama a Jesucristo y que es necesario recuperarlo, La Santa Cruz ha de ondear en todas las almenas de sus torres y ha de iluminar todas las almas. El pueblo acompa­ñaba a su Reina cantando aquel romance fron­terizo.

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Message  Javier Mar 28 Juil 2009, 1:34 pm

GRANADA, CISNEROS, AMERICA (1492)


En lo alto de la Torre de la Vela se ha enarbo­lado la Cruz Arzobispal del Cardenal Mendoza, Primado de Toledo. Los Reyes, los muchísimos sacerdotes que asistían, los ejércitos victoriosos con sus soldados heroicos la han adorado de rodillas. Isabel y Fernando, con los brazos en cruz, dan gracias al cielo. Se ha terminado la cruzada de ocho siglos y entran victoriosos en Granada.


¡Qué consuelo y qué cohorte ver por torres y garitas alzar las cruces benditas! ¡Oh, qué placer y deporte! y estaba toda la Corte a milagro ataviada que se suena que es tomada.


Los triunfos prodigiosos los recibe siempre la Reina con humildad, pues todo la viene del Señor. «Non nobis, Dómine, non nobis, sed nóminituo da gloriam». (No a nosotros, Señor, no a no­sotros, sino a tu Santo nombre" la gloria.) Repite sin cesar cuando todos la besan la mano en su entrada triunfal en Granada.

Ella piensa que ahora es cuando más ayuda necesita del Señor, pues urge conquistar las al­mas que no se rinden tan pronto como las ciu­dades; pedirá más oraciones, más sacrificios y dejará a su confesor de Arzobispo de Granada confiándole la evangelización. ' ,

El mismo día viernes 2 de enero encuentra tiem­po en medio de tantas emociones para escribir al Prior de Nuestra Señora de Guadalajara ro­gándole dé gracias a Dios por la toma de la ciu­dad, ya que tantas oraciones le ha pedido para conquistada. No olvida tampoco al Apóstol Pa­trono de España y le hace una manda de una fanega de trigo por cada yunta que haya en el Reino de Granada.

Sale al encuentro de los 700 cautivos que son libertados, y, llorando de emoción como antes en Córdoba, ante el dolor de estos pobres hijos suyos, los acompaña en devota procesión y reco­ge sus grillos y cepos de tortura para San Juan de los Reyes de Toledo. Abastece la ciudad con treinta mil cargas de harina y termina la Recon­quista como la empezó: orando, oyendo misa con abundantes lágrimas y cuidando a sus súbdi­tos con cariño entrañable.

Tan grande fue su amor a esta ciudad que en su testamento dice: «Quiero y mando que mi cuerpo sea sepultado en el Monasterio de San Francisco, que es la Alhambra de la Ciudad de Granada" y «los ornamentos de mi Capilla sin las cosas de oro y plata que quiero y mando sean lle­vadas y dadas a la iglesia de la Ciudad de Gra­nada".

Quizá una de las pruebas mayores de su pre­dilección por esta ciudad fue su generosidad al dejar en ella a su confesor, Remando de Talave­ra, tan difícil de sustituir y que ya no saldrá de allí, pues no se puede abandonar aquella Diócesis tan joven en la Fe.

«Parece que la Providencia descubre sus car­tas, y cuando terminó la Reconquista en España comienza la Reconquista agigantada de América. Santiago con su caballo blanco salta el Atlántico y llega a Otumba y al Cuzco".

Colón ofreció sus proyectos para llegar a las Indias a muchas cortes de Europa, pero en todas partes se le trató de visionario y en una carta dirá el mismo Colón que: «En todos había incredulidad, y a la Reina, mi Señora, dio dello el espíritu de inteligencia y esfuerzo grande», y «que sólo el esfuerzo de nuestro Señor y de su Alteza hizo que yo continuase». No se puede olvidar aquella otra carta, que tanto nos dice de la Reina en relación con América: «Todos aquellos que supieron mi empresa (el descubrimiento de América), con risa le negaron, burlando: todas las ciencias de que dije arriba, non me aprovecharon, ni las abotoridades dellas: en solo Vuestra Alteza quedó la fe y constancia; ¿Quién duda que esta lumbre non fue del Espíritu Santo?"

Antes de salir de Granada ha ultimado el plan de ayuda a Colón; ya en Santa Fe firmó el con­trato, pero continuará vigilando y alentando el proyecto hasta que en el tiempo propicio del ve­rano se lancen aquellas barquillas atrevidas a de­safiar los imposibles, para volver con el regalo maravilloso de América. Podemos pensar que Isabel «sin otra luz ni guía que la que en su co­razón ardía» pudo entender los planes del visio­nario genovés. Un dolor inmenso es que en Amé­rica se intente separar estos dos nombres glorio­sos, pues "el Señor los unió para ganar al Rey infinitas tierras, a Dios infinitas almas».


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Message  Javier Mar 28 Juil 2009, 1:42 pm

La Reina necesita confesor, para tratar con es­píritu de perfección los difíciles negocios de su vida pública y privada. El Cardenal la recomien­da a un religioso franciscano que ha vivido en la soledad del Castañar y que actualmente está en La Salceda; es provincial de su Orden y persona muy santa. Pero ama tanto la soledad que será poco menos que imposible acepte ir a la Corte y ser director espiritual de la Reina. Isabel quiere conocerle, y el Cardenal le llama para una con­sulta suya grave; acude Fray Francisco Jiménez Cisneros (éste era el religioso), y hecha la consulta le dice que la Reina desea conocerle. No lo puede eludir Cisneros, y Beatriz Bobadilla se pre­senta en la entrevista como si fuese la Reina y como dama suya Doña Isabel. Quiere observarle (muy propio de mujer) sin ser conocida, pero el religioso besa la mano de la Reina y ella se ríe y dice a Beatriz: "El Padre ha tenido mejor vista que el moro de Málaga (se refería al atentado del Santón)». Cisneros probó que era exacta la frase de Fernández de Oviedo, que entre todas las mu­jeres, el aspecto de Isabel era tal, que se la ten­dría por Reina.

Le ha consultado varias dificultades y ha que­dado prendada de él; ya tiene confesor; pero Cis­neros no quiere salir de la soledad -en la que tan unido se encontraba con Dios- y Doña Isabel se lo tiene que ordenar como Reina a súbdito; así Cisneros obedece. Tenía entonces cincuenta y seis años y será el confesor y consejero de Isabel hasta su muerte. «Su nombre llenará un siglo».

Preocupa hondamente a la Reina el daño tremendo que hacen a la religión los judíos, porque son la tentación constante contra la fe. Los pue­blos no los quieren por la usura, se amotinan contra ellos y hacen matanzas difícilmente evi­tables. '

La muerte que dieron al Niño de la Guardia ha irritado a todos y ella está obligada a cuidar del orden y de la fe. El asunto es difícil; ha con­sultado, ha esperado, ha pedido luz al Señor, y si la expulsión es para gloria de Dios la hará aunque la cueste, aunque con esta medida perju­dicase la economía (PERO NO BAJARON LOS VALORES, SINO QUE DEJO UN SIGLO DE ORO). El 31 de marzo del mismo año 1492 se promulga el decreto de expulsión de los judíos, y en él se señala el tiempo y las condiciones para su salida de España.

Una carta del Papa a los Reyes Católicos, re­ferente a este fundamental problema de la pureza de la fe, nos dice cómo nuestra Reina todo lo consultaba con Roma.

"Y así, alabamos y bendecimos este su santo propósito en el Señor, y, con el mismo fervor, suplicamos a Tu Serenísima que no consientas se propague esta peste por tus reinos».

«Y lo que pareces dudar que tal vez Nos hemos pensado que tu proceder contra los relapsos pro­cedía más de ambición por los bienes -temporales que de verdadero celo de la fe católica o de temor de Dios, te hacemos saber con toda certeza que no hemos abrigado jamás la menor duda sobre tus intenciones. Y aunque es cierto que no han faltado quienes para proteger los crímenes de los judíos han esparcido muchas especies ma­lévolas,no es menos ,cierto que nadie nos ha podido persuadir contra ti y contra tu esposo, nuestro carísimo hijo. Nos es conocida vuestra piedad sincera y vuestra religión. No creemos a todo espíritu, y si oímos las quejas de algunos no es para darlas crédito».

Cuernos de bueyes muertos en los propios que ellos tenían, y que así puestos, se los clavasen porque no se les pudiesen caer; y como los insertos volvían los extremos y puntas de ellos sobre las espaldas del toro, no podían herir a ningún caballo ni peón, aunque les alcanzasen, sino de plano y no hacerles otro mal, y así era tan gracioso pasatiempo y cosa para mucho reír, y de ahí adelante no quería la Reina que se corriesen toros en su presencia, sino con aquellos guantes de la manera que está dicho. ,

A fines de año tiene que acudir a Guadalajara. Su gran consejero el Cardenal Mendoza está gravemente enfermo. El tercer Rey de España, como se llamaba al Cardenal, siente una veneración muy grande por su Reina, y recibiría no pequeño consuelo al verla llegar con el Rey, a la hora de su muerte; ambos quedan como hijos a su lado hasta el último instante. El Cardenal, muy dueño de sí hasta el fin, les da sus últimos consejos, y en su testamento nombra albacea a la Reina Isabel.


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Message  Louis Lun 31 Aoû 2009, 2:22 pm

ISABELLE LA CATHOLIQUE

CHAPITRE PREMIER

ENFANCE D'ISABELLE (1451 -1461)

Au XVe siècle les rois de Castille n’avaient pas de capitale fixe pour la Cour ; ils habitaient dans des palais et des forteresses dans diverses villes ; Segovia, Cuellar, Valladolid, Escalona, Madrid, Medina del Campo et Madrigal de las Altas Torres . Ce fut au Madrigal qu’Isabelle la Catholique est née le Jeudi Saint de l’an 1451, et son père, le Roi Juan II, en annonçant le jour suivant aux Conseils la naissance de sa fille eut cette phrase prophétique « Je vous le dis pour que vous puissiez rendre grâce à Dieu ». Le Docteur Toledo, médecin qui a probablement assisté à sa naissance, et qui l’a accompagnée pendant de nombreuses années durant sa vie et qui l'a traitée dans ses souffrances, dit dans son Journal : « Est née la Sainte Reine Catholique Dame Isabelle, fille du Roi Don Juan le deuxième et de la Reine Isabelle, sa seconde femme, au Madrigal, jeudi XXII avril, IIII heures et II tiers d'heure de l’après midi, en l’année MCCCCLI ».

« Depuis l'éternité Dieu te surveille, c’est l'heure des madrigaux, Madrigal, dis-lui si la petite fille pleure la plus fleurie de ses madrigaux ».

Isabelle avait trois ans quand son père est mort et la Reine veuve, Madame Isabelle de Portugal, a établi sa résidence en Arevalillo, ville que lui avait donnée le Roi, toute fortifiée et point central des Castillas. Près de la rivière Arevalillo la légende dit qu’on entendait cette pauvre Reine, de cette voix qui la torturait avec le tragique souvenir de Don Álvaro de Luna et des derniers jours du Roi Don Juan.

Elle vivait, d’autre part, habituellement en Arévalo jusqu'à âge très avancé et avait instruit ses deux enfants : l’Infante Isabelle et l’Infante Don Alfonso, de deux ans plus jeune que sa soeur. La Chronique incomplète de 1475 dit : « Qui, depuis son enfance, d’une mère si excellente, a été élevée dans la pureté virginale et dans l’honnêteté ».

Et c’est que cette mère excellente était un rejeton de la Maison d'Avis, qui a donné au monde des princes admirables et notre Reine Catholique a hérité d’eux d’éminentes qualités. Saint Ferdinand, Saint Louis et Sainte Isabelle figurent aussi parmi ses ancêtres.

Fille de Roi et soeur de Roi, elle a passé pauvrement son enfance dans des palais délabrés écartée de la Cour, et ainsi son âme pure a pu être conservée, aux côtés de sa mère, loin de la vanité et de la dissipation, et croissait en vertu et élargissait son coeur, comme l'horizon illimité de ces terres, avec un clair regard, comme son ciel.

À Don Juan II, succéda sur le trône son fils Henri IV, né du premier mariage et qui était l’ainé de sa sœur Isabelle de vingt-deux ans ; mais plus que la différence d'âge était la différence de leurs âmes. Quand il est arrivé sur le trône, il ne s'est pas occupé de ses jeunes frères, qui vivaient comme des exilés en Arévalo et dépensaient leurs revenus dans des festivités courtoises. Il s'était même déjà rebellé contre son père et comme il avait été un mauvais fils, tel il fut un mauvais roi; « Roi violent, qui recherchait les fauves dans le fourré », et dont le règne n’a servi seulement qu'à faire briller encore plus Isabelle.

La Reine veuve a mis de grands soins dans l'éducation de sa fille et a voulu, aidée d'amis très fidèles, la former elle-même, la conseiller avec le trésor de son expérience et suavement, avec un amour passionné de mère, lui inculquer de saintes coutumes, une solide piété et la crainte de Dieu. Une semence si précieuse n'est pas tombée dans une terre stérile ; l'enfant Isabelle, chérie par beaucoup de prétendants à cause de sa beauté et de son intelligence, elle montrait un talent extraordinaire et une surprenante habilité dans tous ces enseignements qu’elle recevait.

Bien que la tristesse et la douce folie de sa mère, toujours couverte de deuil avec un vêtement monacal, et avec l'angoisse de sa maladie, ne créaient pas une atmosphère agréable dans le palais d'Arévalo, la paix du cœur faisait naître à l’Infante une joie franche, que tous célébrait, et qui la poussait à aller à Toledo en personne, attiré par cette ville importante, attachée tant de fois à l'Histoire de l'Espagne; elle fait ainsi et demande à son frère de l'accompagner.

L'Infante, qui lui porte une affection de mère et qui peut le servir et l’aider, part avec Alfonso de Medina del Campo le 29 juin ; ils passent la plaine castillanne et un peu avant d'arriver à Avila, il fait nuit en Cardeñosa. Fatigués de la journée et par le soleil brûlant de Castille, Don Alfonso se couche après le diner et, le lendemain matin, il est mort ; nous sommes le 5 juillet 1468.

Les illusions de quinze années sur le Roi sont tombées. Le malheur a étonné tous les compagnons et les magnats et le coeur d'Isabelle s’est trouvé à être brisé. Sans son très cher frère en des temps tellement confus, elle était seule et un nuage plus noir a soudainement couvert l'horizon qui, depuis quelque temps, se présentait dégagé et lumineux ; toutes les larmes étaient peu pour pleurer sa nouvelle mésaventure et une fois de plus son refuge a été Dieu.

A suivre.

_________________
Bienheureux l'homme qui souffre patiemment la tentation, parce qu'après avoir été éprouvé, il recevra la couronne de vie, que Dieu a promise à ceux qui l'aiment. S. Jacques I : 12.
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Message  Monique Jeu 07 Fév 2019, 9:08 am

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CHAPITRE II

ISABELLE  EN PRIÈRE
(1468)



Isabelle, à dix-sept ans, a eu une grande expérience des choses et des hommes, car elle a appris dans sa propre douleur et dans celle des autres, et son cœur s'est dilaté comme la mer.

Maintenant, dans cette épreuve inattendue et terrible, elle décide d'accompagner le corps de son frère pour l'enterrer dans l'église franciscaine d'Arevalo, où tous deux ont prié tant de fois ensemble dans leur enfance. Là, elle verra sa pauvre mère et, après avoir reçu sa bénédiction, elle se retirera un moment dans un couvent pour se consoler avec Dieu et demander humblement son aide. Les hommes ne peuvent pas la réconforter, elle connaît ceux qui l'entourent et ses ambitions.

Elle fut remplie d'amertume par les échos des couplets d'Álvarez Gato, récitées par le peuple et adressées à son frère Enrique IV.


Plaisir de donner des punitions

sans pourquoi ;

personne n'a foi en tes amis.

Et ceux qui sont avec toi

sont certains

que je sais qu'un à un ils seront

malheureux comme moi.

Ce que tu sèmes, tu l'échoueras,

n'en doute pas ; je te prie de

te protéger si tu le peux ;

qui dans la main est la grêle,

car il te plaît

pour défigurer celui qui t'a défiguré,

en défigurant celui qui t'a défiguré.




Isabelle connaissait la triste réalité castillane et s'est réfugiée dans le couvent des Bernardas religieux de Santa Ana de Avila : là, les moniales la voyaient comme une statue en prière, infatigable, agenouillée près du Tabernacle, demandant au Seigneur la lumière, car providentiellement elle ressentait la douleur de l'Espagne très profondément et ardemment désirant mettre fin à tant de désordre et pour une telle entreprise elle avait tant besoin de Dieu pour se faire entendre. Comme Saint Ignace de Manresa, l'inexplicable femme sort de cette retraite ; il semble que depuis lors les dons de l'Esprit-Saint ont brillé en elle. Son intelligence a été éclairée, sa volonté renforcée, et elle a reçu une perspicacité et une prudence consommées. En vérité, l'historien avait raison de dire, en parlant de son esprit, que la reine Isabelle la Catholique était "donnée et à la contemplation et consacrée à Dieu", après quoi il gardait toujours "la ville des chansons et des saints" très agréable souvenir. C'est là qu'elle quitta le Prince Don Juan des années plus tard.


"Dormir à l'aise

l'éternité d'Avila"



Plus tard dans le mois de juillet, on entend une foule nombreuse près du couvent et on s'étonne de savoir si ce sera les hôtes de son frère Henri - ce que le Seigneur ne permettrait pas. Quelques instants d'angoisse et elle voit avec étonnement qu'ils sont les Grands du Royaume et, à la tête de tous, l'Archevêque de Tolède, qui viennent lui offrir le trône.

Isabelle, entièrement consacrée à la prière en ces jours-là, porte dans son Cœur et sur ses lèvres le goût et la lumière de Dieu, et cette lumière brillera dans ses paroles. L'archevêque de Tolède, au nom de tous, exprime son désir : "Dieu a pris avec tristesse son frère Alphonse, dont ils espéraient tant et maintenant les nobles du Royaume viennent à Avila pour déclarer sa reine de Castille".

Tout un monde de tentations passerait en un instant par l'imagination flattée d'Isabelle, mais l'éclat de la couronne ne l'a pas fait disparaître et, avec une sérénité indigne de ses années, assise au milieu de tout, elle leur répondit, avec douceur et fermeté qu'elle ne pouvait leur donner sa conformité ni être déclarée Reine de Castille alors que son frère Enrique vivait et que je souhaite qu'il vive plusieurs années et que tous doivent se soumettre et lui obéir ; je ne désirais pas le trône et j'avais la volonté de Dieu.

L'archevêque a voulu la forcer à accepter et elle répond à ces mots : "Je suis très étonné de vous et de votre hâte. J'ai jurée pour ne pas accepter de vivre avec mon frère". Tout le monde était abasourdi et pensait que la décision était irrévocable. Tous ont vu que la seule solution était d'établir l'harmonie avec le Roi. Cela était exigé par la fermeté de la jeune princesse.

Isabelle poursuivit sa retraite du couvent des Mères Bernardas en leur promettant qu'elle confierait la question au Seigneur. C'était la reine dont la Castille avait besoin et avec elle un nouveau soleil se levait pour l'Espagne.

Les Grands ont dû se rendre de nouveau auprès du Roi (qu'ils avaient détrôné) pour lui proposer un entretien solennel avec sa sœur Isabelle, dans lequel Henri IV la déclarerait son héritière et ensuite on le reconnaitrait à nouveau comme le souverain. Le marquis de Villena, avec sa ruse, s'en est occupé avec le roi, qui a donné sa parole de le faire, comme si la scène d'Avila n'avait pas existé.

Entre-temps, Isabelle continuait à demander à Dieu de la lumière dans sa retraite et de là, elle conseillait ce qui devait être fait. Le 18 septembre de la même année (1468) est le jour fixé pour la réunion. La vertu de l'Infante, ses magnifiques qualités de prudence et de grandeur d'âme ainsi que son talent politique brilleront à nouveau en elle.



Dans la province d'Avila, parmi les endroits abrupts de la Sierra de Gredas, on trouve la Venta de los Toros de Guisando (vente des taureaux de Guisando) pour quelques pierres celtiques qui y sont grossièrement sculptées sous forme d'animaux.


"Depuis combien de temps les quatre taureaux attendent-ils ensemble cet après-midi et ce rendez-vous ?)))


Il y avait aussi un monastère de Jerónimos  et une vente pour héberger les vagabonds dans les jours durs de l'hiver. Le Roi, avec les nobles de Castille, désigna ce lieu pour la réunion solennelle de concorde et pour prêter serment à l'Infante Isabelle par son successeur sur le trône comme elle l'avait proposé. Certains craignaient une embuscade et la peur augmenta quand ils virent que le roi était accompagné de soldats. L'Infante rayonnait de sécurité et gagnait la confiance de tous. (Elle a vu la clarté dans l'avenir où tout le monde a vu la confusion.)

Quand le Roi est arrivé, il est allé dans ses bras et l'a reçue en lui faisant une croix sur le front et en l'embrassant avec affection. Devant l'Héritage du Pape, devant les Grands de Castille dépendants du Roi, devant les insurgés jusqu'à ce moment, devant le puissant Carrillo, le Roi jura que la fille Juana la Beltraneja n'était pas sa fille et déclara Isabelle, sa sœur, héritière du trône à son décès.

L'archevêque de Tolède, Don Alonso Carrillo, qui avait les brides du jeune cheval de l'Infante, était irréductible en ne voulant pas rendre hommage à la soumission de Don Enrique, mais Isabelle, avec une contrainte affectueuse, lui fit embrasser la main et l'accepter comme son Roi. Aucun des nobles rencontrés n'est comparable à la jeune princesse.

Lorsque le Roi a prêté serment et que les Grands l'ont embrassée, Isabelle lève la main au milieu de tous, sort un manuscrit et, prenant comme témoin le legs du Pape, lit clairement que toutes ces dispenses du serment de fidélité qui a été fait sans son consentement, et ordonne à tous de respecter et aider leur roi à bien gouverner et répondre aux conditions qui y étaient requises.

Cet acte aurait une grande transcendance, car Isabelle a été déclarée héritière légitime du trône de Castille pour toujours.

A suivre.
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Message  Monique Jeu 07 Fév 2019, 10:05 am

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CHAPITRE III

LES PRÉTENDANTS DE L'INFANTE

(1468-1469)


Il semblait qu'Isabelle allait naître par temps clair de paix, mais ce n'était qu'un rayon de lumière entre deux nuages.

Le roi lui ordonna de se rendre à Ocaña pour que les cortès du royaume puissent jurer par son héritière et Isabelle obéit de manière soumise. Il ne savait pas qu'Ocaña allait être son tourment et presque sa prison.

L'acte des Taureaux de Guisando a dû trouver un écho dans les cours européennes et, surtout, dans l'admirable courage d'Isabelle, car déjà à Ocaña, après avoir prêté serment devant les tribunaux à l'automne 1468, on a commencé à recevoir des demandes en mariage de princes étrangers.

Cette cour amoureuse, qui aurait fait le bonheur de n'importe quelle femme, aurait fait beaucoup souffrir Isabelle jusqu'à ce qu'elle puisse épouser Don Fernando. Des ambitions et tout un monde d'intrigues se déroulent devant l'héritière du trône de Castille.

Le roi du Portugal revint avec un nouvel élan pour demander sa main et chercha en tant qu'intermédiaire et partisan du marquis de Villena, ''qui de tous ceux qui peuvent être dignes d'être si audacieux, peu importe combien il sait, qu'il pense pouvoir compter l'excellence qui existe en vous Il n'y a même pas le plus petit carat de votre règne.''

A suivre.
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Message  Monique Jeu 07 Fév 2019, 11:14 am

CHAPITRE IV

LE ROI ET LE MÉCHANT

(1469 - 1474)




Les deux enfants communiquèrent humblement, en tant que fils et sujets, au roi Henri que le mariage avait été célébré, et depuis lors une nouvelle et lourde croix commença pour Isabelle qui aurait besoin de la grandeur de son esprit et de ses hauts faits pour le porter avec la perfection avec laquelle elle le portait.

Don Enrique continua en Andalousie quand la nouvelle lui parvint, et cet homme réticent, remué par Villena, devint si fâché contre le mariage de sa sœur qu'il se mit à faire d'elle un exemple. Il envoyait les jeunes mariés en prison et prenait toute leur aide. Isabelle devait vivre à Valladolid, Dueñas ou Ríoseco, loin de son bras royal et protégée par les forces de ses amis.

Elle vivait sans aisance, car d'Aragon, où son mari a dû revenir, elle n'a reçu aucun moyen, et le roi de Castille les emmène tous. Dieu a continué à l'enseigner dans le malheur et la pénurie ; ainsi elle vivait davantage parmi les gens, elle connaissait leurs besoins, et quand elle est arrivée sur le trône elle pouvait mieux venir à leur aide ; entre-temps elle accepte la douleur silencieuse. Alors Dieu parlerait aussi, lui accordant de merveilleux triomphes.

Le Marquis de Villena continua à s'occuper du Roi et s'occupera de lui jusqu'à sa mort. Le peuple disait en vérité que "Villena, ce n'est ni la mauvaise parole ni la bonne action" ; maintenant c'est aussi lui qui dit au roi comment punir Isabelle ; quelle importance au marquis que le sang nouveau soit versé dans une autre guerre si tout lui rapporte de quoi faire du profit ? Il conseille à Henri d'offrir Juana la Beltraneja en mariage à l'héritier de la France et de déshériter sa sœur, quel courage le roi avait-il avant de jurer que Juana n'était pas sa fille et qu'il jurait maintenant qu'elle l'était ? Villena était intéressée à chasser Don Fernando de Castille, parce qu'il craignait qu'un jour il ne réclame les biens qu'il avait usurpés à la Couronne.

Isabelle vit toujours à Dueñas, et le 1er octobre naît sa première fille (celle qui serait reine du Portugal), et à cette époque elle sait qu'une ostentatoire ambassade de France avec direction vers la vallée de Lozoya par la chaîne de montagnes de Segovia passe, pour célébrer le 26 de ce mois d'octobre l'union par pouvoir entre Juana la Beltraneja (fille qu'elle avait en armes dans le baptême) et l'héritière de France. Isabelle devait savoir beaucoup de choses sur le mystère de Beltraneja, qu'elle n'a jamais voulu révéler en raison de sa conscience délicate.

Le Cardinal d'Albi se présentait devant l'ambassade, celui-là même qui avait demandé Isabelle en mariage il y a un peu plus d'un an à Madrigal. Dans la vallée de Lozoya, par un jour désagréable de l'automne 1497, le roi jura une fois de plus sa disgrâce en essayant de déshonorer Isabelle et, par là, de s'humilier toujours plus devant tous.

A Dueñas, Isabel reçut la lettre diffamatoire que son frère avait publiée contre elle, dont l'auteur était aussi Villena, et qui la remplit d'amertume. Elle réunit ensuite le Concile des Grands de Castille pour déterminer ce qu'il fallait faire, et répondit par une autre lettre publique à celle de son frère, qui ne semble pas être une lettre d'une femme de vingt ans, mais d'un politicien plein d'expérience et de spiritualité.

La lettre de Don Enrique et la réponse d'Isabellel sont des portraits fidèles de l'âme des deux frères qui ont servi à ennoblir l'Infante aux yeux des partisans du Roi, qu'importe que le Roi ait dit qu'il la déshéritait, que Louis XI de France ait abandonné jusqu'à 100 000 livres pour annuler le mariage avec Don Fernando ? Isabelle apparaît plus grande au milieu de tant d'indignité, et en ce moment, le roi, l'abaissant, la loua. En outre, Isabelle n'était plus seule avec elle ne valait plus grand-chose, elle était avec son mari Don Fernando, qui devait être le brillant homme d'État de son temps.

Isabelle sort pour son honneur offensé, pour sa dignité abaissée, défend la légitimité de son mariage selon toutes les lois, et rappelle au roi qu'elle doit, parce qu'il était son frère aîné, même s'il avait commis une faute, la couvrir de bonté. Il lui dit que ni lui ni la reine Jeanne n'avaient été son gardien comme ils auraient dû l'être, mais Dieu, "et que les œuvres de chacun ont rendu et rendront témoignage de nous devant Dieu et devant le monde. Elle regrette sa situation parce que quand elle se défend, une insulte tombe contre son frère et son Seigneur et elle n'en veut pas : je peux dire avec Santa Susana, qu'ils sont angoissants pour moi partout, parce que je ne peux rester silencieuse sans offenser et déplaire audit Roi, mon frère, qui est tout à fait sérieux pour moi, et si je les quittais en silence, il me semble les accorder.''

Sur la légitimité de son mariage, il y avait la Bulle de Pie II qui la dispensait de la parenté, et si les malhonnêtetés de la lettre du Roi étaient vraies, ''je me ferais du mal et cela ferait plus mal par culpabilité que par chagrin". Isabelle, blessée précisément dans sa vertu et par son frère, éprouve une grande tristesse ; mais elle répond avec sérénité, toujours en regardant la vertu, et avec clarté que c'était le moyen le plus efficace pour les Grands du Royaume de se rapprocher d'elle, voyant la grandeur de son âme. Après cette courageuse défense, elle devait continuer son pèlerinage : de Valladolid à Ríoseco, à Torrelaguna, à Alcalá de Henares, à Aranda, villes des grands seigneurs qui l'ont défendue pour qu'elle ne tombe pas entre les mains du roi et de Villena.

C'est à cette époque, en 1473, que l'héritage spécial du pape, le cardinal Rodrigo Borja, espagnol, est arrivé en Espagne, et parmi les différentes missions, il n'était pas le dernier ni le moins important d'essayer de réconcilier le roi avec les princes.

L'amie intime de Doña Isabelle, Beatriz de Bobadilla, avait épousé Don Andrés Cabrera, à qui Enrique IV avait confié les Alcázares de Madrid et de Ségovie ; Doña Beatriz, qui aimait tant l'Infante, suppliait son mari d'influencer autant qu'il pouvait pour obtenir l'harmonie et Cabrera parvint à ce que le roi voit la raison de sa dispute avec sa sœur et à ce que cette union serait bonne. Et le Roi, toujours sans volonté, dans ce cas-ci heureusement, a accepté l'interview à Ségovie.

Beatriz, joyeuse de la nouvelle, est partie en secret fin décembre pour donner une si bonne nouvelle à l'Infante et lui dire de venir immédiatement à la rencontre de son frère. Déguisée en villageoise, elle est partie en petit troupeau, et déguisée, elle est revenue d'Aranda à Ségovie et jamais plus heureuse, sans sentir ni le froid ni la neige de l'hiver castillan, car elle brûlait d'enthousiasme avec les meilleures nouvelles qu'elle pouvait apporter à sa chère princesse.

Isabelle, qui n'a jamais connu la paresse, est partie immédiatement pour Ségovie sur les traces de Beatriz. Et cette influence irrésistible qu'elle a toujours exercée, qui fera d'elle la maîtresse du cœur et des biens des nobles de Castille lors de son accession au trône, elle gagne aussi Don Enrique, à cette occasion. Il l'embrassa avec amour, lui parla longtemps seul et continua dans l'Alcazar jusqu'à ce qu'il l'emmena dans les rues de la ville, portant les brides du cheval que sa sœur montait elle-même, lui rendant ainsi publiquement hommage. Beau cadeau de Noël de l'Enfant -Jésus à Isabelle, qui a tant vécu depuis le jour des Innocents jusqu'au jour des Rois avec Don Enrique. J'ai eu l'ordre de préparer les voies du salut de l'Espagne.

Don Fernando est très proche, à Turégano, craignant qu'un malheur n'arrive à sa femme, et reçoit un émissaire avec la nouvelle que le roi l'attendait. Quand il est arrivé, ils ont fait la paix fraternellement. Une circonstance heureuse signifiait que l'enchevêtreur Villena n'était pas là; mais bientôt j'essaierais de rompre cette sainte harmonie.

Quelques nobles, habitués à l'intrigue, conseillèrent au roi d'emmener les deux maris à Ségovie et de les faire prisonniers. Quelque chose s'est naturellement transcendé à partir de ces manœuvres et immédiatement les supporters de Doña Isabelle sont partis avec Don Fernando, partant pour Turégano. Ses amis ont dit à Isabelle de fuir, parce qu'elle était en danger et alors tout était perdu ; mais elle, avec une grande présence d'esprit et une grande confiance, comme dans le Taureaux de Guisando, a pris ses mesures pour ne pas être prise au dépourvu, avec une sérénité qui les a tous émerveillés, et continué avec son frère à Alcázar sans donner la moindre impression d'avoir peur. Seul celui qui a confiance en Dieu peut garder cette paix. C'est pourquoi Mariana s'exclame : "Une femme d'un grand courage, d'une prudence et d'une constance supérieures à celles d'une femme de cet âge qu'on pourrait attendre.''

Cette union entre les frères n'aurait pas duré longtemps, parce qu'il y avait intérêt à continuer à jouer avec la volonté du Roi ; mais Dieu, qui pour tempérer l'esprit de Doña Isabelle et la préparer à la mission future lui a permis de passer par tant de revers et de peines, s'est fait un plaisir prodigieux de supprimer les obstacles et de faciliter leur chemin, comme l'a déclaré un chroniqueur. Chaque jour, elle paraissait plus parfaite et chaque jour, des gens plus puissants et des vassaux plus humbles se joignaient à elle dans son service. Pourtant, elle a continué à rejeter le trône aussi longtemps que son frère a vécu.

 Lorsque le marquis de Villena tenta de nouveau de briser l'harmonie, le Seigneur l'appela à son jugement le 4 octobre, avec une mort comme sa vie l'avait été. Dès qu'elle reçut la nouvelle, Doña Isabelle envoya chercher des suffrages pour son âme. Ses proches lui ont dit qu'elle ne les méritait pas, et même leur pitié pour un ennemi qui lui avait fait tant de mal ne semblait pas juste ; mais Isabelle savait que la charité couvre toutes les fautes.



Le 12 décembre, le roi de Madrid mourut inopinément, et sa mort ne fut pas non plus un modèle de mort chrétienne. Isabelle reçut immédiatement la nouvelle et ordonna que des funérailles solennelles soient célébrées le lendemain à Madrid et dans toutes les églises de Ségovie, et elle y assista.

Quand le Roi mourut, Isabelle fut laissée héritière du trône. Les dirigeants de Ségovie disent à l'Infante que la ville " était prête pour tout ce que Son Altesse ordonnait, et qu'elle est assermentée reine le 13 décembre 1474, à l'âge de vingt-trois ans.''

Embrassée par la bannière de Castille, elle entra dans la Cathédrale et resta longtemps prostrée au pied du tabernacle. Cette nouvelle figure dans un document des Archives de Ségovie, signé par le Secrétaire de la Mairie le jour de la prestation de serment de la Reine Isabelle.

A suivre.
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Message  Monique Jeu 07 Fév 2019, 11:30 am

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CHAPITRE V

REINE DE CASTILLE

(1474 -1476)



Jour inoubliable pour l'histoire de l'Espagne le 13 décembre 1474, et pas seulement pour l'Espagne mais pour le monde entier. Isabelle, qui avait les malheurs de la Castille dans l'âme, s'appropria la prière médiévale : "Seigneur, Seigneur : ne sois pas si fâché pour nos péchés, ne détruis pas l'Espagne", et bien qu'elle ait voulu remédier à tant de maux, elle n'était pas pressée de devenir Reine et, de plus, le Seigneur voulait qu'elle prenne profondément racines dans la souffrance, afin d'atteindre le trône plus fermement et son travail serait plus fécond.

Et, en effet, sous ce règne, l'Espagne a atteint la pente la plus raide qu'elle ait jamais connue et laissée par un héritage glorieux, un âge d'or, un siècle qui a gravi tous les sommets de la science, de la littérature, de la diplomatie et des armes, couronnant tout avec la théologie la plus pure, un nombre croissant de saints admirables ont répandu la lumière et l'amour du Christ dans le monde. Tant de choses pouvaient arriver à la femme qu'elle a été proclamée reine de Castille ce jour-là.

Aussi à son âme d'artiste il a eu l'honneur de laisser dans l'art son nom comme les Luises de France, comme Ana d'Angleterre, comme Manuel du Portugal. Le style Isabelle répond à la dernière phase du gothique et de nombreux monuments magnifiques de cet art sont plantés dans toute l'Espagne.

"Avez-vous quelque chose, ville, de la reine Isabelle dans vos vieux arbres ? Nous sommes les mendiants royaux de cette majesté ; nous demandons l'aumône triomphale de ses glorieuses réflexions".

A suivre.
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Message  Monique Ven 08 Fév 2019, 10:32 am

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CHAPITRE VI

ISABELLE PACIFIQUE ANDALUCIE, EXTREMADURA et GALICIE (1477 - 1480)



Tolède reçoit des nouvelles alarmantes d'Aragon, et en Estrémadure, ils n'ont pas soumis non plus.

Quelques-uns des messieurs des Levantiscos qui aspiraient à leur pouvoir débridé et qui veulent aider les Portugais à tirer le meilleur d'eux-mêmes. Don Fernando demande à Doña Isabelle son avis sur ce qu'ils doivent faire et la Reine répond avec une douce sécurité: "ce que fait le sang, aller vers la blessure sans être appelé, aller en danger pour apporter la paix. Le Roi en Aragon, la Reine en Estrémadure". Dans son voyage en Estrémadure, elle s'arrête en Guadeloupe pour implorer de l'aide, et elle est si reconnaissante à Notre-Dame, pour sa protection, qu'à partir de maintenant elle passera chaque fois qu'elle le pourra... à travers son paradis comme elle appelle le monastère et là elle enverra, avec tendresse, son testament pour le garder.

En avril 1477, il est allé apaiser ces Levantiscos d'Estrémadure et en juillet, il est déjà à Séville, où il est entré le jour de Saint-Jacques, et le premier 19 qu'il a fait était de se mettre comme un fenouil devant l'image de la Vierge qui avait porté et vénéré Saint Ferdinand. Cette belle tradition mariale de l'Espagne n'est pas interrompue. En traversant les mers, les Espagnols emmèneront d'admirables Vierges au Nouveau Monde, qui y sont vénérés avec mille invocations et qui ont été une semence vivante de la piété en Amérique.

Isabelle a longtemps prié devant la Vierge de San Fernando ; elle voulait aussi gagner, comme le Saint Roi, des batailles pour la gloire de Dieu et le Seigneur n'a pas eu à attendre. Deux jours plus tard, la nuit, alors qu'elle était avec son mari, on lui a dit que Don Rodrigo Ponce de León, marquis de Cadix, le redoutable adversaire de la couronne, venait seul et voulait parler avec les rois.

C'était le jeune marquis, puissant, courageux, Seigneur de plusieurs forteresses et il a dû se révolter contre toute l'Andalousie. En triomphe, il mit tout à la disposition de la couronne cette nuit-là et la reine dit en se demandant "où était le lion rebelle ?'' Il serait le champion de toutes les batailles contre les Maures. Inconditionnelle d'Isabelle, elle obtiendra le surnom de la Cid des Rois Catholiques et ne se lassera jamais de remercier Dieu pour cette aide précieuse pour les guerres de la Reconquête.

En quelques jours, elle rendit justice à Séville. "Avec cela, elle était très aimée des bons et redoutée des mauvais", et comme les crimes qu'elle avait à punir étaient si nombreux, elle, toujours encline à l'indulgence, accorda une amnistie généreuse qui encourageait et donnait beaucoup de paix à tous. "La principale cause qui l'avait poussée à venir avait été de rétablir l'ordre et la justice, dans laquelle elle avait compris, avec l'aide de Dieu, à travailler.'' En très peu de temps, elle a quittée à Séville des amitiés inébranlables et très précieuses pour la couronne.

Là, le Seigneur lui donna, le dernier jour de juin 1478, la joie d'être accordée par un fils mâle, qu'elle avait constamment demandée et désirée.

(Pour annoncer à l'Espagne un nouveau prince, quel clocher comme la Giralda ?")

Ses enfants sont nés dans les différentes régions, offrande tendre de la Reine " à l'unité de l'Espagne ". Le premier-né est né à Dueñas, à Séville Don Juan, à Tolède Doña Juana, à Doña María à Cordoue et à Alcalá de Henares Doña Catalina.


Ils l'attendaient à Cordoue ; la gloire l'a précédée et tout le monde souhaitait qu'elle se termine. Là, elle demanda à Don Alonso de Aguilar, hernie du Grand Capitaine qu'elle estimait tant, de quitter la ville, car il avait outrepassé ses pouvoirs. Elle oblige à rendre ce qui a été volé, c'est la protection des pauvres, elle unit les Grands et bien qu'elle limite leurs prérogatives, ils restent amoureux d'elle... Qu'avait mis Dieu dans cette femme ? Il pèse et mesure tout, ne l'intimide pas et en tout, elle triomphe.

Elle a vu en Andalousie, surtout à Séville, les dommages causés à la foi par les judaïsants, les mahométans et les faux chrétiens, et, avec l'avis de son grand conseiller le cardinal Mendoza, elle a décidée de créer le tribunal de la Sainte Inquisition en Espagne. Cette institution sera attaquée autant qu'on veut, mais Isabelle voulait que l'unité religieuse et la Sainte Inquisition soutiennent les croyances et défendent leur pureté. D'autre part, non seulement le peuple l'approuvait, mais il en ressentait le grand bien et la Reine, apôtre de la foi, se rendit à Rome pour l'établir en Espagne.

Elle était toujours sur un pied d'égalité, suivant les conseils d'hommes sages et prudents qui se donnaient la peine d'étudier les problèmes et de chercher des solutions. Quand elle pensait qu'une œuvre était pour la gloire de Dieu et pour le bien de son peuple, qui avait été conseillé auparavant, elle ne la laissait pas se faire jusqu'à ce qu'elle soit faite ; ainsi elle surmontait tous les obstacles qui s'opposaient à l'Inquisition. Le résultat merveilleux que la Sainte Fraternité donnait dans l'ordre social, attendait que l'Inquisition cède dans le spirituel. Lorsqu'en 1488 elle passa devant la tombe de Saint Pierre de Arbués, martyr pour avoir établi l'Inquisition, elle ordonna qu'on lui fasse une magnifique tombe.

Le roi du Portugal prépare une nouvelle guerre ; vaincu à Toro, il encourage les mécontents d'Estrémadure, où le marquis de Villena (fils) veut encore dominer à sa guise et la comtesse de Medellín, fille naturelle de Juan Pacheco, est enhardie par son indépendance et sa révolte. La reine s'est installée à Trujillo très près du lieu de la guerre ; comme toujours, on lui conseille de se retirer dans un lieu plus sûr et, comme toujours, elle répond qu'"elle n'est pas venue pour fuir le danger, ni pour échapper au travail, ni pour quitter la terre pour donner un tel bonheur à ses ennemis ni une telle douleur à ses sujets".

Le 2 février 1479, ses troupes détruisirent complètement l'armée portugaise à Albuera et la Reine exigea que Doña Juana la Beltraneja soit arrêtée au Portugal pour que ce ne soit pas l'occasion de nouvelles guerres. Cette victoire obligea le hautain Marquis de Villena à s'offrir à Doña Isabele en perdant de nombreux biens et depuis, elle lui resta fidèle jusqu'à sa mort, tout comme la Comtesse de Medellín. Toute l'Estrémadure a été pacifiée et a été, plus tard, l'une des régions qui a donné plus de héros aux compagnies de la Reine et berceau des conquérants glorieux de l'Amérique.

La Galice était encore esclave de l'anarchie, il n'y avait aucune sécurité dans ce beau pays et avait besoin de l'aide et de la présence de la Reine.

Mais avant d'y aller, elle a jugé nécessaire de corriger parfaitement la législation. elle avait déjà six ans d'expérience et connaissait l'inconvénient de décarecer des lois précises, et selon les époques. En 1480, elle convoqua à Tolède les Cortès du Royaume, qui devaient être les plus célèbres pour leur transcendance. C'est là qu'il a complété la législation de Madrigal de las Altas Torres sur l'ordre social et sur les autres activités de la nation.

Les tribunaux ont exigé la restitution à la Couronne des biens qui, suite à l'abandon d'Henri IV, étaient passés entre les mains des Grands, les rois n'ayant pas les revenus nécessaires pour entreprendre la Reconquête. Alfonso Diaz Montalvo était le premier chargé de faire les Ordonnances dont le résultat, selon la phrase du chroniqueur, était "si bien ordonné, qu'il semblait être l'œuvre divine pour le remède et l'ordination des troubles passés". Son nom est entré dans l'histoire et la Reine en a été extrêmement heureuse, car il a réalisé son idéal de justice basé sur la ferveur religieuse. Il a été dit, non sans raison, que l'ère moderne a commencé dans les Cortès de Tolède.

Pour remercier le Seigneur du succès, une messe solennelle est célébrée dans la Cathédrale et à la fin, Don Alonso de Cárdenas, Grand Maître de Santiago, est allé recevoir la bannière des mains des Rois et a offert d'aller avec tout son Ordre pour lutter contre le Maure. Des larmes de gratitude brillèrent dans les yeux de la Reine : la Croisade contre l'infidèle et la fin de la Reconquête étaient son rêve ! Elle portait la flamme missionnaire dans son âme et le Grand Maître est venu la raviver.

Elle avait été sans direction de l'esprit pendant un certain temps et appelée à consulter un Jérôme religieux, qui, devenant beaucoup de violence, est venu : la Reine va tester si c'est le confesseur qui lui convient. Elle s'est confessée à genoux et le confesseur est toujours assis. La Reine lui dit qu'il était d'usage de s'agenouiller tout en se confessant, et Hernando de Talavera lui répond qu'il est là le représentant de Dieu et doit être assis. La Reine se tait, confesse et dira ensuite à son intime Beatriz et Teresa Enríquez : "C'est le confesseur qu'il me fallait". Très saint et très humble, il en fut le directeur pendant de nombreuses années. Plus tard, il fut nommé évêque d'Avila et plus tard premier archevêque de Grenade.

Doña Isabelle et le roi ont décidé de pacifier la Galice. Là, il ordonna la destruction de plus de trente châteaux et dut rendre une dure justice pour avoir appris ; ceux qui avaient commis de nombreux "crimes sur eux-mêmes" s'enfuirent, mais, après plusieurs années, Doña Isabelle leur accordera le rapatriement s'ils se joignent à la guerre à Grenade. Ainsi naquit la première "armée" de la légion que le Grand Capitaine, dans ses guerres en Italie, aimerait emporter avec lui, mais il disait souvent qu'il était plus facile d'être un lion que de diriger les braves soldats galiciens.

Le travail réalisé en Galice a été merveilleux. En se référant à cela, Hernando dit du pouce ces paroles de louange exaltée : "La provision a été, en effet, "divine faite par la main de Dieu et à partir de toute pensée des hommes, parce que... en quelques jours, soudainement," a été imprimé dans le cœur de tous si grande peur, que personne n'osait tirer les armes contre les autres, ou le mensonge ou être grossier ...tous jouissaient de paix et la sécurité.''

Isabelle ne se reposa pas ; elle termina l'année 1480 prostrée aux pieds de l'Apôtre Santiago, en l'honneur duquel elle construisit l'Hôpital des Rois avec son église pour les pérégrins.

De Galice, accompagnant son mari, elle se rendit en Aragon où elle n'avait pas encore fait son entrée officielle, et à son arrivée à Saragosse, l'enthousiasme était indescriptible. En Aragon comme en Andalousie, à Salamanque comme en Galice, elle s'habille dans le costume régional ; elle emprunte de lui pour se présenter aux gens vêtus de son costume séculier bien-aimé et les gens sont excités de la voir aussi belle et aussi simple, habillée comme les femmes de leur propre terre, Quand elle rend les vêtements qu'elle avait demandés, elle les accompagne toujours avec un bijou précieux en souvenir de sa Reine.

Début juillet, elle est entré à Saragosse et à la fin du mois, elle est déjà à Barcelone. Les Catalans ont eu des procès avec le Roi et ils ont reçu Doña Isabelle "avec le plus grand triomphe et la plus grande célébration qu'aucun roi n'ait jamais été dans le passé" ; ils ont acclamé la Reine désirée et lui ont demandé de mettre fin aux maux de la ville, ils attendaient tant de sa part ! Ils savaient que dans d'autres villes, elle avait laissé une trace de paix et sa confiance est allée si loin qu'ils ont fait d'elle un juge dans les procès qu'ils avaient avec le même roi. L'affaire était vraiment difficile, mais le Seigneur lui a donné la lumière pour la résoudre, ce qui a rendu le Roi et les Catalans heureux ; puis elle ira joyeusement se prosterner devant la Vierge noire de Montserrat.

Le Seigneur lui a aussi accordé que dans tous ses royaumes il y aura la fin des crimes et des vols, que les disputes et les affrontements vont disparaître, et que le plus difficile sera la soumission du Grand et du puissant. C'est la grande consolation pour la mère qui voit ses enfants se soutenir mutuellement et vivre en harmonie.

Maintenant elle commence à penser, éclairée par la foi, que le Maure domine encore dans les terres de lumière de Grenade ; que dans cette merveilleuse partie de l'Espagne Jésus-Christ n'est pas aimé et qu'il faut le récupérer, La Sainte Croix doit voler sur tous les remparts de ses tours et doit illuminer toutes les âmes. Le peuple accompagnait sa reine en chantant cette romance à la frontière.

A suivre.
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Message  Monique Ven 08 Fév 2019, 12:05 pm

GRENADE, CISNEROS, AMÉRIQUE (1492)


La Croix de l'Archevêque du Cardinal Mendoza, Primat de Tolède, a été élevée au sommet de la Torre de la Vela. Les rois, les nombreux prêtres présents, les armées victorieuses avec leurs soldats héroïques l'ont adoré à genoux. Isabelle et Fernando, bras croisés, rendent grâce au ciel. La croisade du huitième siècle est terminée et les vainqueurs entrent à Grenade.


Quelle consolation et quelle cohorte de gens à voir à travers les tours et les guérites soulever les croix bénies ! quel plaisir et quel sport ! et il y avait toute la Cour vêtue d'un miracle que l'on dit être prise.


La Reine reçoit toujours les prodigieux triomphes avec humilité, car tout vient du Seigneur. "Non nobis, Dómine, non nobis, sed nóminituo da gloriam.'' (Ce n'est pas à nous, Seigneur, ce n'est pas à nous, mais à ton saint nom  la gloire").Répète sans cesse quand tous embrasseront sa main à son entrée triomphale à Grenade.

Elle pense que c'est maintenant qu'elle a besoin de plus d'aide du Seigneur, parce qu'il est urgent de conquérir les âmes qui ne se rendent pas dès les villes ; elle demandera plus de prières, plus de sacrifices et laissera son confesseur comme Archevêque de Grenade en lui confiant l'évangélisation.

Le même jour, le vendredi 2 janvier, elle a trouvé le temps, au milieu de tant d'émotions, d'écrire au prieur de Notre-Dame de Guadalajara pour le supplier de rendre grâce à Dieu d'avoir pris la ville, car elle avait demandé tant de prières pour la conquérir. Elle n'oublie pas non plus l'apôtre protecteur de l'Espagne et lui envoie un commandement d'un boisseau de blé pour chaque yunta dans le royaume de Grenade.

Elle va à la rencontre des 700 captifs libérés et, pleurant d'émotion comme avant à Cordoue, devant la douleur de ses pauvres enfants, les accompagne en procession pieuse et ramasse leurs grillons et leurs pièges de torture pour San Juan de los Reyes de Toledo. Il approvisionne la ville en trente mille charges de farine et termine la Reconquête comme il l'a commencée : priant, écoutant la messe avec des larmes abondantes et prenant soin de ses sujets avec une profonde affection.

Son amour pour cette ville était si grand quellel dit dans son testament : "Je veux et ordonne que mon corps soit enterré dans le monastère de San Francisco, qui est l'Alhambra de la ville de Grenade" et "les ornements de ma chapelle sans les choses d'or et d'argent que je veux et que l'église de la ville de Grenade soit prise et donnée".

Peut-être l'une des plus grandes preuves de sa prédilection pour cette ville a été sa générosité en laissant en elle son confesseur, Remando de Talavera, si difficile à remplacer et qui ne quittera pas là-bas, parce que vous ne pouvez pas quitter ce diocèse si jeune dans la foi.

"Il semble que la Providence découvre ses lettres, et quand la Reconquête en Espagne a pris fin, la gigantesque Reconquête de l'Amérique a commencé. Santiago avec son cheval blanc saute l'Atlantique et arrive à Otumba et Cuzco".

Colombus proposa ses plans pour atteindre les Indes à de nombreuses cours d'Europe, mais partout où il fut traité comme un visionnaire, et dans une lettre, il dira lui-même : "En tout il y avait incrédulité, et à la Reine, ma Dame, il lui donna l'esprit d'intelligence et de grand effort" et "que seul l'effort de Notre-Seigneur et Son Altesse me fit continuer.'' Nous ne pouvons pas oublier cette autre lettre, qui nous en dit long sur la Reine par rapport à l'Amérique : "Tous ceux qui ont connu mon entreprise (la découverte de l'Amérique), l'ont niée en riant, en se moquant : toutes les sciences que je viens de dire ne se sont pas servies de moi, ni les aberrations d'elles : la foi et la constance sont restées dans Votre Altesse seule ; qui doute que ce feu ne soit de l'Esprit-Saint ?''

Avant de quitter Grenade, elle a terminé le plan d'aide à Colómbus ;ellel a déjà signé le contrat à Santa Fe, mais elle continuera à surveiller et à encourager le projet jusqu'à ce qu'au moment propice de l'été ces nacelles osant défier l'impossible soient lancées, pour revenir avec le merveilleux cadeau de l'Amérique. On peut penser qu'Isabelle "sans autre lumière ou guide que celle qui a brûlé dans son cœur" pourrait comprendre les plans de la visionnaire génoise. C'est une immense douleur qu'en Amérique, on tente de séparer ces deux noms glorieux, parce que "le Seigneur les a unis pour gagner les terres infinies du Roi, les âmes infinies de Dieu".

A suivre.
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Message  Monique Ven 08 Fév 2019, 1:29 pm

La Reine a besoin d'un confesseur pour gérer les affaires difficiles de sa vie publique et privée dans un esprit de perfection. Le Cardinal la recommande à un religieux franciscain qui a vécu dans la solitude de Castañar et qui est actuellement à La Salceda ; il est provincial de son Ordre et très saint. Mais il aime tellement la solitude qu'il lui sera tout à fait impossible d'accepter d'aller au tribunal et d'être le directeur spirituel de la Reine. Isabelle veut le rencontrer, et le Cardinal l'appelle pour une consultation sérieuse ; le frère Francisco Jiménez Cisneros (c'était le religieux) vient et quand la consultation est terminée, il lui dit que la Reine veut le rencontrer. Cisneros ne peut l'éviter, et Beatriz Bobadilla se présente dans l'interview comme si elle était la Reine et comme sa dame Doña Isabelle. Elle veut l'observer (un peu comme une femme) sans être connue, mais les religieux embrassent la main de la Reine et elle rit et dit à Beatriz : "Le Père a eu une meilleure vue que le Maure à Malaga (il faisait référence à l'attaque du Santón)". Cisneros a prouvé que la phrase de Fernández de Oviedo était exacte, que parmi toutes les femmes, l'apparence d'Isabelle était telle qu'elle serait considérée comme reine.

Mais Cisneros ne veut pas quitter la solitude dans laquelle il était si unie à Dieu, et Doña Isabelle doit l'ordonner reine à soumettre ; Cisneros obéit donc. Il avait alors cinquante-six ans et allait être le confesseur et le conseiller d'Isabelle jusqu'à sa mort. "Son nom remplira un siècle.''

La Reine est profondément préoccupée par les dommages énormes causés à la religion par les Juifs, car ils sont la tentation constante contre la foi. Les peuples n'en veulent pas à cause de l'usure, ils se mutinent contre eux et font des tueries difficiles à éviter.


La mort qu'ils ont donnée à l'Enfant de la Garde a irrité tout le monde et elle est obligée de prendre soin de l'ordre et de la foi. La question est difficile ; elle a consulté, elle a attendu, elle a demandé au Seigneur la lumière, et si l'expulsion est pour la gloire de Dieu, elle le fera même si cela lui coûte, même si avec cette mesure l'économie est endommagée (MAIS LES VALEURS NE SONT PAS PLUS BASES, MAIS UN SIÈCLE D'OR). Le 31 mars de la même année 1492 est promulgué le décret d'expulsion des Juifs, qui indique la date et les conditions de leur départ d'Espagne.

Une lettre du Pape aux Rois Catholiques, faisant référence à ce problème fondamental de pureté de la foi, nous raconte comment notre Reine a tout consulté avec Rome.

"Ainsi, nous louons et bénissons ce saint dessein dans le Seigneur, et, avec la même ferveur, nous implorons Votre Sérénissime de ne pas accepter la propagation de ce fléau à travers vos royaumes.''

"Et ce dont vous semblez douter, c'est que nous pensions peut-être que votre action contre les rechutes venait plus de l'ambition des biens temporels que du vrai zèle de la foi catholique ou de la crainte de Dieu, nous vous faisons savoir avec certitude que nous n'avons jamais eu le moindre doute sur vos intentions. Et s'il est vrai que ceux qui ont répandu de nombreuses espèces maléfiques pour protéger les crimes des Juifs n'ont pas manqué, il n'en est pas moins vrai que personne n'a pu nous convaincre contre vous et contre votre mari, notre fils le plus cher. Votre piété sincère et votre religion nous sont connues. Nous ne croyons pas tous les esprits, et si nous entendons les plaintes de certains, ce n'est pas pour leur donner crédit.''

Des cornes de boeuf mortes sur celles qu'ils avaient, et les mettre pour qu'ils ne tombent pas ; et comme les inserts tournaient les extrémités et les pointes d'entre eux sur le dos du taureau, ils ne pouvaient blesser aucun cheval ou pion, même s'ils les atteignaient,  mais flatteusement et sans leur faire de mal, et c'était donc un passe-temps si amusant de rire beaucoup, et à partir de ce moment-là, la Reine ne voulait plus que les taureaux courent en sa présence, mais avec ces gants de la manière qui est dite.

A la fin de l'année, elle doit aller à Guadalajara. Son grand conseiller, le cardinal Mendoza, est gravement malade. Le troisième roi d'Espagne, comme on appelait le cardinal, ressent une très grande vénération pour sa reine, et recevrait une consolation non négligeable en la voyant arriver avec le roi, à l'heure de sa mort ; les deux restent comme des fils à ses côtés jusqu'au dernier moment. Le cardinal, très maitre de lui-même jusqu'à la fin, leur donne son dernier conseil, et dans son testament nomme la reine Isabelle comme exécutrice testamentaire.

*Note de Monique: Querido Javier, ¿podrías continuar con esta hermosa historia de Isabelle la Católica hasta el final. Por supuesto, si puedes. Gracias. queen
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Message  Javier Ven 08 Fév 2019, 2:23 pm

Monique a écrit:
*Note de Monique: Querido Javier, ¿podrías continuar con esta hermosa historia de Isabelle la Católica hasta el final. Por supuesto, si puedes. Gracias. queen

Mi muy querida Monique,

dalo por hecho, hermana mía. king

Voy a intentar buscar la fuente original para ver si puedo descargarla a mi ordenador y así la voy citando desde aquí.

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Message  Monique Ven 08 Fév 2019, 2:47 pm

Javier a écrit:
Monique a écrit:
*Note de Monique: Querido Javier, ¿podrías continuar con esta hermosa historia de Isabelle la Católica hasta el final. Por supuesto, si puedes. Gracias. queen

Mi muy querida Monique,

dalo por hecho, hermana mía. king

Voy a intentar buscar la fuente original para ver si puedo descargarla a mi ordenador y así la voy citando desde aquí.

En unión de oraciones ISABEL LA CATÓLICA 430970

DEO GRATIAS!!!

Bendito sea en los sagrados corazones de Jesús y de María, mi querido hermano. ISABEL LA CATÓLICA 430970
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