LA CARIDAD (por un Discípulo de Santo Domingo)

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LA CARIDAD (por un Discípulo de Santo Domingo)

Message  Javier le Sam 13 Oct 2018, 11:09 am

Discípulo de Santo Domingo a écrit:

LA CARIDAD

Vamos a empezar esta tarde con la explicación de la tercera virtud teologal, la teología de la Caridad, la cual es incomparablemente más sublime y más alta que las otras dos virtudes teologales, la Fe y la Esperanza, las cuales son también importantes, pero es que como la Caridad no hay nada.

Ya verán ustedes qué cosas más divinas, y eso que la pobre Teología nos dice algo, pero es poquísimo, así que lo que podamos decir es lo que vamos a decir también nosotros.

En primer lugar, les voy a hablar de lo que en Teología llamamos la Caridad increada, o sea, la Caridad tal como está en Dios, y después les hablaré de la Caridad creada, o sea, de la virtud de la Caridad tal como está en nosotros. Ese es el orden lógico: primero lo increado, y después lo creado. A lo increado dedicaré dos lecciones, la de hoy y la de mañana. Después empezaremos ya con la virtud de la Caridad, y este año no tendré tiempo más que para tratar la tercera parte, escasamente la tercera parte de la teología de la Caridad. Si después vivo dos años más, pues vendré, y si no, pues el Espíritu Santo lo hará, a mí no me necesita para nada en absoluto. El Espíritu Santo no necesita para nada a nadie, y menos que a nadie a mí. Así que estén tranquilas, hijas mías.

Vean por qué tengo que empezar primero con la teología de la Caridad increada. Les voy a leer un pequeño párrafo del libro Teología de la Caridad, el primer párrafo dice así: "Antes de estudiar la virtud de la Caridad tal como se encuentra y la ejercitan las criaturas, es preciso remontarnos a la Caridad increada, eterna y substancial, tal como se encuentra en Dios. Lo contrario equivaldría a estudiar los efectos sin haber examinado las causas. La Caridad en las criaturas no es efectivamente sino un pálido reflejo, una resonancia infinitamente lejana del resplandor y armonía infinita de la Caridad eterna de Dios".

CONTINUARÁ... (3:21)

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Re: LA CARIDAD (por un Discípulo de Santo Domingo)

Message  Javier le Dim 14 Oct 2018, 3:19 pm

Discípulo de Santo Domingo a écrit:

En esta primera parte que dedico a la Caridad increada, les voy a contestar a las cuatro preguntas que se formula Santo Tomás en la Suma Teológica. Son estas cuatro:

1º Si hay amor en Dios
2º Si Dios ama todas las cosas
3º Si Dios ama unas cosas más que otras
4º y último: Si Dios ama más las cosas mejores

Son cuatro puntos interesantísimos.

Hoy voy a desarrollar nada más que el primero: Si hay amor en Dios, y de cuántas maneras hay amor en Dios.

Que hay amor en Dios es una cosa evidentísima. Está en la Sagrada Escritura y es de sentido común. Dios es inteligencia por esencia, la inteligencia infinita, y cuando hay inteligencia hay voluntad también. Dios tiene inteligencia y voluntad. El acto de la inteligencia es entender, es producir, engendrar el Verbo como veremos, y el acto de la voluntad es amar, lo propio de la voluntad es amar. Si Dios tiene voluntad, y es ciertísimo que la tiene, luego Dios tiene amor. Eso es evidentísimo. Y esto por metafísica, simplemente por razón natural, no hace falta ni la Fe para eso. Que Dios es amor, eso se ve por la metafísica. Si tiene voluntad, tiene que tener amor. Dios tiene voluntad, entonces tiene amor.

Vamos a ver ahora que en este amor de Dios se pueden distinguir tres aspectos. No se asusten por lo que voy a decir, porque en el momento de enunciarlo no me entenderán, pero después cuando les explique es posible que sí, es posible que un poquito puede que me entiendan, hijas mías.

En el amor de Dios, tal como existe en Él, se pueden distinguir tres aspectos: el amor esencial, el amor nocional, como decimos en Teología, y el amor personal. Son tres amores, ya verán ustedes, son muy distintos, y sin embargo, van a ver ustedes qué cosa tan sublime.

¿Qué es el amor esencial en Dios? El amor esencial en Dios es aquello que hace que Dios sea amor, Deus caritas est, y eso es común a las Tres Divinas Personas. La esencia es común a las Tres Divinas Personas, es común al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Y ese amor esencial de Dios, eso que hace que Dios sea el Amor con mayúsculas, y el Amor infinito, Deus caritas est, eso es el amor esencial, común a las Tres Divinas Personas.

Luego viene el amor nocional. ¿Qué significa el amor nocional? Es el amor que el Padre tiene al Hijo, y que el Hijo tiene al Padre, y del choque psicológico de esos dos amores, del amor del Padre al Hijo, y del Hijo al Padre, brota un torrente de llamas que es el Espíritu Santo. Ese es el amor nocional: el Espíritu santo procediendo del amor del Padre y del Hijo.

Y por último, el amor personal. ¿Qué es el amor personal? Personalmente, sólo el Espíritu Santo es amor, sólo Él, el Padre y el Hijo no, el Padre y el Hijo son amor esencialmente, como ya he dicho, y amor nocionalmente, en cuanto que dan origen al Espíritu Santo, pero personalmente, en cuanto tales personas, el Padre y el Hijo no son personalmente amor, sino sólo el Espíritu Santo. Sólo el Espíritu Santo es personalmente amor, infinito.

Si no me han entendido, hijas mías, yo no sé explicarme mejor. He hecho un esfuerzo enorme de claridad, porque esto es lo más entrañable y lo más profundo de la Teología Dogmática del Tratado "De Trinitate". Se lo acabo de hacer a ustedes en resumen. Aquí está la quintaesencia del tratado dogmático "De Trinitate".

Amor esencial: el común a las tres divinas personas, aquello que hace que Dios sea amor, Deus caritas est.
Amor nocional: el amor del Padre al Hijo y del Hijo al Padre que da origen al Espíritu Santo.
Y el amor personal en cuanto a la persona, únicamente y exclusivamente propio del Espíritu Santo

¿Lo han entendido, hijas mías? Ya verán. Se lo voy a explicar otra vez.

CONTINUARÁ... (7:35)

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Re: LA CARIDAD (por un Discípulo de Santo Domingo)

Message  Javier le Mar 16 Oct 2018, 2:20 pm

Discípulo de Santo Domingo a écrit:

Esencialmente. En este sentido, es el acto de la voluntad por el cual Dios se ama a sí mismo. Conviene por igual a las tres divinas personas, porque en Dios la voluntad y los actos de amor y de gozo se identifican con la misma esencia divina, es lo que les acabo de decir.

Segundo. Nocionalmente. En este sentido, denota el origen activo del Espíritu Santo, o sea, el acto de amor con que el Padre y el Hijo se aman mutuamente, dando origen por vía de procedencia o de espiración activa, a la tercera persona divina, que es el Espíritu Santo. En este sentido, el amor conviene al Padre y al Hijo, pero no al Espíritu Santo, que es el término de ese amor. Se llama también amor originante, porque es el amor que da origen al Espíritu Santo en el seno de la Trinidad. ¿Está claro esto, hijas mías?

Y tercero. Personalmente. En este sentido, es el término de esa espiración activa del Padre y el Hijo, es decir, el Espíritu Santo en cuanto persona. Así entendido, el amor en Dios es el nombre propio de la Tercera Persona de la Trinidad y conviene únicamente al Espíritu Santo, y no al Padre y al Hijo. Personalmente.

¿Lo han visto? Si no lo han visto, yo lo siento mucho, pero ya no sé decirlo de otra forma.

Vamos a examinar ahora cada uno de estos tres amores. Ya verán ustedes qué maravilla. Realmente es un misterio que es para volverse loco de alegría.

El amor esencial en Dios. Con este nombre designamos el amor natural con que Dios se ama a Sí mismo infinitamente. Es el amor con el que Dios ama su propia esencia divina. Un amor infinito. Este es el sentido profundo de aquella expresión del Evangelista San Juan, "Deus caritas est". Y Dios dice de Sí, Yo soy el que soy, pero también podría decir, Yo soy Caridad, Yo soy el Amor. Las dos cosas son verdaderas. Yo soy el que soy en cuanto ser, Yo soy Caridad. El amor de Dios esencial. Es el amor vivo en caridad permanente en Dios y Dios en Él, 1ª de San Juan 4:28. Comentando este versículo escribe un gran exegeta: "Dios es Amor, palabra sublime que resume todo lo que el cristiano puede saber del Creador. El amor es el atributo que mejor nos da a conocer la naturaleza de Dios, aquél que Dios ha manifestado mejor a los hombres en la Historia de la Salvación. Es de tal manera representativo, que San Juan no lo considera simplemente como un atributo, claro que no, sino como la expresión de la naturaleza misma de Dios, la esencia misma de Dios." No es algo que Dios tenga, no es un atributo, sino que es Dios mismo, el Amor infinito.

San Juan está por la primacía de la Caridad lo mismo que San Pablo, 1ª de Corintios 8:13. Para conocer a Dios no se necesita ser un gran metafísico, sino poseer la inteligencia de Su naturaleza que es el Amor. Semejante conocimiento está al alcance de toda alma generosa. Y San Agustín, al comentar esta misma sublime revelación, Dios es Caridad, escribe lleno de estupor: "¿Qué más puedo decir, hermanos? Si nada dijera en alabanza del amor en alabanza de todas las páginas de esta Epístola, si nada absolutamente se nos dijera en las restantes páginas de la Sagrada Escritura, y solamente oyéramos de la boca del Espíritu Santo que Dios es amor, nada más deberíamos saber. Ahí está todo".

CONTINUARÁ (11:25)

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Re: LA CARIDAD (por un Discípulo de Santo Domingo)

Message  Javier le Jeu 01 Nov 2018, 2:13 pm

Discípulo de Santo Domingo a écrit:

Escuchen ahora lo que dice el Padre Garrigou Lagrange, a propósito del amor esencial de Dios:

"Hay necesariamente en Dios un acto completamente espiritual y eterno de amor al Bien con mayúsculas, y ese Bien, amado desde toda la eternidad, es el mismo Dios, la infinita perfección, la plenitud del ser, amado en todo lo que tiene de amable, infinitamente. Este amor no es un deseo o esperanza -Dios no desea ni espera nada porque ya lo tiene todo-, posee desde toda la eternidad el Bien con mayúsculas, el Bien supremo, y se deleita necesariamente en él sin poder separarse del mismo. Dios no es libre para dejar de amarse, porque Su voluntad es el Bien, en Él siempre actualmente amado. Este amor, por su profundidad y su intensidad, merece el nombre de celo, es como una llama ardiente eternamente subsistente -"Yahveh tu Dios es fuego abrasador, es un Dios celoso"-. En el amor con el que Dios se ama a Sí mismo, no hay la menor traza de egoísmo, la menor sombra de egoísmo. Su carácter esencial es el ser infinitamente santo. El egoísmo consiste en preferirse al Bien, ahora bien, Dios es el Bien mismo infinito, y amarse Dios a Sí mismo es lo que constituye Su propia santidad."

Miren ustedes, el amor a nosotros mismos, es el egoísmo, el amor desordenado, porque hay también un amor ordenado y ahora hablaremos de eso, pero el amor desordenado a nosotros mismos es el egoísmo, que es la base y el fundamento, dice Santo Tomás, de todos los pecados. Todos los pecados que cometemos, absolutamente todos, proceden en su raíz del egoísmo, porque nos preferimos a nosotros antes que dar gusto a Dios, y así nos damos el gustazo de pecar, por consiguiente, el egoísmo. Para nosotros, amarnos desordenadamente a nosotros mismos es el pecado número uno, el egoísmo, mientras que en Dios, amarse a Sí mismo infinitamente es el acto constitutivo de Su propia santidad. Lo que en nosotros es pecado, en Él es santidad, porque cuando Dios se ama a Sí mismo, ama el Bien infinito, y eso es la santidad. ¡Qué maravilla!

Por eso, qué estúpidos son, qué imbéciles esos filósofos cuando dicen barbaridades como: "¿Dios? Es el supremo egoísta, todo lo hace por su gloria". ¡No saben lo que dicen, por Dios bendito! Cuando en realidad se trata de la antítesis del egoísmo, lo contrario del egoísmo, la soberana generosidad, la infinita liberalidad, eso es Dios. Todo generosidad, todo para nosotros. Él no se busca para nada a Sí mismo, Él ya lo posee todo, Él se ama infinitamente a Sí mismo, y esa es Su santidad, pero no porque eso le reporte ninguna ventaja cuando nos ama a nosotros, lo hace por nuestro bien. Es el colmo de la generosidad.

"De manera que Dios se ama eterna e infinitamente a Sí mismo, y nada puede amar sino en orden a Sí mismo, y este exclusivismo, que entre nosotros sería un gran desorden y un gran pecado, puesto que somos la nada y el pecado, en Dios constituye por el contrario la esencia misma de Su infinita bondad, Su santidad, porque nada hay ni puede haber más santo y ordenado, que el amor infinito y exclusivo del sumo y eterno Bien, que se identifica con la esencia misma de Dios".

Esta doctrina sublime encierra para nosotros grandes y fecundas enseñanzas prácticas, qué duda cabe.

CONTINUARÁ... (15:35)

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Re: LA CARIDAD (por un Discípulo de Santo Domingo)

Message  Javier le Dim 25 Nov 2018, 2:08 pm

A este propósito, escribe el gran teólogo Comtençon, el cual es un estupendo teólogo dominico del siglo XVII, dice aquí en un parrafito muy bonito que lo copié, el cual dice así:

"En Dios existe una voluntad purísima porque intenta siempre la gloria de la suprema bondad, incluso cuando atiende a otras cosas, cuando se refiere a nosotros. Por lo mismo, cualquier cosa que hagamos es impura y manchada si no la referimos a Dios con toda el alma. El águila distingue a los polluelos legítimos de los espurios por su manera de contemplar el sol; los que miran fijamente al sol y resisten la fuerza de su resplandor sin que se alteren sus pupilas ni aparten sus ojos al costado, ésos son de su propia raza. De manera semejante, las obras justas se miden y pesan por la intención de hacerlas mirando únicamente a la gloria de Dios. De la cual, por poco que se aparten, serán reputadas por nada." Como dice también San Juan de la Cruz.

San Bernardo dice:

"Hiciese Dios todas las cosas para Vos, y por eso el que se busca a sí mismo y a Vos, empieza a ser nada delante de Vos." (Sermón sobre el Cantar de los Cantares)

"Miserables de nosotros, continúa Comtençon, podemos con nuestras buenas obras merecer al mismo Dios, vulnerar su propio corazón, atraernos sus dones, comprar un peso inmenso de gloria, y entregamos todo esto al viento y al humo. ¿No somos acaso unos malos mercaderes? En verdad ignoramos el precio de las buenas obras cuando consagramos al mundo nuestras actividades, como dijo hermosamente el insigne canciller y mártir inglés Santo Tomás Moro: "los hechos buenos y laudables no suele recompensarlos el mundo ingrato ni podría hacerlo aunque quisiera."

Bueno, pues eso es el amor esencial, ese común a las Tres Divinas Personas.

Hablemos un poquito ahora, más detalladamente, del amor nocional. Esto es impresionante lo que van ustedes a oír ahora.

Es el amor con que el Padre ama al Hijo y el Hijo ama al Padre, y de los dos, brota un torrente de llamas que es el Espíritu Santo.

CONTINUARÁ... (18:07)

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Re: LA CARIDAD (por un Discípulo de Santo Domingo)

Message  Javier le Jeu 29 Nov 2018, 3:04 pm

Como ya dijimos, por amor nocional en Dios se entiende el acto de amor con que el Padre y el Hijo se aman mutuamente, dando origen por vía de procedencia o de espiración activa, a la tercera persona divina que es el Espíritu Santo. Este amor conviene por igual al Padre y al Hijo, pero no al Espíritu Santo, que es el término de ese amor. Este amor nocional recibe también el nombre de amor originante, porque es el amor que da origen al Espíritu Santo en el seno de la Santísima Trinidad. Ése es el amor nocional, el cual tienen el Padre y el Hijo, pero el Espíritu Santo no, el Espíritu Santo es el resultado de ese amor originante o nocional, pero él no tiene amor nocional, sino que posee amor personal, como veremos después.

Escuchen, escuchen qué maravilla. Van ustedes a adorar y amar a Dios cada vez más. Y fíjense que hay cosas que debo saltarme, porque se trata de altísima teología dogmática, y me tendría que volver loco para que viesen ustedes claramente todas estas cosas, y no quiero volverme loco todavía, todavía no, pero vean, vean cómo procede el Espíritu Santo, el amor nocional.

El Espíritu Santo, como ya dijimos, es el término del amor nocional en Dios, es el resultado del amor inefable con que se aman mutuamente el Padre y el Hijo, y vamos a ver qué es lo que, haciendo un esfuerzo colosal, los teólogos han acertado a decirnos de ese misterio de Dios. Los ángeles deben de estar riéndose a carcajada limpia, por aquello de San Agustín cuando vio aquel niño que con una concha quería pasar toda el agua del mar a aquel huequecito que había cavado en la arena, y San Agustín le dijo: "¿Cómo te va a caber ahí todo el mar?" y el niño le contestó: "¿Y cómo te va a caber a ti la Santísima Trinidad en esa pobre cabecita?" ¡Y eso se lo dijo a San Agustín! Que probablemente fue la inteligencia más grande que ha habido en el mundo. Pero en fin, haciendo un esfuerzo, sobre todo San Agustín y Santo Tomás de Aquino, porque en materia de teología trinitaria, lo mejor que se ha dicho sobre la Santísima Trinidad y ya no se dirá jamás nada mejor, lo han dicho San Agustín y Santo Tomás. Y les voy a hacer un pequeño resumen de lo que dicen ambos santos, y así y todo, los ángeles deben de estar riendo, pero es que no tenemos otra cosa para explicar este enorme misterio. Escuchen, hijas mías...

CONTINUARÁ... (20:21)


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Re: LA CARIDAD (por un Discípulo de Santo Domingo)

Message  Javier le Dim 02 Déc 2018, 3:27 pm

"He aquí cómo se verifica esta maravillosa procesión del Espíritu Santo: El Padre, contemplándose a sí mismo desde toda la eternidad, forma o engendra una idea infinita, que Le representa y expresa totalmente, es como Su Verbo mental, una especie de palabra sustancial y viviente en la cual se dice y expresa todo entero. Viendo a este Verbo, imagen perfectísima de sí mismo, reflejada en el espejo limpísimo de la esencia divina, el Padre le ama con un amor infinito y sin límites, y el Verbo que es la luz del Padre, Su pensamiento, Su gloria, Su hermosura, el esplendor de todas sus perfecciones infinitas, devuelve a Su Padre un amor semejante, igualmente eterno e infinito, y al encontrarse la corriente impetuosa de amor que brota del Padre con la que brota del Hijo, salta, por decirlo así, un torrente de llamas, que es el Espíritu Santo, amor único, aunque mutuo, viviente y subsistente, abrazo, vínculo, beso inefable que consume al Padre y al Hijo en la unidad del Espíritu Santo."

Y no sabemos decir más. Es adorable esto, hijas mías, es adorable. Y eso se está verificando en este momento en mi corazón y en el corazón de Dios. En este instante, el Padre y el Hijo, en el corazón de ustedes que están en gracia, se aman inmensamente, infinitamente, y amándose de esta manera, brota ese torrente de llamas que es el Espíritu Santo. ¡Ahora, en cada una de nuestras almas, ahora! Eso es una cosa que fue, y es una cosa que es, ahora mismo. Los místicos lo sienten, lo notan, nosotros no lo notamos, pero aunque no lo notemos, ahora se está verificando el misterio trinitario dentro de nosotros.

"Dios mío, Padre, Hijo y Espíritu Santo -dice el Padre De Reignont, un buen teólogo-, me consentiréis una comparación tomada del más tierno de los amores entre vuestras obras. Yo me imagino dos pequeñuelos gemelos que juegan entre sí y se abrazan a la vista de su madre. A aquella edad que ignora todavía el egoísmo, el amor brota derechamente del uno al otro, y no se oye más que un solo grito de alegría, que sale al mismo tiempo de ambos corazones: "Te quiero", y la madre, íntimo testigo, se regocija con esta palabra, se aman. Dios mío, Padre, Hijo y Espíritu Santo, vuestro misterio es mucho más puro y bello, es un Padre y un Hijo que se dicen mutuamente "Te quiero", y esa exclamación es tanto más única cuanto la virtud de exhalarla viene a la vez del Padre y del Hijo, y este amor es de tal suerte íntimo que es su propio y único testigo, y tan sustancial, que es una tercera persona que los une, la tercera persona de la Santísima Trinidad."

Qué maravilla...

CONTINUARÁ... (24:11)

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Re: LA CARIDAD (por un Discípulo de Santo Domingo)

Message  Javier le Jeu 06 Déc 2018, 1:33 pm

Y comentando un poco más abajo, el nombre de ósculo divino, el beso de amor que se dan el Padre y el Hijo, con la tradición cristiana que designa con ese beso al Espíritu Santo, escribe un autor cuyo libro tengo yo en Madrid, y si no lo tienen ustedes tendré que mandárselo, porque es precioso. "La intimidad de Dios" se llama, de Sauvé, un libro maravilloso. Dice, escuchen ustedes lo emocionante que es lo que van a oír:

"Pensemos en el ósculo más puro y tierno, en el beso de la madre a su hijo. ¡Cuántas cosas exquisitas se hallan en este beso! Mejor aún; pensemos en el beso que María, la más pura de las vírgenes y la más amorosa de las madres, daría al Niño Jesús, su Hijo y su Dios, y en el beso que el Divino Niño le devolvería. Pensemos en la unión de aquellas dos almas, en la fusión de aquellos dos corazones... y de aquí, levantemos todavía más el vuelo al contemplar el ósculo y la unión eterna del Padre y el Hijo en el Espíritu Santo. Este ósculo es el Espíritu Santo. ¡Oh ángeles y santos, vosotros que no alcanzaríais a decirnos la ternura y el gozo que había en el beso de María y de su Divino Niño, ¿podríais explicarnos el amor que hay en este ósculo ardiente, viviente, personal, infinito, que es el Espíritu Santo?..."

Qué maravilla...

Miren, los místicos lo experimentan, se vuelven locos con el Cantar de los Cantares, cuyo primer versículo dice:

"Béseme con el beso de su boca"

Cuando Santa Teresa de Jesús oía esto caía en éxtasis, no lo resistía. Cuando notaba en su alma el beso de una monja de Dios con su Dios, caía en éxtasis. Como no lo resistiríamos nosotros si tuviéramos la entraña que tenía Santa Teresa, el grado de perfección al que había subido, y al que podríamos subir, si estamos dispuestos a morirnos y que nos entierren, podríamos subir.

Yo sé, oh espíritu divino, que sois también el ósculo con que Dios abraza al alma y el alma abraza a su Dios, en Vos en donde tiene con ella una comunicación inefable, y una familiaridad que causaba estupor a los santos. Efectivamente, estas realidades sublimes llenaban de estupor y de admiración a los santos, bajo la acción de los dones del mismo Espíritu Santo, que les proporcionaban una inefable experiencia de lo divino, los santos desfallecían de amor, ante estas maravillas que dejan indiferentes a la mayor parte de los hombres, qué tragedia, inmersos como están en la materia, preocupados únicamente por las cosas de la tierra, los corazones mundanos están del todo incapacitados, no ya para sentir, sino incluso para entender estas divina exquisiteces. Ya San Pablo advierte que "el hombre animal no percibe las cosas del espíritu de Dios, son para él locura y no puede entenderlas, porque hay que juzgarlas espiritualmente." (I Cor. 2, 14)  Pero el Cielo, la contemplación de estas divinas maravillas, constituirá el fondo sustancial de nuestra eterna y embriagante felicidad.

CONTINUARÁ... (28:38)

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Re: LA CARIDAD (por un Discípulo de Santo Domingo)

Message  Javier le Sam 08 Déc 2018, 2:23 pm

"El Cielo a la vista", les decía esta mañana. El Cielo a la vista, el Cielo es esto.

Bueno, pues ya hemos hablado del amor esencial y del amor nocional, así que vamos a decir ahora unas palabritas sobre el amor personal, que es el tercer aspecto, son tres minutos pero pueden ser diez, da igual.

El amor personal es el propio Espíritu Santo en persona, como ya dijimos, entendido personalmente, el amor en el seno de la Santísima Trinidad es el propio y exclusivo del Espíritu Santo, término de la espiración activa del Padre y del Hijo. Por eso se designa al Espíritu Santo con mucha propiedad diciendo que es el amor eterno e infinito de Dios. Claro.

Y en este sentido, personalmente, sólo el Espíritu Santo es el amor, no el Padre ni el Hijo. El Padre lo es esencialmente, y el Hijo también, y lo son nocionalmente, pero personalmente no, sólo el Espíritu Santo. En este sentido, el Espíritu Santo es, escuchen, escuchen, "el amor subsistente del Padre y el Hijo, que les precipitaría al uno en el otro si, por un imposible, no fuese ya un solo Dios, por naturaleza. El Espíritu Santo, que se puede denominar el corazón del Padre y del Hijo, así como se ha denominado al Verbo el rostro del Padre; el Espíritu Santo, fuego divino, torrente de llamas, así como el Verbo es Luz de Luz, Lumen de Lumine; el Espíritu Santo, o sea, el encanto inefable, viviente y personal del Padre para con el Hijo y del Hijo para con el Padre. Su encanto también con respecto a nuestras almas. El Espíritu Santo, o sea, el atractivo infinito del Padre y del Hijo, y al mismo tiempo el atractivo por medio del cual se unen a nuestra alma, la unción por medio de la cual la mueven y la consuelan, tal cual decimos en el himno Veni Creator. El Espíritu Santo, la alegría, el júbilo inmenso que las dos primeras personas reciben la una de la otra; el Espíritu Santo, su vínculo, su unidad infinitamente íntima, y también su vínculo con nuestras almas; el Espíritu Santo, su beso soberanamente tierno y puro; el Espíritu Santo, la consumación de la vida divina, cuyo centro es el Verbo, en la Encarnación pareciera que Dios se abrió por medio y cayó el Verbo, que es el que está en el centro; el Espíritu Santo, el descanso del uno en el otro, del Padre en el Hijo y del Hijo en el Padre, la paz también y el descanso del alma."

Se me ha ocurrido esta tarde, no sé por qué, pensar que en todo beso, sobre todo cuando es ardiente, se da siempre un chasquido. El beso se lo dan el Padre y el Hijo, ¡y el chasquido es el Espíritu Santo! Es el chasquido del Padre y del Hijo. Los místicos lo sienten, sienten este chasquido.

CONTINUARÁ... (32:10)

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Re: LA CARIDAD (por un Discípulo de Santo Domingo)

Message  Javier le Dim 16 Déc 2018, 2:02 pm

El Espíritu Santo es el Amor en persona.

Es difícil concebir con nuestra pobre inteligencia humana la profundidad insondable de este título, el más propio y peculiar del Espíritu Santo. Nadie fuera de Él es el amor sustancial y viviente. No sería exacto, por incompleto e inadecuado, decir que el Espíritu Santo ama infinitamente, no; es preciso decir que es personalmente el amor infinito, no que tiene el amor, sino que es el amor infinito. El amor constituye todo su ser en cuanto tercera persona de la Santísima Trinidad.

Voy a terminar por hoy con un parrafito de tipo práctico:

"Entre nosotros, el amor viene y va, crece y mengua, pero nunca permanece completamente igual, particularmente el amor que se funda en los sentidos... Si solamente amamos a Dios el día que tenemos consuelos espirituales, eso no es amor, el amor no es eso, hijas mías. Va y viene, y el día que tenemos sequedad, aquel día no hay amor, ¿cómo es posible que no haya amor? Tendría que haberlo y más que nunca aquel día. Pero también el amor grande, verdadero, espiritual, cuántas vacilaciones, cuántos peligros conoce... Si aun el mismo amor divino por el cual lucharon los santos, el amor que como fuerza fundamental fue puesto en nuestro corazón por el Espíritu Santo está sujeto a la misma ley, ¿por qué? Porque en nosotros, el amor, aunque sea una fuerza elevada, santa, ¡nunca es nuestra misma esencia! Tenemos amor pero no somos amor. Esa es la distinción entre nosotros y Dios. Nosotros tenemos amor, pero no somos amor. Acaso se comprenda ahora lo que queramos significar cuando afirmamos que el Espíritu Santo es el Amor, no que tenga amor, sino que es el Amor, en letra mayúscula, el amor en persona, y su ser consiste en amar, que es el amor entre Dios-Padre y Dios-Hijo. No, no se puede comprender, es demasiado grande. Un ser que es completamente amor, solamente amor, amor eterno, amor ardoroso, vehemente e impetuoso, amor sin principio ni fin, sin límites ni confines, cenit continuo, perenne éxtasis divino del amor... esto es el Espíritu Santo, la tercera persona de la Santísima Trinidad. El amor personal de Dios."

Ahora van ustedes a tener una hora de oración mental, con el Santísimo expuesto, con la Santísima Trinidad expuesta, porque ya saben que en el Santísimo está la Santísima Trinidad. Si durante toda la hora no están ustedes en adoración -los esclavitos de Puerto Rico, a la oración mental no la llaman oración, la llaman Adoración, y les tuve que aplaudir cuando me lo dijeron, ¡qué bonito, qué bien dicho! La oración mental tiene que ser Adoración. Estos muchachos están de rodillas durante toda la hora, cual estatuas inmóviles, están en adoración, amando a Nuestro Señor-; bueno, si ustedes durante toda esta hora no están en adoración, si no se pasan la hora diciendo prácticamente, con el corazón y la mente, no hace falta que hablen con la boca, "Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo"... si no hacen esto, si no se enamoran del Trisagio a la Santísima Trinidad que está por encima de otras devociones, las cuales son ciertamente maravillosas, pero el Trisagio lo es aun más, si no hacen esto, ¡mañana me vuelvo a Madrid porque no hay manera de convencerlas!

CONTINUARÁ... (36:29)

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Re: LA CARIDAD (por un Discípulo de Santo Domingo)

Message  Javier le Lun 24 Déc 2018, 10:40 am

Bueno, la lección de hoy es muy hermosa. Van a gozar mucho, ya verán. Y además, es más sencilla que la de ayer. La de ayer era más profunda, pero la de hoy es preciosa y de grandísimas consecuencias prácticas para nosotros.

Vamos a contestar a tres preguntas que se formula Santo Tomás de Aquino en otros tres artículos de la Suma Teológica, hablando todavía de la caridad increada, de la caridad tal como está en Dios.

Pregunta: Si Dios ama todas las cosas.
Segundo: Si las ama todas por igual.
Y tercero: Si ama más a las mejores que a las no tan buenas.

Ya verán ustedes la de cosas provechosas que vamos a extraer hoy. Qué maravilla.

Primero: si Dios ama todas las cosas. Evidentísimo hasta la exageración. Basta leer el argumento de Santo Tomás para que vean clarísimamente que tiene que ser así. La conclusión suena así: "Dios ama infinitamente todo cuanto existe, o sea, todo cuanto ha sido producido por su voluntad creadora." He aquí las pruebas: Primero la Sagrada Escritura. El teólogo tiene que probar sus cosas ante todo por la Sagrada Escritura, por la Revelación, y después viene la razón teológica para completarlo y explicarlo, pero lo fundamental ha de ser el Virgo, la Revelación. En el libro de la Sabiduría 11, 25-26 y en otros muchísimos puntos, pero en éste está clarísimo, dice: "Pues amas todo cuanto existe, y nada aborreces de lo que has hecho, que no por odio hiciste cosa alguna. ¿Y cómo podría subsistir nada si Tú no quisieras? ¿O cómo podría conservarse sin Ti?" Resulta evidente pues, lo dice el libro de la Sabiduría.

Y el argumento de razón de Santo Tomás es clarísimo: "Este texto de la Sagrada Escritura nos da la explicación profunda y al mismo tiempo sencillísima de lo que queremos probar. Todo cuanto existe fuera de Dios son seres creados - ya les dije el otro día que todo cuanto existe es una criatura, hasta los ángeles, hasta la humanidad de Cristo-. Todo lo que no es Dios, es criatura. Todos son seres creados, que por lo mismo no tienen en sí mismos la razón de su subsistencia sino únicamente en Dios. Existen porque Dios quiso, más exactamente porque Dios los quiso, ya que sin la voluntad divina creadora, jamás hubieran podido llegar a la existencia, pero como la conservación en el ser equivale a una creación continua, síguese que su existencia no depende solamente del acto creador que los sacó de la nada, sino también y en cada instante del acto conservador de Dios que los mantiene en el ser. Luego es tan claro y evidente que Dios quiere todo cuanto existe, que si dejara de querer alguna cosa, ipso facto esa cosa dejaría de existir."

Ha dicho alguien una frase bellísima que dice así: "Si Dios se durmiese, se despertaría completamente solo". Toda la Creación habría desaparecido. A la nada absoluta. Pero no se asusten, hijas mías, que Dios no tiene sueño, no se dormirá jamás, pero si se durmiese, si prescindiese de su acción creadora, todos volveríamos a la nada. De manera que todo cuanto existe, existe porque Dios lo está conservando.

Miren el ejemplo que les pongo siempre de la luz. La luz se enciende cuando damos al conmutador eléctrico, pero no solamente es al momento de darle al conmutador que entonces creamos la luz, sino que todo el tiempo que la luz esté encendida tiene que mandarle la corriente, porque si dejaran de mandar la corriente por un instante, se apagaría, oscuridad total. Esto es evidente. Si Dios se durmiese, se despertaría completamente solo. Ya no habría Creación. Pero no se dormirá, estén tranquilas.

CONTINUARÁ... (41:18)

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Re: LA CARIDAD (por un Discípulo de Santo Domingo)

Message  Javier le Sam 29 Déc 2018, 9:28 am

De esta doctrina tan profunda y sencilla a la vez, se siguen consecuencias muy prácticas. Escuchen las consecuencias, he aquí algunas de las más importantes:

- Es inútil luchar contra la voluntad de Dios. Todo el poder de todas las criaturas juntas, poder que por otra parte han recibido del mismo Dios, es pura impotencia ante un simple querer de Dios. Cuando Dios quiere una cosa con voluntad eficaz -porque a veces quiere las cosas sin voluntad eficaz, ya hablaremos de eso también cuando tratemos acerca de la voluntad de Dios-, pero cuando Dios quiere una cosa con voluntad eficaz, no hay fuerza humana que lo pueda evitar. "Hámelo dicho el Señor", que decía Santa Teresa. Es decir, a mí qué me importa, si me dicen que no haga nada, no haré nada. Pero se hará, porque es voluntad del Señor. Cuando Dios quiere una cosa, se hace.

- La oración, que mueve en cierto modo la voluntad misma de Dios a concedernos sus gracias, es una fuerza incomparablemente más grande que todas las máquinas de guerra que ha inventado o puede inventar el hombre. En efecto. Los siete enanos están haciendo el ridículo, y una monja de rodillas puede traer la paz al mundo. Santa Catalina de Siena sostenía sobre sus hombros la Iglesia entera, ella sola. Con la oración. El peso formidable de la oración está en sus manos.

- Considerados en cuanto seres, no en cuanto malus, Dios quiere la existencia de los mismos demonios y de los condenados en el infierno, y de los que están en pecado mortal... Si existen es porque Dios quiere su existencia, ya que no podrían existir contra el querer de Dios. Si Dios no quisiera que existieran, no existirían. Satanás existe porque Dios quiere que exista como ser, no como demonio, y el pecador existe porque Dios quiere que exista como ser, no como pecador, pero como ser sí, y Dios le está sosteniendo y preservando la existencia. Ya lo hemos dicho muchas veces, por esencia, presencia y potencia está Dios en Satanás, y en un alma en pecado mortal. San Juan de la Cruz, nada menos que en la 1º canción del Cántico Espiritual, se exalta de gozo y dice: "Oh alma mía, qué alegría pensar que Dios estará siempre contigo ¡aunque estés en pecado mortal!". Claro, en este sentido lo está, aunque estemos en pecado mortal.

A la dificultad sacada de la Sagrada Escritura que dice: "Has odiado a todos los obradores de iniquidad" (Salmo 57), contesta Santo Tomás: "No hay inconveniente en que una misma cosa sea en un aspecto objeto de amor y en otro, objeto de odio. Dios ama pues a los pecadores en cuanto son seres de determinada naturaleza, ya que como tales, tienen ser, y proceden de Él. Pero en cuanto pecadores, puede decirse que no existen, que les falta el ser, y esto no proviene de Dios, y en este aspecto son para Él objeto de odio." Esto es profundísimo, hijas mías. El pecador en cuanto tal no existe. El pecado en cuanto tal no es ser, sino privación del ser. Un ejemplo bastante claro: las tinieblas no existen, las tinieblas son la nada, son privación de luz, pero existir como tales no existen, las tinieblas no existen. El pecado no existe, es privación del bien, y la privación del bien es la nada. No existe. Es una nada mala, pero en el fondo ni siquiera existe. ¡Qué profundo! Si no me han entendido, lo siento, pero esto es así, metafísica pura, teología pura. ¡Qué profundo es Santo Tomás, Dios mío, una maravilla! Fue predestinado por Dios para eso.

Segunda conclusión, ¿ya verán qué maravilla!  "Dios no ama las cosas porque son buenas, ¡sino que son buenas porque las ama Dios!" Sublime...

Nosotros nos enamoramos de una cosa y la queremos cuando nos parece que es buena, que nos conviene; si considerásemos que aquella cosa no nos conviene, no la amaríamos. Sin embargo, Dios hace que la cosa que ama Él es precisamente buena porque la ha amado Él, y al amarla le produce la bondad que tiene, porque Dios no puede estar sujeto a que venga después de la acción de Dios la acción de la criatura. Dios no puede encontrar en la criatura nada que no sea de Él y entonces enamorarse, no, eso no es posible. De ninguna manera. Es al revés. Toda la bondad de las criaturas la causa Dios, y en la medida y el grado en que lo causa Dios.

CONTINUARÁ... (45:46)

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Re: LA CARIDAD (por un Discípulo de Santo Domingo)

Message  Javier le Mer 02 Jan 2019, 11:00 am

Escuchen a Santo Tomás que lo explica divinamente:

"Dios ama todo cuanto existe. Todo lo que existe, por el mero hecho de existir, es bueno, ya que el ser de cada cosa es un bien, como asimismo lo es cada una de sus perfecciones. Hemos demostrado que la voluntad de Dios es la causa de todo cuanto existe; las cosas existen porque Dios ha querido que existan, es la voluntad de Dios, Él las ha creado, luego en tanto una cosa tiene el ser u otra perfección cualquiera, en cuanto que Dios lo ha querido; por consiguiente, Dios quiere algún bien para cada uno de los seres que existen, y como amar es precisamente querer el bien para otro, síguese que Dios ama todo lo que existe. Sin embargo, no lo ama del mismo modo que nosotros, porque como nuestra voluntad no es la causa de la bondad de las cosas, sino que al contrario, esta bondad es la que mueve y excita como objeto de amor a nuestra voluntad, síguese que el amor por el que queremos el bien para alguien no es la causa de su bondad, sino que su bondad, real o aparente, es lo que provoca el amor en nosotros, por el cual queremos que conserve el bien que ya tiene y adquiera el que no posee, y en ello ponemos nuestro empeño. En cambio, el de Dios es un amor, fíjense bien la fórmula que va a dar, el amor de Dios es un amor que crea e infunde la bondad en las criaturas."

Una maravilla. Sigue Santo Tomás:

"Se comprende que tiene que ser así, porque de lo contrario se seguiría el absurdo de que un ser creado tendría alguna perfección o amabilidad no recibida de Dios, lo cual es imposible y contrario. Esto no es posible, ya que es Dios quien la sacó de la nada dándole todo cuanto tiene de ser y de perfección."

En efecto. Sería una contradicción total.

Este principio profundísimo y eminente, el amor crea e infunde la bondad en los seres creados, tiene enorme repercusión en toda la Teología, y de él se desprenden consecuencias gravísimas, muy prácticas para nuestra vida espiritual. Escuchen algunas:

"Este principio -dice un teólogo dominico-, de profunda raigambre metafísica, Dios crea e infunde el amor en las cosas, la bondad de las cosas, tiene en la teología de Santo Tomás enorme trascendencia, sobre todo en la cuestión de la predestinación y de la gracia. Es éste un principio universal, que tiene aplicación lo mismo en el orden natural que en el sobrenatural. También en el orden sobrenatural debemos decir: Dios no quiere más a una persona porque sea más perfecta y más santa, ¡sino que una persona es más perfecta y más santa porque Dios la quiere más a ella! Esta profunda doctrina tomista debe extirpar en nosotros todo principio de soberbia y de vanidad. Quien encuentre en sí mismo alguna buena cualidad o perfección, quien se crea más perfecto y mejor que su prójimo, sepa que esto obedece a que ha sido prevenido con mayor amor por parte de Dios, lo cual debe inducirle a un reconocimiento más humilde y más profundo, para con el dador de todo bien. Es la misma doctrina que expresaba San Pablo cuando escribía: "Quién es el que te ha hecho a ti preferible? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿de qué te glorías como si no lo hubieras recibido?"

Así es, hijas mías. De manera que una persona puede ver que es mejor que otra, sí, no hay inconveniente. Qué duda cabe que Santa Teresa de Jesús, cuando escribía la séptima morada, ¡veía que estaba ella en la séptima morada!, ¡veía que ella era una gran santa!, lo veía, y sin embargo no se levantaba en su alma ningún sentimiento de vanidad sino que se abrumaba por esto, ella hubiera querido ser la última de todas, el farolillo rojo, meterse debajo de la tierra...

Y San Juan de la Cruz, cuando escribía la "Llama de amor viva", se daba perfecta cuenta que se trataba de él, que ya estaba en la cumbre, que era un santo de primera categoría, ¡lo veía!, pero al mismo tiempo, deshecho de humildad, exclamaba "Señor, padecer y ser despreciado por ti. Lo que quiero es que me desprecien, ser el último en todo."

Precisamente por la luz que tienen lo ven claro que todo lo que tienen viene de Dios y que de ellos no es nada, y por eso no tienen ni sombra de vanidad. Esto es magnífico.

CONTINUARÁ... (50:36)

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Re: LA CARIDAD (por un Discípulo de Santo Domingo)

Message  Javier le Sam 19 Jan 2019, 3:17 pm

La doctrina de este artículo prepara el camino para los dos siguientes, que son clarísimos y llenos también de consecuencias prácticas, lo van a ver ustedes ahora mismo.

Segundo artículo: Si Dios ama todas las cosas por igual.

Santo Tomás dice que sí y también dice que no. Ya verán en qué forma sí y en que forma no. Qué profundo también, qué sencillo y qué práctico. Escuchen, hijas mías, he aquí la respuesta de Santo Tomás tan clara y evidente que no necesita explicación ni comentario alguno. Yo me limito a copiar las palabras del Doctor Angélico, después hago un pequeño comentario pero tan claro está lo que dice el santo que ya no tengo que añadir nada más. Escuchen:

"Como amar es querer el bien para alguien, que una cosa se ame más o menos puede suceder de dos maneras: una, por parte del acto de la voluntad que ama, que puede ser más o menos intenso, y en este modo, Dios no ama más unas cosas que otras, porque lo ama todo con un simple acto de voluntad que no varía jamás y es infinito. Dios no puede amar más que infinitamente porque Él es infinito. -Dios no puede amar finitamente, no puede; decimos que Dios es omnipotente, y ciertamente lo es, pero para ciertas cosas, para otras no, porque Dios, por ejemplo, no puede pecar, ni tampoco puede hacer un acto finito, no puede; o hace un acto infinito o no puede actuar, porque es que no tiene otra manera de ser, tiene que hacer las cosas a la manera infinita como Él es, para que vean ustedes cómo son las cosas, todo Dios es infinito y no puede hacer un acto infinito-. Por consiguiente, por parte de la voluntad de Dios, todo lo que ama lo ama infinitamente, por parte de la voluntad, pero atención, que no solamente hay que tener en cuenta por parte de la voluntad, sino también por parte de la cosa querida, y por parte de la cosa querida, por parte del bien que se quiere para el amado, y en este sentido, amamos más a aquél para quien queremos mayor bien, aunque la intensidad del querer sea la misma. Así pues, es necesario decir que de este modo, Dios ama unas cosas más que otras, porque como su amor es causa de la bondad de los seres, no habría unos mejores que otros si Dios no quisiese a unos más que a otros porque serían todos iguales."

¡Está clarísimo! Si hay unos que son mejores que otros, es porque Dios les ama más, porque les ha dado más, si no no serían mejores, seríamos todos iguales. De manera que por parte del acto de la voluntad tal como sale de Dios, es infinitamente para todos, no puede serlo de otra manera, pero por parte del bien que Dios desea a éste y al de más allá, desea cosas distintas y diferentes, a unos más y a otros menos. ¿Por qué? Pues miren ustedes, porque le da la gana. No hay una razón para esto. A uno Dios le dio cinco talentos, al otro dos y al otro le dio uno porque Él quiso. Ya está. Pero que Dios le dio a unos cinco, a otros dos y otros uno, esto es ciertamente evidente. Amando infinitamente a todos, porque Dios no puede amar de otra manera, pero dándoles cosas distintas, porque lo quiere Dios así. Sus razones infinitas tendrá, claro, pero no las sabemos. Fíjense si esto repercute en la predestinación. ¿Por qué Pedro sí y Judas no? Santo Tomás resuelve el problema con una serenidad tremenda: "Esto depende sencillamente de la Voluntad de Dios." Se acabó. No sabemos nada más. Pero Dios quiere distintas cosas y a unos más y a otros menos, sin duda alguna. Ya verán las consecuencias que vamos a sacar de todo esto.

Este artículo, simple corolario del anterior, es de importancia decisiva para las cuestiones de la gracia y la predestinación. Lleva de la mano, inevitablemente, a la eficacia intrínseca de la gracia y no por el consentimiento de la criatura, la cual no puede por sí misma producir el bien, independientemente de la divina moción, y a la predestinación enteramente gratuita, antes de la previsión de los méritos del predestinado. Son tesis capitales de la escuela tomista. La predestinación es gratuita. Dios predestina al que quiere. Pero cuidado, ¿significa esto que Dios predestina a alguno para que vaya al infierno? ¡Jamás! Eso es una herejía condenada por la Iglesia. Dios no predestina a nadie para el infierno. Pero a unos los predestina infaliblemente para el Cielo y esos no fallarán. A los que eligió, los justificó. Eso no fallará. Lo otro fallará por culpa de los pecadores, no por culpa de Dios, porque la predestinación para el infierno no existe, eso es una herejía condenada por la iglesia. Pero de hecho, se condenarán muchos por su propia cuenta y razón, y Dios lo permitirá, por un decreto insondable que nosotros no podemos sospechar. "Esto depende sencillamente de la Voluntad de Dios."

Pero ustedes, hijas mías, duerman a pierna suelta, porque tienen seis razones de la esperanza segurísima. ¡Están predestinadas! Si no estuviesen predestinadas, no se salvarían, por culpa de ustedes se condenarían. Pero están predestinadas, tranquilas. Tienen seis argumentos aplastantes. Si aquello no les convenció, ya no les convencerá nada. Aplastante. Qué maravilla es la providencia de Dios, qué maravilla...

CONTINUARÁ... (56:20)

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Re: LA CARIDAD (por un Discípulo de Santo Domingo)

Message  Javier le Dim 20 Jan 2019, 1:20 pm

Y ahora viene una cosa que tiene una importancia práctica enorme: el cuarto y último artículo. En realidad, el tercero de hoy, pero que es el cuarto de esta sección de la Caridad Increada. El primer artículo era el de ayer, y estos tres son los de hoy. Éste es el tercero de hoy y el último ya d ela caridad increada. Mañana, si Dios quiere, empezaremos ya con la Caridad Creada, la virtud teológica de la Caridad.

Este último artículo dice: Si Dios ama siempre las cosas mejores.

Si ustedes tienen un poco de sentido común y saben aplicar los principios que hemos dicho, entonces ya saben la contestación. Pero ya verán las consecuencias. La contestación es sencillísima, cualquiera de ustedes nos la diría ahora mismo. ¿Ama Dios más a las cosas mejores que a las no tan buenas, hijas mías?... Pues evidentemente sí, por supuesto. Dios ama más a las cosas mejores, eso es muy evidente. No hace falta ni demostrarlo, pero ya verán las consecuencias...

Otro artículo que no es sino un simple corolario del principio fundamental que hemos explicado más arriba: "Dios, amando las cosas, crea e infunde en ellas su bondad".

Escuchemos la respuesta de Santo Tomás a esta cuestión: "Conforme a lo que tenemos explicado, es necesario decir que Dios ama más las cosas que son mejores. Hemos dicho en efecto que amar Dios más una cosa  es querer para ella un bien mayor. Pues bien, como la voluntad de Dios es la causa de la bondad que tienen los seres, la razón de que unas cosas sean mejores que otras es porque Dios quiere para ellas mayores bienes; por consiguiente, ama más a los mejores." Es de sentido común.

Miren las consecuencias. En el argumento en contra que Santo Tomás aduce, nos dice: "Cada ser ama a su semejante, como se nos dice en el Eclesiástico 13, 19, pero las cosas son tanto mejores cuanto más se asemejan a Dios. Luego, como cada ser ama más a su semejante, los seres mejores son más amados de Dios porque están más cerca de Él".

¡Maravilloso! Y, ¿qué se desprende de esto? Ahora lo verán enseguida:

"Dios ama más a Cristo Hombre que a toda la creación universal entera sin comparación, porque la humanidad de Cristo está hipostáticamente unida a Dios, es lo más cercano a Dios, ya no puede estar más cerca". Le ama mucho más que a la Virgen. ¡Después de Cristo viene la Virgen, por supuesto! Pero en segundo lugar, la Virgen es la criatura que más se acerca a Dios. En tercer lugar, para mí no me cabe la menor duda, corresponde a San José. Al tercero que más ama Dios es a San José, porque es el que más cerca está de Cristo y María. De lo cual se desprende una consecuencia tremenda: y es que, como en el Cielo nosotros amaremos las cosas como las ama Dios, no con el egoísmo y la ignorancia con que las amamos en este mundo, ¡allí amaremos más a los mejores que a los más íntimos nuestros! ¡Amaremos incomparablemente más a Santa Teresa de Jesús y a los santos que a nuestro padre y a nuestra madre! Nuestros familiares estarán detrás. A medida que estén más cerca de Dios, más les amaremos. Y amaremos en primerísimo lugar a Cristo, en segundo lugar a la Virgen, en tercer lugar a San José, y así, en la medida de la proximidad con Dios. Y nuestra familia, ¡uy!, nuestra familia, hijas mías, vendrá mucho más atrás, porque no están tan cerca de Dios, aunque sean bienaventurados.

¡Esto es sublime! Ya en este mundo deberíamos hacerlo así, queridas mías, deberíamos amar a los más santos. Pero como no sabemos quiénes son, pues vamos a amarnos todos por igual porque los más santos sólo los conoce Dios... Pero desde luego, si lo supiéramos nosotros, si supiéramos quién es el más santo, a ése o ésa tendríamos que amarle más que a los demás, claro, porque está más cerca de Dios.

Maravillas insondables de la Providencia, hijas mías, maravillas insondables.

CONTINUARÁ... (1h:12)

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