DIOS NOS AMA (Dom Godofredo Belorgey O.C.S.O.)

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Message  Javier le Ven 20 Avr 2018, 5:53 pm

DIOS NOS AMA

por Dom Godofredo Belorgey


Et nos cognovimus et credidimus Caritati quam
habet Deus in nobis.

Nosotros hemos conocido y creído el amor que
Dios nos tiene.

San Juan
Epístola, IV, 16


Nihil amori Christi praeponere.

No anteponer nada al amor de Cristo.

San Benito
Regla, cap. IV


Frequentando gustari, gustando probari, quam suavis
est Dominus.

Con el trato frecuente de Dios, se gusta de Él, y
gustando de Él se experimenta cuán dulce es el Señor.

San Bernardo
Tratado del Amor de Dios, IX, 26

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Message  Javier le Mer 25 Avr 2018, 4:59 am

Carta del Rvmo. P. Don Plácido de Roton,
Abad de Santa María de la Pierre-qui-Vire.

Santa María de la Pierre-qui-Vire, 30 de enero de 1949


Mi Reverendo y muy querido Padre:

Estoy todavía bajo la excelente impresión que me ha causado la
lectura de vuestro libro sobre el Amor de Dios, y bendigo a Dios por
habéroslo inspirado. Se le podría recomendar con estas palabras: «Gustate
et videte...»

No os habéis contentado con sentar una teoría sobre, el amor, váis
más allá mostrándonos este amor de Dios ejercitado por cada una de las
Tres Divinas Personas. Hacéis que lo palpemos, pues no indicáis sólo la
receta, sino que mostráis la golosina, y por decirlo así, nos la metéis en
la boca. Conducís el alma a Dios, la volvéis a traer sin cesar a Él, a su
amor concreto, actual, que nos persigue, nos envuelve y nos penetra
deseoso de comunicarse, sediento de que sintamos sed de Él, procuráis
conducir el alma —pero sin pretender, sustituir al Espíritu-Santo— a la
experiencia de Dios.

La Stma. Virgen tiene su lugar propio al lado de Jesús, con Él; Jesús
y María son uno.

Y todo termina con la magnífica perspectiva de la gloria de Dios, -
motivo capital, muy ignorado, pero capaz de llenarnos de entusiasmo-.
La vida sobrenatural no es negocio de repliegue sobre nosotros mismos,
ni siquiera sobre Dios en nosotros: es asunto de amor, y el amor es extático,
amor que canta y que se entrega: Todo por la gloria y la alegría del
Amado.

Entonces estamos en plena luz. Esto es lo único que nos puede
satisfacer. No se comprende el sentido de la vida, el sentido fiel sacrificio,
el sentido del amor; en una palabra: no se ama verdaderamente, mientras
no se eistá poseído del deseo inflamado de la gloria de Dios. Solo entonces
tiene valor y lleva frutos el celo de las almas. Esto es la unidad.

¡Ojalá que vuestro libro llene de luz a muchas almas, las sumerja en
el amor y las convierta en hogueras que alumbren y abrasen otras almas,
ad laudem Dei!...

F. Plácido, Abad, O. S. B.

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Re: DIOS NOS AMA (Dom Godofredo Belorgey O.C.S.O.)

Message  Javier le Ven 27 Avr 2018, 5:33 pm

TOLLE ET LEGE...

TOMA ESTE LIBRO Y LÉELO...

Con estas palabras que de labios misteriosos oyó un día el Águila de Hipona, Quiero
presentarte yo, lector amigo, este libro precioso que, compuesto por el Muy Rvdo. Abad
Auxiliar del Cister, Dom Godofredo Belorgey, sale a luz en nuestra lengua por la solicitud
apostólica de nuestro venerado y querido Rvdmo. Abad Mitrado de S. Isidro de Dueñas,
Dom Buenaventura Ramos.

Todo libro bueno es, en frase de Avellaneda, como un cúmulo de semilla que el viento
esparce y que cayendo en tierra fértil fructifica en abundante cosecha, porgue sus palabras
son como polen espiritual que fecunda las almas suscitando ideas, pensamientos, sentimientos
y afectos que con frecuencia germinan en resoluciones y arranques generosos y hasta
en heroísmos de santidad... S. Agustín, S. Ignacio de Loyola, Sta. Teresa, docenas de
conversos de los tiempos modernos y crecido número de hombres y de mujeres, cuyas conversiones
llamaron poderosamente la atención en nuestros mismos días, recibieron en los
buenos libros, bajo la acción concomitante de la gracia divina, la orientación y el impulso
hacia la vida virtuosa y santa, la firmeza para perseverar en los ásperos caminos de la
perfección y la fuerza sobrehumana para escalar las cumbres mismas de la santidad más
elevada.

Te presento, pues, este libro con un título eminentemente sugestivo y de perenne
actualidad: DIOS NOS AMA. Y aparece la edición castellana en el año mismo del
octavo centenario del tránsito de San Bernardo, el dulcísimo Abad de Claraval, Doctor
Melifluo de la Iglesia, él que llevó consigo treinta jóvenes ilustres al Cister, consolidando
y propagando la reforma iniciada por los tres monjes famosos S. Roberto, S. Alberico y
S. Esteban, el que predicó la segunda Cruzada a Tierra Santa, el que cortó un cisma
iniciado en la Iglesia y apaciguó los ánimos de los Príncipes cristianos de Europa, librando
al continente de cruentas tragedias en el siglo XII.

En este libro encontrarás amenas y sabrosas páginas que te iniciarán y confirmarán
en los misterios de la vida cristiana, desde el ordinario servicio de Dios por el cumplimiento
de su ley santa hasta los caminos de la vía ascética purificadora y santificante
bajo la vigorosa influencia de las máximas del Patriarca del monaquismo occidental, San
Benito: Ora et labora..., reza y trabaja..., universa custodire amore Christi...
guardar diligentemente las normas ascéticas por amor de Cristo..., en el ambiente suavísimo
del puro amor de benevolencia que practicó e inculcó a sus monjes San Bernardo y que
nos lleva a la dulcísima unión de conformidad con el divino querer y a gustar un anticipo
de las delicias del Cielo en el trato íntimo y en el servicio generoso del Padre celestial,
gozando en los más duros trabajos, en las mayores austeridades y en los mismos sufrimientos,
ut in omnibus glorificetur Deus... para que en todo y con todo sea glorificado
Dios nuestro Señor.

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Re: DIOS NOS AMA (Dom Godofredo Belorgey O.C.S.O.)

Message  Javier le Dim 29 Avr 2018, 5:06 am

Tómalo con cariño, léelo reflexivamente, medita su contenido, saborea su celestial
doctrina... y encontrarás aquel donum Dei, aquel regalo del Cielo, de que hablaba Jesús
a la samaritana, en la sabiduría del inefable amor de Dios, conociendo la caridad divina,
confiando plenamente en ella y dándote al amor de correspondencia, que es también
caridad. Todo el libro es una exposición del amor divino y una escuela y un estímulo
poderoso del amor humano al que es todo Caridad: en su lectura hallarás el amor del
Padre, que, busca, llama, acoge y acaricia al hijo terreno por medio del Hijo Unigénito,
haciéndolo semejante y coheredero por la gracia santificante, la caridad eterna del
Verbo Encarnado, Redentor del humano linaje y Restaurador del orden de la gracia y de
la gloria, salvándonos de la universal ruina acarreada por el pecado, las finezas del amor
vivificante del Espíritu Santo, que prepara la morada del alma con la infusión de la gracia
y las virtudes y se hace Huésped divino permanente, convirtiendo la persona toda del
justo en un Templo viviente de la Santísima Trinidad, la caridad maternal y solícita de
la Santísima Virgen María, la Asunta y Medianera que pregonó en sus sermones y en
sus obras San Bernardo y la Orden del Cister, la mística escala que nos lleva a Jesús y
puerta del cielo que nos franquea la entrada en la Gloria, la caridad fraterna con su carácter
divino, cuando nos hace ver a Dios en los prójimos, y el mérito subidísimo del
servicio al mismo Jesucristo, sentido en nuestros hermanos e indigentes, cuando en ellos
vemos a miembros vivos del Cuerpo Místico y recordamos que Cristo acepta y premia
como hecho a sí mismo todo el bien que, pensamos, hablamos, queremos y hacemos en favor
de nuestros prójimos.

Cuando leas estas páginas, escritas y vertidas por quienes estudiaron, sienten y viven
estas enseñanzas del amor, expertis crede, fíate de estos maestros experimentados, y
gustarás del trato filial con Dios, gozándote en tu dignidad de imagen e hijo de tal Padre,
con vivas ansias de corresponder a su amor, de complacerle, de asemejarte cada día más
a Él y de trabajar por que de todos sea conocido, honrado y servido: entonces se verificará
en ti lo que proclamó el Abad de Claraval: si sapis, concham te exhibebis..., si llegas
a conocer bien y a gustar las delicias del divino amor, serás como una concha que se
llena de agua y la rebosa en beneficio de cuantos a ella se acerquen. Entonces podrás también
comprender, siguiera en parte, la vida misteriosa de los monjes del Cister, que es vida
de oración, de penitencia, de silencio, de trabajo y de austeridad en todo... y a la vez es
vida de dulce paz y de anticipada bienaventuranza para ellos y elocuente lección apologética
y estimulante para cuantos les contemplan. Y podrás repetir con la sagrada Liturgia:
expertus potest credere quid sit Jesum diligere; el que lo ha experimentado
es el único que puede comprender lo que significa amar a Jesús.

Eso deseo y pido al Cielo para todos y cada uno de los lectores: que conozcan y
sientan las delicias del amor divino, buscando con ardor a Jesús en todas las cosas e
inflamándose cada día más en su amoroso servicio: Jesum ardenter quaerite et quaerendo
inardescite
, que canta la Iglesia: buscad a Jesús con ardiente anhelo y abrasaos
en su amor a medida que lo buscáis.

Mis aplausos fervorosos a los Rvdmos. Abades del Cister y de Dueñas, autor el uno
y traductor el otro de la obra, mis enhorabuenas a los dos por la magnífica aportación
que hacen a la cultura ascética contemporánea, y mi gratitud al segundo por haberme
brindado las primicias de su trabajo al honrarme con el encargo de hacer su presentación
al público lector.

Al libro le diré, finalmente, las palabras del poeta latino: ABEAS FELIX... : que
circules prósperamente..., que recorras Comunidades y hogares cristianos..., que hagas las
delicias de las personas devotas y sirvas de pasto espiritual a las almas selectas, que
habrán de repetir como fruto de su experiencia el dicho de San Bernardo; eo suavior et
dulcior quod totum divinum est quod sentitur
; tanto más dulce y deleitoso es el
trato íntimo con Dios cuanto que es divino todo lo que en el mismo se experimenta.

Palencia, 6 de febrero de 1953.

+ JOSÉ, OBISPO DE PALENCIA

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Re: DIOS NOS AMA (Dom Godofredo Belorgey O.C.S.O.)

Message  Javier le Ven 04 Mai 2018, 5:14 pm

INTRODUCCIÓN

Deus Caritas est, «Dios es amor».
¿Quién no se ha conmovido al escuchar
o leer estas palabras con las cuales S, Juan
nos sumerge en pleno misterio de Dios? Con
la misma fuerza con que las hayamos comprendido,
responderemos con un grito de reconocimiento
salido del fondo de nuestro
corazón, diciendo con el Salmista: «Diligam
te, Domine»
, ¡Te amaré, Señor!  ¡Señor, haced
que os ame! ¿Acaso no es el Amor el mandamiento
que Vos habéis dirigido a los hombres
de todos los tiempos?

«Escucha, Israel: Yahveh es nuestro Dios.
Yahveh es uno. Amarás, pues, a Yahveh, tu
Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas»
dijisteis
Vos a vuestro pueblo, por boca de Moisés y Jesús ha confirmado en el Evangelio
que éste es el primero entre todos los mandamientos, el mismo que
N. P. S. Benito nos presenta también el primero, entre los setenta y dos
«instrumentos de las buenas obras»: «In primis Dominum Deum diligere ex
toto corde, tota anima, tota virtute»
. Todos los santos, siguiendo a San
Pablo, nos repiten lo mismo, es decir, que el deber esencial, del hombre consiste
en amar a Dios: «Sin amor vengo a ser como un metal que suena o
campana que retiñe... Sin amor no soy nada»
. El amor de Dios es la esencia
de toda santidad.

En la serie de conferencias que han precedido, comenzamos por presentar
el ideal de la vida cristiana de una forma muy sencilla, a pesar de lo
cual resulta atrayente: ¿qué cosa más llena de vida que la mirada, suele
decirse? Todo cristiano, y especialmente todo monje contemplativo, debe,
reproducir, en cierta medida, la vida de la Stma. Trinidad, viviendo desde,
aquí abajo, en presencia de Dios, con El, bajo su mirada. Pero esto que
parece tan sencillo, no es siempre tan fácil llevarlo a la práctica. Por eso
hemos insistido luego en los dos grandes medios que deben sostener
nuestros esfuerzos, que son los mismos que nuestras Constituciones nos
proponen para tender a la perfección: la contemplación y la penitencia;
presentando primero, el que en sí mismo ofrece más atractivos: por la práctica
de la oración el alma se eleva a Dios para solazarse íntimamente con Él.
Mas no podrá unirse a Él de una manera habitual, en la perfección de la
caridad, mientras no sea purificada, después de haber subido todos los
grados de «la escala de la humildad».

En el momento en que lleguemos a estas alturas, podremos prometernos,
conforme a la Regla de nuestro bienaventurado Padre, que el Espíritu
Santo nos infundirá de repente la caridad. Pero, como ya hemos tenido
ocasión de advertirlo, esto no es más que una imagen con la que San Benito
quiere llamarnos la atención poniendo más de relieve el trabajo de Dios y el
del hombre. Bien persuadidos estamos de que los progresos en la caridad y
en la humildad van a la par, y, prácticamente, no se nos da la primera sino
a medida que subamos los grados de la escala de la humildad.


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Re: DIOS NOS AMA (Dom Godofredo Belorgey O.C.S.O.)

Message  Javier le Dim 06 Mai 2018, 12:07 pm

Si el amor divino se difunde de esta manera en nuestros corazones, ¿no
será para que vivamos de él? Desde los primeros pasos que damos en busca
de Dios, se nos convida a hacer actos de caridad interiores y exteriores. Esto
es lo que hacemos con la recepción de los Sacramentos y con la oración,
uno de los mejores medios que tenemos para conseguir el aumento de esta
virtud. Amando se aprende a amar, dice San Agustín.

Tal es el fundamento lógico de la tradición de nuestros primeros Padres
cistercienses; los cuales, siguiendo a San Bernardo, unen a un tratado sobre
la humildad otro sobre la oración o la contemplación; al comentario sobre el
Cantar de los Cantares, un tratado sobre el amor de Dios, de diligendo Deo.
Parece, pues, normal que nos inspiremos en su ejemplo, orientando en estas
páginas el misterio de la vida cristiana bajo un aspecto que aquí no hacemos
más que señalar: el del amor.

Este punto de vista se revela prácticamente a muchos cristianos cuando
han alcanzado ya cierto grado de purificación y de unión con Dios, o bien
en el momento en que se deciden a entregarse a El sin reserva, Pero también
puede seducir igualmente a ciertos corazones sencillos que han permanecido
siempre puros, desde que dan sus primeros pasos hacia la perfección. Tanto
los unos como los otros quieren amar al Señor; y arrastrados por su amor,
desean ejercitarse en la mortificación para despegarse más de las criaturas
—en cuanto éstas les apartan de Dios— y de esta manera contemplar cada
vez más habitualmente a aquel que las cautiva. Con toda verdad pueden
decir: «Amor meus, pondus meum»: «Mi amor es mi peso», mi amor es una
fuerza que, a medida que crece, me arrastra más poderosamente, haciéndome
practicar con espontaneidad lo que con antelación me impone como un
deber. De esta manera, la oración y la ascesis, que antes eran medios para
amar a Dios, se convierten ahora en una consecuencia natural de mi
amor.

Debería sernos fácil amar a Dios: ¡el amor es una aspiración grabada '
con tanta fuerza en lo más íntimo de nuestra naturaleza! Y sin embargo, si
nos examinamos a nosotros mismos, prescindiendo de los que nos rodean,
¿qué podemos decir? ¿Por qué no amamos a Dios..., o le amamos tan poco?
Afirmémoslo con sinceridad: es porque no creemos con suficiente eficacia
en Su amor para con nosotros. No nos podemos aplicar con toda verdad
estas palabras de San Juan: «Et nos cognovimus et credidimus caritati quam
Deus habet in nobis»
, «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos
tiene, y hemos creído en este amor».

Los santos han creído en este amor, y he aquí por qué han correspondido
a él con todas sus fuerzas. Pero ¿de qué naturaleza era el conocimiento
que tenían del amor divino? ¿Era únicamente especulativo? De ninguna
manera; habían experimentado, y, por consiguiente, comprendían que Dios
los amaba con un amor particular, personal, que está sobre todo lo que se
puede decir y pensar. Por eso estaban completamente conquistados por él,
haciendo realidad estas palabras, tan emocionantes, de la liturgia de Navidad:
«Sic nos amantem, quis non redamaret», «¿quién no volverá amor por amor,
al que tanto nos ha amado?».


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Message  Javier le Mar 08 Mai 2018, 4:31 pm

Tengamos en cuenta que no se trata aquí de exponer, ideas nuevas.
Conocemos todas las enseñanzas dogmáticas que nos saldrán al paso en el
decurso de este trabajo; pero —confesémoslo con sinceridad-- no las
vivimos. Para ayudarnos a vivirlas es más importante el amor que la ciencia...

¿Quién será el que comprenda estas palabras que citamos al comenzar
nuestro trabajo: «Deus caritas est», «Dios es amor»? Parece que estamos escuchando
la voz de nuestro Señor dirigiéndose a su Padre: «Confiteor tibi
Pater... quia abscondisti haec a sapientibus et prudentibus, et revelasti ea
parvulis»
, «Yo te alabo, Padre mío, Señor del cielo y de la tierra, porque has
encubierto estas cosas grandes a los sabios y prudentes del siglo, y las has
revelado a los humildes y pequeñuelos. Así es ¡oh Padre! porque así fue tu
soberano beneplácito». Quisiéramos, pues, dirigirnos a las almas sencillas,
que tienen hambre y sed de Dios, para ayudarlas a encontrarle. Porque no
pueden quedar satisfechas mientras Él no sea para ellas más que un ser
lejano, al cual conceden un poco de lugar, en la jornada diaria, para servirle,
pero con un servicio que es simplemente «una de tantas cosas» en medio de
otras múltiples ocupaciones. Presienten que Dios debe ser todo para ellas, que
Él debe llegar a ser alguien que cuenta en su vida y con el cual tienen que contar.

Trátase aquí de una exploración, de hacer una verdadera experiencia.
Ciertamente que no se puede dar la receta de esto en un libro, porque no
es cuestión de teoría, sino más bien de práctica; pero se puede por lo menos
tratar de despertar en las almas el deseo de esta perla escondida, cuya existencia
ni siquiera sospechan, y en seguida mostrarlas el camino por el cual se
puedan orientar para poder descubrirlo ellas mismas, de una forma personal,
en la hora que a Dios le plazca.

Que tampoco se imaginen, por otra parte, que Dios va a querer que
vivan todos los experimentos que vamos a describir en estas páginas. Cada
alma tiene su camino propio que el Dios de amor ha trazado para ella. Importa
reconocer esto con sencillez y mantenerse en ello con confianza, persuadida
de que para ella no hay cosa mejor, aunque haya otros al parecer
más atrayentes.

Para ayudar a todos y a cada uno a orientarse, procuraremos recordar
alguno de los experimentos más característicos, cuyo testimonio poseemos
y que ponen mejor de relieve los elementos esenciales de la acción de Dios
en los corazones, y la correspondencia que Él espera de ellos. Pero que
nadie se descorazone pareciéndole que la mayor parte de estos favores
divinos no son para él. El que busca con generosidad, seguro puede estar de
que hallará; pero con frecuencia de una manera muy diferente de la que él
pensaba de antemano. La experiencia del lugar que Dios debe ocupar en
nuestra vida es siempre posible, aún en un estado casi continuo de impotencia,
de sequedad y de aridez.

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Re: DIOS NOS AMA (Dom Godofredo Belorgey O.C.S.O.)

Message  Javier le Ven 11 Mai 2018, 5:24 pm

A propósito de la acción del Espíritu Santo, precisaremos cuáles son
las principales maneras de «gustar» la voluntad divina; y luego que la
hayamos gustado, veremos cuán bueno es el Señor. «Gustate et videte quoniam
suavis est Dominus»


Tal es el método que emplearemos, siguiendo toda la tradición cisterciense
desde los siglos XII y XIII. Escuchemos a Sto. Tomás que nos
confirma esto mismo:

«En las cosas corporales, dice él, primero se ve y luego se gusta; mas en
las cosas espirituales es necesario gustar antes de ver. Nadie conoce si antes
no gusta. Esta es la razón por qué se dice primeramente gustad y después ved".

«Cosa extraña, dice el P. Faber; es muy difícil persuadir a otro cualquiera
o convencerse a sí mismo de que Dios nos ama. Es una fecha inolvidable
y un día digno de memoria aquel en que el conocimiento del amor
que Dios la profesa, pasa al estado de convicción sensible; porque el día en
que esta convicción se enseñoree de su espíritu, se obrará en su alma una
verdadera revolución; será un hombre nuevo: es una especie de conversión».

Solo el amor puede obrar esta conversión, y él tiene fuerza suficiente.

Es claro que, aun en el orden puramente humano, el amor transforma el
conocimiento. Él hace que el alma esté ávida de la verdad, él la dispone
a recibirla y hace que penetre hasta en las más íntimas profundidades. Esto
es mucho más verdadero en el orden sobrenatural. Como las realidades espirituales
escapan a nuestros sentidos, corren el riesgo de dejarnos indiferentes,
y no las comprenderemos perfectamente hasta el día en que nuestra
voluntad, abrasada por la caridad, sobrepase la verdad que la inteligencia la
presenta para adherirse al misterio de la vida divina, y nos permita descubrir
en ella, de una forma personal, riquezas hasta entonces insospechadas.
Precisaremos que el amor de que hablamos en estas páginas es esencialmente
sobrenatural.

En teología, las mismas palabras: amor, amor de caridad o simplemente
caridad, designan, ya el amor de Dios, ya el amor del hombre. No podemos
soñar con definir la caridad divina, porque jamás comprenderemos a Dios;
pero, por lo menos, tendremos ocasión, en el curso de este estudio, de
examinar sus principales manifestaciones.
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Message  Javier le Dim 13 Mai 2018, 12:37 pm

Por lo que se refiere a nuestra propia caridad, el catecismo —la teología
de los niños—, nos dice que «es una virtud sobrenatural con la cual amamos
a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, por amor
de Dios»
. Y si recurrimos a Sto. Tomás para determinar la naturaleza de
este amor: «Es claro —afirma, como corolario de un razonamiento riguroso—,
que la caridad consiste en cierta amistad del hombre con Dios»;
«Manifestum est quod caritas amicitia quaedam est hominis ad Deum».
Esta definición reúne, en efecto, los diferentes elementos de la amistad: amor
de benevolencia fundamentado sobre cierta comunidad de bienes.

Pero esta amistad del todo espiritual no está a nuestro alcance, y no
podemos, por consiguiente, comprobar su existencia, sino por medio de los
actos que la ponen de manifiesto. Estos deben ser de dos clases: interiores
los unos, de orden afectivo, y los otros exteriores, de orden efectivo, los cuales,
por otra parte, se atraen mutuamente. San Francisco de Sales trata esto con
admirable precisión.

«Dos ejercicios principales son los del amor de Dios: uno afectivo y
otro efectivo, o como le llama San Bernardo, activo: por el primero, amamos
a Dios y a todo lo que Él ama; por el segundo; le servimos y hacemos lo que
nos manda: aquél nos junta a la bondad de Dios, éste nos hace ejecutar su
voluntad; el uno nos llena de complacencia, de benevolencia, de impulsos,
de deseos y suspiros, de ardores espirituales, y nos mueve a poner en práctica
las sagradas infusiones y mezclas de nuestro espíritu con el de Dios; el
otro imbuye en nosotros la firme resolución, la constancia de ánimo y la inviolable
obediencia, necesaria al cumplimiento de la divina voluntad; y para
sufrir, ratificar, aprobar y abrazar todo lo que de ella nos viniere, el primero
nos hace complacemos en Dios; el segundo, gratos a Dios; por el uno, concebimos;
por el otro, producimos; por el uno, metemos a Dios dentro de
nuestro corazón y le enarbolamos en él como estandarte de amor a cuya
vista se ordenan todos nuestros afectos; por el otro, le ponemos a nuestro
lado como espada de dilección, por la cual ejercitamos todas las obras de las
virtudes".

La palabra «afección» en francés es equívoca, por lo que hay tendencia
a desconfiar de ella a priori en materia de espiritualidad. No se trata aquí,
ni mucho menos, de una emoción afectiva, sino de movimientos semejantes
a los que acabamos de citar, que nacen en la voluntad como consecuencia
de las operaciones de la inteligencia.

Para Sto. Tomás «el acto principal» de la virtud de la caridad es la
dilección «que trae consigo cierta unión afectiva entre el que ama y aquel a
quien ama, al cual mira, de alguna manera, como otro yo, como una parte
de sí mismo, y por esto se une a él».
De modo que la caridad se ha
podido definir: «el movimiento afectivo fundamental por el cual el alma
sobrenaturalizada se une a Dios y tiende a su último fin».
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Re: DIOS NOS AMA (Dom Godofredo Belorgey O.C.S.O.)

Message  Javier le Dim 20 Mai 2018, 1:13 pm

Así pues, el acto de caridad no solo consiste primordialmente en un
movimiento afectivo de la voluntad hacia Dios, sino que, sin este amor de
todo nuestro ser, la caridad quedaría arruinada, porque ¿podrá obrar por
amor el que no tiene en su corazón el amor de Aquel por quien pretende
consumirse? Mi amor debe probarse con obras. «No todos aquellos que me
dicen-. "Señor, Señor", entrarán en el reino de los cielos, sino el que cumple
la voluntad de mi Padre que está en los cielos».

Pongamos un ejemplo-. «Un hombre tenía dos hijos, y llamando al primero,
le dijo: "Hijo, vete hoy a trabajar a mi viña". Y él respondió; "No
quiero". Pero después, arrepentido, fue. Llamando al segundo, le dijo lo
mismo, y aunque él respondió: "Ya voy, Señor”, mas no fué».


Esta corta parábola, contada por nuestro Señor, podrá hacemos juzgar,
examinándola superficialmente, de la siguiente manera: El primer hijo tenía
una caridad efectiva, no afectiva; y el segundo hijo tenía una caridad afectiva,
no efectiva.

En efecto, el primer hijo rehúsa al principio hacer la voluntad de su
padre, probando con esto que no le ama del todo. Pero, bien pronto, tocado
por el arrepentimiento (amor afectivo), va a la viña (amor efectivo). El segundo
hijo habla de su obediencia, pero no hace la voluntad de su amo: Este no
tiene ningún amor a su padre. Su protesta no es más que una corteza que
no encubre nada. No tiene amor, ni afectivo ni efectivo.

Saquemos de todo esto la convicción de que nuestra caridad será verdadera
en la medida en que sea a la vez afectiva y efectiva.

Ciertos estamos de que Jesús nos ha dicho: «Si me amáis, guardad mis
mandamientos... Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi
amor».
Pero falsearía el pensamiento del Maestro el que le dijese: «Con
tal que yo cumpla la voluntad de Dios, ya está bien; el Señor no espera más
de mí».

Sí, Dios espera otra cosa. Espera que le demos nuestro corazón, que
pongamos nuestra voluntad en sus manos, lo más conscientemente y lo más
actualmente posible, con la delicadeza propia de los verdaderos amigos.
Iam non dicam vos servos... Vos autem dixi amicos, «Ya no os llamaré siervos... Mas
a vosotros os he llamado amigos»
, dijo Jesús a sus apóstoles. Esto mismo
nos dice también a nosotros. Él nos ha escogido para colocamos entre los
íntimos a quienes revela sus secretos. Lejos de limitarse a contar nuestras
acciones, está dispuesto a pesarlas con el peso del amor. Que nuestras relaciones
con Él sean, pues, verdaderamente afectivas, como suelen ser entre
amigos; y entonces nuestra conducta no podrá menos de corresponder a
nuestro amor, y Él, a su vez, se nos revelará de una forma completamente
nueva.

De hecho, sin embargo, vivimos con demasiada frecuencia replegados
sobre nosotros mismos, teniendo siempre delante nuestro yo y todas sus
miserias. Como ayuda para olvidamos de nosotros mismos, vamos, pues, a
contemplar en conjunto, las principales manifestaciones del Amor de Dios
para con nosotros. A medida que las vayamos descubriendo, veremos cómo
se van determinando y concretando las diferentes disposiciones que debemos
adoptar para corresponder a los misericordiosos anticipos de las Personas
divinas y de la Santísima Virgen María. Si somos fieles, veremos cómo el
Espíritu-Santo se va apoderando, poco a poco, de nuestras almas para hacer
de nosotros verdaderos hijos de Dios... Entonces descubriremos al Señor de
una forma personal; y entregándonos sin reserva a su amor, seremos como
zambullidos en el océano misterioso de la vida divina, abrasando nuestros
corazones, como al de Cristo, dos solas pasiones: la gloria de Dios y la
salvación de las almas.

Para confirmarnos en este camino pediremos al final a N. P. S. Bernardo
el secreto del celo ardiente que le devoraba, convirtiéndole en un gran
contemplativo y en un maravilloso apóstol. Escucharemos al doctor melifluo
enseñar a sus monjes cómo conviene responder sin regateos al amor infinito
de Aquel que nos amó el primero: Ipse prior delexit nos.

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Javier

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